
Hay lawfare, y hay lawfare en el caso Zapatero. No porque la trama Plus Ultra sea inventada —no lo es: hay sociedades instrumentales, facturación ad hoc y una cronología sospechosa que justifica investigar—. Sino porque la conexión personal de Zapatero con esa trama se sostiene sobre piezas que admiten, todas, una explicación legal alternativa: — Una reunión con Escrivá cuyo contenido no consta. — Una carta del Santander firmada por terceros que invocan su nombre. — Una llamada de 11 minutos cuyo contenido nadie escuchó. — Un contrato en Dubái que, según la AEAT, no se ha cobrado. — Unos ingresos que él sostiene declarados a Hacienda como consultoría. Cada pieza tiene una lectura compatible con la legalidad. Cada una exigía contraste con su versión antes de calificar. El juez no lo hizo. Imputó primero —por organización criminal, blanqueo y tráfico de influencias—, lo calificó de «líder» y «núcleo decisor», y lo citó a declarar tres semanas después. Eso es lawfare. No por intención política demostrada, sino por efecto sistémico: cuando se imputa a un expresidente en términos máximos antes de oírle, el daño público queda consumado antes del contraste. La portada llega rápida. El archivo, si llega, llega tarde y en silencio. La justicia tiene tiempo. La opinión pública, no. asperomundo.blogspot.com/2026/05/lawfar… @normacedonio @desempleado666 @_Ninit_ @valand_el_viejo @AI2BO4 @basfdecromo @fali_mz @Ninev13 @oscarmartin4 @DanielS37393832 @Rafalote2 @pilarlarraona @GRAFO1903 @DiazChurches @oscarmartin4 @cuervingenuo @mocliamgez @Gui_Baskerville @BareaIlsa2 @ahonram @OcasoOccidental @Absalom421 @LVEParusia @TheBidan @LaCamellaFeliz @tutifrutiauruti






















