

Pavich Herrera
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Que un juez en funciones use su cargo como gancho para vender cursos privados no es un detalle menor: es una señal gravísima. La toga no puede convertirse en marca personal ni en herramienta de negocio. Cuando lo que se ofrece no es solo conocimiento, sino la “visión” y la “lógica” de quien juzga, se cruza una línea muy delicada: la de convertir la investidura judicial en producto. El problema se vuelve todavía más serio si el dinero de esos cursos termina en una estructura privada vinculada a servicios legales en la misma materia. Ahí ya no estamos frente a una simple actividad académica paralela, sino ante un posible conflicto de interés que golpea de frente la confianza pública. La justicia no solo debe ser imparcial: debe verse imparcial. Y aquí, francamente, esa apariencia queda profundamente lastimada. México necesita jueces sobrios, independientes y a salvo de cualquier sombra de interés económico alrededor de su función. Lo que está en juego no es un curso, ni una página web, ni una estrategia de promoción personal. Lo que está en juego es algo mucho más serio: la credibilidad del Poder Judicial. elfinanciero.com.mx/nacional/2026/…





