
Manolo Janeiro 🇲🇽 🌎
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Manolo Janeiro 🇲🇽 🌎
@ManoloJaneiro
TRABAJAR Y ECONOMIZAR(diría el abuelo) La Arquitectura del Centro Histórico d Puebla, testigo insobornable de su historia, d lo mejor en America, 1531-2031…


La historia del lápiz es probablemente uno de los mejores vídeo que podrás ver en tu vida.


Comienzo a vivir mi año 83 de vida dando gracias a mi Dios, amando a mi familia , rodeado de mis amigos y como siempre trabajando por mi querido México.






#Mañanera 🔴Con la voz entrecortada, Trevilla Trejo, titular de la Defensa, dio el pésame a las familias de los compañeros que perdieron la vida en el operativo contra ‘El Mencho’. Señaló que su personal realizó una operación exitosa y mostró la fortaleza del Estado mexicano. reforma.com 📹Especial





No pudo ser más oportuno Gabriel Zaid con este texto: Harfuch tiene prestigio entre sus colegas de los círculos internacionales. También en la prensa mundial. The New York Times y The Economist le han dedicado semblanzas elogiosas. Otra condecoración: no lo quiere López Obrador.

En una fría noche de octubre de 1994, John F. Kennedy Jr. entró en un pequeño restaurante italiano en el corazón de Manhattan y, sin proponérselo, creó un recuerdo destinado a durar para siempre. El lugar estaba abarrotado. Todas las mesas ocupadas. La cocina desbordada. Y una joven camarera —María Sánchez, en su primerísima noche de trabajo— corría de un lado a otro con los ojos llenos de nervios, abrumada por el caos y con miedo de cometer un error. John observó la escena en silencio. Luego se acercó al dueño del restaurante, Giovanni Russo, y le susurró: —¿Quiere que le ayude a despejar las mesas hasta que todo se calme un poco? Giovanni protestó, casi escandalizado: —Señor Kennedy, usted es un cliente. Por favor, siéntese, le preparo una mesa de inmediato. Pero John sonrió, se arremangó y respondió con sencillez: —Trabajé en un restaurante mientras estudiaba Derecho. Sé lo aterradora que puede ser una primera noche. Déjeme ayudar. Durante los siguientes cuarenta y cinco minutos, se movió entre las mesas como cualquier miembro del personal. Retiraba platos sucios. Rellenaba vasos. Limpiaba manteles. Y hacía pequeños comentarios amables para tranquilizar a María, que poco a poco dejó de temblar. Cuando la intensidad del servicio disminuyó, Giovanni le ofreció la cena de cortesía. John la rechazó amablemente. En su lugar, dejó una propina de 100 dólares junto a una nota escrita a mano: «Para María: lo estás haciendo muy bien. Y pronto será más fácil, te lo prometo.» María enmarcó esa nota. Y durante los siguientes veinticinco años, la colgó en cada restaurante que llegó a dirigir. En una entrevista en 2004, dijo: «El señor Kennedy me enseñó que la verdadera elegancia no está en el lugar donde te sientas, sino en a quién decides apoyar cuando las cosas se ponen difíciles». Giovanni aún recuerda las palabras con las que John se despidió aquella noche: «Mi madre siempre me decía que la forma en que tratas a las personas cuando nadie importante te observa lo dice todo sobre quién eres en realidad». Fue un instante breve. Sin fotografías. Sin focos. Solo un gesto. Invisible para el mundo, pero eterno para quienes lo vivieron. Porque el verdadero carácter no se mide por el estatus. Se mide por el servicio. Por la bondad silenciosa. Y por el respeto que no busca aplausos.











