Miguel Estrada

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@MiguelAEstrada

Opino sobre temas varios.

Colombia Katılım Temmuz 2009
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Miguel Estrada
Miguel Estrada@MiguelAEstrada·
El asco completo es #Petro y #Cepeda haciendo campaña y nadie de la izquierda indignado por tremenda trampa que le hacen a la democracia.
ÚltimaHoraCaracol@UltimaHoraCR

#ElGranReto2026 | La candidata presidencial Claudia López denunció que no habría garantías para la campaña presidencial. Aseguró que hay “proselitismo armado” y que “están invitando a votar por candidatos, en particular del Pacto Histórico (…) El presidente interviene en política todos los días, con el presupuesto público”, dijo. Vía @laurad_duarte caracol.com.co

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Felipe Campos
Felipe Campos@FelipeCamposPC·
Nunca entendieron: el BanRep era el médico diciendo “deje la comida chatarra”, mientras el gobierno respondía: “usted lo que quiere es que me muera de hambre”… y terminó pagando una lipo en un consultorio encima de una panaderia al 15%.
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Miguel Estrada
Miguel Estrada@MiguelAEstrada·
El gobierno de #Petro es un asco
No Apto@noaptoco

Mi mamá tenía razón Por: @danysernam Cuando Gustavo Petro ganó la presidencia, no se imaginan la angustia de mi mamá. Como si hubiera ocurrido una catástrofe nacional. Yo, en cambio, reaccioné con una mezcla de resignación y esperanza. Honestamente pensé: “Bueno, ya está. Ojalá haga lo mejor posible por Colombia y le vaya bien”. Yo realmente creí que llegaba al poder con un interés sincero por el país y con ganas genuinas de hacer transformaciones positivas. A pesar de las enormes diferencias ideológicas que siempre tuve con él, nunca dudé de sus buenas intenciones. Siempre he creído que los péndulos ideológicos son naturales en la democracia y que a Colombia le había llegado su turno de probar otro camino. Hoy me invade una mezcla de angustia, duda y temor genuino por el futuro del país. Porque empiezo a sentir que la ambición de poder, los intereses personales y el costo del silencio están poniendo en riesgo cosas que a Colombia le tomó décadas construir: instituciones sólidas, separación de poderes y una democracia imperfecta, sí, pero capaz de contener el autoritarismo. Poco a poco nos acostumbramos a escuchar amenazas de constituyente cuando las reformas no avanzaban, a ver decretos y mecanismos excepcionales utilizados para acelerar decisiones, periodistas señalados públicamente, congresistas tratados como enemigos y acusaciones de conspiración o “golpe blando” cada vez que las cortes ponían límites. Y ahí empezó a instalarse una idea profundamente peligrosa: que las instituciones solo son legítimas cuando obedecen al poder. Y quizá lo más decepcionante es que ya casi no queda rastro de las causas que prometían defender. Los derechos humanos, la paz, el feminismo y la justicia social fueron quedando relegados mientras el Gobierno se concentró cada vez más en proteger a sus alfiles políticos, conservar poder y justificar lo injustificable. Mientras tanto, el país también se endeuda a una velocidad alarmante. Este gobierno recibió una deuda cercana a los $800 billones y proyecta dejarla por encima de los $1.300 billones al finalizar su mandato, un aumento cercano al 60% que no se refleja en una transformación proporcional del país. Y finalmente está la llamada “Paz Total”, que prometía reducir la violencia y devolverle tranquilidad al país, pero terminó fortaleciendo a grupos armados que hoy tienen mayor control territorial y capacidad criminal, mientras el Estado pierde autoridad y presencia frente a ellos. Al mismo tiempo, los llamados “gestores de paz” han recibido protagonismo político y beneficios judiciales. En Medellín vimos cabecillas salir de la cárcel de Itagüí para terminar en una tarima pública, tratados casi como referentes sociales y no como criminales. Y hace apenas unos días, el Gobierno solicitó suspender las órdenes de captura contra 29 integrantes del Clan del Golfo, incluyendo a alias “Chiquito Malo”. Y ahí es donde creo que muchos colombianos sentimos una profunda injusticia: el mérito, el esfuerzo y la legalidad parecen haber perdido valor frente a quienes ejercen violencia. Mientras aumenta la extorsión, regiones enteras viven bajo amenaza y miles de ciudadanos conviven con el miedo, quienes delinquen parecen recibir interlocución política, beneficios y legitimidad pública. Ahora juntemos todas las piezas: ataques constantes a las instituciones, un poder cada vez más ciego frente a sus propios límites, un endeudamiento desbordado que concentra cada vez más recursos en manos del Gobierno y estructuras armadas fortaleciéndose territorialmente mientras reciben interlocución y beneficios desde el poder. ¿Qué podría salir mal? No tengo cómo asegurar que exista una estrategia coordinada detrás de todo esto. Pero como ciudadanos sí deberíamos preguntarnos qué tan libre puede ser una elección en un país donde estructuras ilegales acumulan recursos, control territorial y capacidad de intimidación. Más aún cuando el propio presidente ha llegado a insinuar que las elecciones podrían carecer de garantías o ser fraudulentas si los resultados no favorecen a su proyecto político. Por eso, más allá de ideologías, estas próximas elecciones exigen algo fundamental: mesura, reflexión y responsabilidad. Colombia necesita votar pensando menos en la rabia, el fanatismo o la revancha política, y más en la defensa de las instituciones, la libertad y la democracia misma. Porque al final, los gobiernos pasan. Pero cuando una democracia se debilita, recuperarla puede tomar generaciones.

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No Apto
No Apto@noaptoco·
Mi mamá tenía razón Por: @danysernam Cuando Gustavo Petro ganó la presidencia, no se imaginan la angustia de mi mamá. Como si hubiera ocurrido una catástrofe nacional. Yo, en cambio, reaccioné con una mezcla de resignación y esperanza. Honestamente pensé: “Bueno, ya está. Ojalá haga lo mejor posible por Colombia y le vaya bien”. Yo realmente creí que llegaba al poder con un interés sincero por el país y con ganas genuinas de hacer transformaciones positivas. A pesar de las enormes diferencias ideológicas que siempre tuve con él, nunca dudé de sus buenas intenciones. Siempre he creído que los péndulos ideológicos son naturales en la democracia y que a Colombia le había llegado su turno de probar otro camino. Hoy me invade una mezcla de angustia, duda y temor genuino por el futuro del país. Porque empiezo a sentir que la ambición de poder, los intereses personales y el costo del silencio están poniendo en riesgo cosas que a Colombia le tomó décadas construir: instituciones sólidas, separación de poderes y una democracia imperfecta, sí, pero capaz de contener el autoritarismo. Poco a poco nos acostumbramos a escuchar amenazas de constituyente cuando las reformas no avanzaban, a ver decretos y mecanismos excepcionales utilizados para acelerar decisiones, periodistas señalados públicamente, congresistas tratados como enemigos y acusaciones de conspiración o “golpe blando” cada vez que las cortes ponían límites. Y ahí empezó a instalarse una idea profundamente peligrosa: que las instituciones solo son legítimas cuando obedecen al poder. Y quizá lo más decepcionante es que ya casi no queda rastro de las causas que prometían defender. Los derechos humanos, la paz, el feminismo y la justicia social fueron quedando relegados mientras el Gobierno se concentró cada vez más en proteger a sus alfiles políticos, conservar poder y justificar lo injustificable. Mientras tanto, el país también se endeuda a una velocidad alarmante. Este gobierno recibió una deuda cercana a los $800 billones y proyecta dejarla por encima de los $1.300 billones al finalizar su mandato, un aumento cercano al 60% que no se refleja en una transformación proporcional del país. Y finalmente está la llamada “Paz Total”, que prometía reducir la violencia y devolverle tranquilidad al país, pero terminó fortaleciendo a grupos armados que hoy tienen mayor control territorial y capacidad criminal, mientras el Estado pierde autoridad y presencia frente a ellos. Al mismo tiempo, los llamados “gestores de paz” han recibido protagonismo político y beneficios judiciales. En Medellín vimos cabecillas salir de la cárcel de Itagüí para terminar en una tarima pública, tratados casi como referentes sociales y no como criminales. Y hace apenas unos días, el Gobierno solicitó suspender las órdenes de captura contra 29 integrantes del Clan del Golfo, incluyendo a alias “Chiquito Malo”. Y ahí es donde creo que muchos colombianos sentimos una profunda injusticia: el mérito, el esfuerzo y la legalidad parecen haber perdido valor frente a quienes ejercen violencia. Mientras aumenta la extorsión, regiones enteras viven bajo amenaza y miles de ciudadanos conviven con el miedo, quienes delinquen parecen recibir interlocución política, beneficios y legitimidad pública. Ahora juntemos todas las piezas: ataques constantes a las instituciones, un poder cada vez más ciego frente a sus propios límites, un endeudamiento desbordado que concentra cada vez más recursos en manos del Gobierno y estructuras armadas fortaleciéndose territorialmente mientras reciben interlocución y beneficios desde el poder. ¿Qué podría salir mal? No tengo cómo asegurar que exista una estrategia coordinada detrás de todo esto. Pero como ciudadanos sí deberíamos preguntarnos qué tan libre puede ser una elección en un país donde estructuras ilegales acumulan recursos, control territorial y capacidad de intimidación. Más aún cuando el propio presidente ha llegado a insinuar que las elecciones podrían carecer de garantías o ser fraudulentas si los resultados no favorecen a su proyecto político. Por eso, más allá de ideologías, estas próximas elecciones exigen algo fundamental: mesura, reflexión y responsabilidad. Colombia necesita votar pensando menos en la rabia, el fanatismo o la revancha política, y más en la defensa de las instituciones, la libertad y la democracia misma. Porque al final, los gobiernos pasan. Pero cuando una democracia se debilita, recuperarla puede tomar generaciones.
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malbuena
malbuena@malbuena·
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Diana Saray - EnLaDiana
No están matando, pero ya no importa! Ya no nos sirve la consigna para ganar elecciones!!
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Melquisedec Torres
Melquisedec Torres@Melquisedec70·
La reacción del gobierno Petro frente al brutal asesinato del periodista Mateo Pérez fue… designar “gestores de paz” a 23 de los más peligrosos criminales. Sigamos así. Elijamos lo mismo.
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Daniel F. Briceño
Daniel F. Briceño@Danielbricen·
Petro le acaba de solicitar a la Fiscalía suspender las ordenes de captura contra 29 integrantes del Clan del Golfo 20 días antes de primera vuelta presidencial. Los narcos más grandes ya no serán perseguidos. La estrecha relación entre Petro y los narcos es cada más evidente.
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Miguel Estrada
Miguel Estrada@MiguelAEstrada·
La euforia del mercado de #USA es muy parecida a la del 2007. Una cantidad de señales negativas y el mercado subiendo con avaricia.
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Miguel Estrada
Miguel Estrada@MiguelAEstrada·
Me aterra ver a las #disidencias, #guerrillas y grupos ilegales tan activos en #Colombia. Y me preocupa que terminen impulsando a un candidato como #Cepeda. ¿Cómo es posible que normalicemos esto? Este señor va a ganar y con el acaba la democracia en el país
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Miguel Estrada
Miguel Estrada@MiguelAEstrada·
#Petro esta quebrando a #Colombia emitiendo deuda todas las semanas. Se va a venir una época muy oscura para el país.
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Bruce Mac Master
Bruce Mac Master@BruceMacMaster·
Fitch advierte que Colombia enfrenta su peor combinación macroeconómica en años: más deuda, menos crecimiento y mayor inflación - Forbes ⁦@forbescolombia⁩ Hemos levantado las alertas sistemáticamente, y siembre nos han acusado de exceso de alarmismo forbes.co/2026/04/29/eco…
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