Francisco Delgado 🇸🇻 || Educador y Antropólogo
628 posts

Francisco Delgado 🇸🇻 || Educador y Antropólogo
@Mr_FranSv
Ciudadano 🇸🇻 y profesional de la educación 📚 ✍️|| Antropólogo 💀🎃👹|| idealista y soñador || Padre de Eli y Abi 👩❤️👩


















Este libro me fue imposible acabarlo porque se hace demasiado aburrido y detallista. Pero me estaba gustando. Así que busqué un resumen (mejor que nada es): "La historia que Occidente se ha contado a sí mismo es, en gran medida, una historia inventada. La narrativa canónica es: Grecia engendra Roma, Roma engendra la Europa cristiana, la Europa cristiana engendra el Renacimiento y la Ilustración, y de ahí la democracia liberal y los Estados Unidos. Pero según Frankopan, no solo es incompleta sino activamente distorsionadora. La región que verdaderamente ha sido el eje del mundo durante milenios no es Europa occidental, sino el corredor que va desde el Mediterráneo oriental hasta el Himalaya: las rutas de la seda. El libro reconstruye la historia universal desde ese centro desplazado. El punto de partida es la Antigüedad, cuando las rutas comerciales que conectaban China, Persia, la India, Roma y el África subsahariana no eran meros caminos de mercancías, sino canales por donde circulaban ideas, religiones, enfermedades, tecnologías y poder. La seda era el producto icónico, pero lo que realmente se comerciaba eran cereales, especias, metales preciosos, esclavos y, sobre todo, información. Quien controlaba esas rutas controlaba el mundo. El ascenso del islam en el siglo VII es el momento más transformador de la historia medieval: no una ruptura traumática para Occidente, sino el surgimiento de una civilización que durante siglos fue más sofisticada, más tolerante y más próspera que cualquier entidad europea. El califato abasí convirtió Bagdad en el centro intelectual del planeta. Las traducciones al árabe preservaron el conocimiento griego que Europa había olvidado. El comercio financiaba bibliotecas, hospitales y observatorios astronómicos. Mientras tanto, Europa occidental languidecía en una relativa oscuridad. Las Cruzadas realmente eran una competencia brutal por el control de las rutas comerciales y las ciudades que las dominaban. Constantinopla, Jerusalén, Alejandría: su valor era estratégico antes que religioso. Esta perspectiva despoja a las Cruzadas de su épica y las coloca donde pertenecen: en la historia del colonialismo temprano. Gengis Kan y sus sucesores son habitualmente representados como destructores puros, y la destrucción fue real (Bagdad ardió en 1258 y con ella siglos de cultura), pero Frankopan matiza: el Imperio mongol también creó la mayor zona de libre comercio que había existido hasta entonces. La Pax Mongolica permitió que mercaderes, diplomáticos y viajeros cruzaran Asia con una seguridad impensable. Marco Polo fue posible gracias a los mongoles. Y también la peste negra: viajó por esas mismas rutas y mató a un tercio de la población europea. La narrativa gira radicalmente cuando llega al siglo XV. El descubrimiento de las Américas y las rutas marítimas hacia Asia desplaza el eje del poder hacia los océanos Atlántico e Índico. Europa occidental (Portugal, España, Holanda e Inglaterra) se apropia de los flujos globales de riqueza que antes pasaban por tierra. El oro y la plata americanos inundan el mercado mundial. Asia central, Persia y el mundo árabe quedan progresivamente marginalizados. Esta es la verdadera génesis del atraso relativo que caracterizaría esas regiones en los siglos siguientes: no un fracaso intrínseco, sino el resultado de haber sido cortadas de las arterias del comercio mundial. El Gran Juego entre Gran Bretaña y Rusia por el control de Persia, Afganistán y Asia central es el antecedente directo de todos los conflictos del siglo XX en la región. Las dos guerras mundiales se explican parcialmente en función del control de recursos: el trigo ucraniano, el petróleo persa e iraquí, el caucho malayo. Hitler invadió la Unión Soviética no por ideología sino porque necesitaba los graneros y pozos de petróleo del este. Las potencias occidentales, especialmente Gran Bretaña, intervinieron en Irán, Irak y Arabia Saudí no para promover la democracia sino para asegurar el suministro energético. Frankopan escribe en 2015 y ya ve con claridad lo que muchos analistas tardaron en procesar: China está reconstruyendo las rutas de la seda. En conclusión: la historia no es la historia de Occidente con el resto del mundo como decorado, sino la historia de las conexiones entre civilizaciones, y el centro de esas conexiones siempre ha estado en Asia."









