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fernando rabellino
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fernando rabellino
@RabeFer
Fruticultor responsable. Defiendo mis principios, escucho a los demás. Abuelo orgulloso.
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#URGENTE‼️ MUJER IRRUMPE EN CORRIDA DE TOROS, INCREÍBLEMENTE EL ANIMAL SE DEJA ABRAZAR.
La pregunta es ¿quién es el animal?
Estos pobres toros están sometidos a una muerte cierta y muy cruel, un espectáculo triste y doloroso.
#UrgenteCOMPARTAN ⚠️‼️
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@AFRodriguezL @HistorieEnFotos Que no las veas no quiere decir que no las haya. "La caza sin medida" "herbicidas". Solo te ha faltado el cambio climático.
😂
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No lo sabía. Cuando quedas embarazada, las células del bebé siguen vivas en el cuerpo de la madre durante más de 27 años.
Se llama "microquimerismo": durante el embarazo, las células del bebé entran en la sangre de la madre a través de la placenta y se instalan incluso en órganos y en el cerebro. En un estudio de 2012 de la Universidad de Washington, se encontraron células de origen fetal en el cerebro de aproximadamente el 63% de las mujeres analizadas.
Y estas células no se quedan ahí sin hacer nada.
Cuando el corazón o el hígado de la madre sufre daño, las células del bebé acuden a ese lugar y ayudan a reparar el tejido. A nivel celular, el hijo protege a su madre.
Y hay algo más: las células de los bebés perdidos por aborto espontáneo o muerte fetal también permanecen en el cuerpo de la madre.
El embarazo, a nivel celular, es convertirse en madre para siempre. El vínculo con tu hijo es para toda la vida.
El lazo entre madre e hijo existe a nivel celular. Es demasiado bonito...

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🐸 METÍAN UNA RANA VIVA EN LA LECHE PARA QUE NO SE ECHARA A PERDER... Y LA CIENCIA EXPLICA POR QUÉ FUNCIONABA.
No, no es un mito.
No es una broma.
En la Rusia rural, antes de los refrigeradores, la gente tenía un método que hoy nos parecería una locura sanitaria.
Tomaban una rana marrón viva...
Y la metían directamente en el cántaro de leche fresca.
El resultado: la leche duraba días sin agriarse.
La pregunta es obvia: ¿CÓMO?
La respuesta no es magia. Es bioquímica de supervivencia.
La piel de una rana es, básicamente, un laboratorio químico andante.
Para sobrevivir en charcos y ambientes húmedos repletos de gérmenes, su piel secreta un cóctel de péptidos antimicrobianos.
En español simple: antibióticos naturales ultrapotentes.
Y aquí es donde la ciencia moderna nos deja boquiabiertos:
Un equipo de científicos analizó la piel de esta misma rana y descubrió que libera hasta 76 compuestos diferentes que aniquilan bacterias peligrosas como la Salmonella y el Staphylococcus.
Así que la rana no estaba "contaminando" la leche.
La estaba desinfectando activamente, liberando un escudo protector que mantenía a las bacterias a raya.
Lo que parecía brujería o un simple cuento de abuelas... era ciencia aplicada.
Una solución que la naturaleza perfeccionó durante millones de años.
Mucho antes de que nosotros inventáramos la pasteurización y la refrigeración.
Nos recuerda que, a veces, la sabiduría más profunda no está en los laboratorios más nuevos, sino en las tradiciones más antiguas.

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A los 40 años, Franz Kafka (1883-1924), que nunca se casó ni tuvo hijos, paseaba por un parque de Berlín cuando se encontró con una niña que lloraba porque había perdido su muñeca favorita. Juntos buscaron la muñeca, pero sin éxito. Kafka le dijo que se vieran allí al día siguiente y que volverían a buscarla.
Al día siguiente, cuando aún no habían encontrado la muñeca, Kafka le dio a la niña una carta "escrita" por la muñeca que decía: "Por favor, no llores. Hice un viaje para ver el mundo. Te escribiré sobre mis aventuras".
Así comenzó una historia que continuó hasta el final de la vida de Kafka.
Durante sus encuentros, Kafka leía atentamente las cartas de la muñeca, escritas con aventuras y conversaciones que a la niña le parecían adorables.
Finalmente, Kafka devolvió la muñeca (la había comprado). «No se parece en nada a mi muñeca», dijo la niña.
Kafka le entregó otra carta en la que la muñeca escribía: "Mis viajes me han cambiado". La niña abrazó a la nueva muñeca y la llevó feliz a casa.
Un año después, Kafka murió. Muchos años más tarde, la niña, ya adulta, encontró una carta dentro de la muñeca. En la pequeña carta firmada por Kafka estaba escrito:
“Probablemente perderás todo lo que amas, pero al final, el amor regresará de otra manera.”

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En el Reino Unido, una noche que nunca olvidará.
Millie Taplin, de solo 18 años, celebraba su cumpleaños y su primera salida a una discoteca. Entre risas y música, un desconocido se acercó y le ofreció una bebida:
«Prueba esto. Es vodka con limonada».
Millie dio un sorbo.
Segundos después, el infierno comenzó.
Su rostro se entumeció. Sus dedos se retorcieron como garras. Todo su cuerpo se puso rígido y convulsionó como si estuviera poseída.
Quedó totalmente paralizada, pero completamente consciente. Atrapada dentro de sí misma, sintiendo un dolor agonizante y gritando en silencio, sin poder mover ni un músculo ni emitir una palabra.
Sus amigos la llevaron de urgencia al hospital. Los médicos sospecharon que le habían administrado dos sustancias desconocidas: una para paralizar sus músculos y otra para dejarla inconsciente. Las pruebas nunca lograron identificar exactamente qué le dieron.
Su madre, Claire, grabó el horror en la habitación del hospital y decidió compartir el video sin filtros. No para generar morbo, sino como una advertencia urgente y real:
Nunca, jamás, aceptes una bebida de un desconocido.
Ni aunque parezca amable. Ni aunque esté con gente que conoces.
Ni aunque sea «solo un sorbo».

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@JungYPsicologia Excelente análisis, que se ve en muchos casos. Pero también creo que hay otro componente importante que lo entiendo como "la impronta" que nos dejan nuestros antecesores, que son valores intangibles, pero inciden en diferentes situaciones de la vida, y nos hacen bien
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Una persona nos propone explorar las lealtades familiares y cómo romper esos ciclos que parecen repetirse generación tras generación.
Las lealtades familiares no siempre son conscientes. No son promesas que hacemos con palabras, sino vínculos invisibles que se forman en lo profundo de la psique. Desde niños, desarrollamos una fidelidad silenciosa hacia nuestro sistema familiar: a sus valores, a sus dolores, a sus formas de amar, incluso a sus limitaciones.
Así, sin darnos cuenta, podemos vivir patrones que no elegimos del todo:
relaciones que se repiten,
formas de sacrificio,
miedos, culpas, maneras de vincularnos.
No porque queramos sufrir…
sino porque, en un nivel profundo, pertenecer es más importante que diferenciarse.
Un ejemplo común es el de alguien que, habiendo visto a su madre sacrificarse constantemente, repite ese mismo patrón en sus relaciones. O quien proviene de una historia de abandono y, sin quererlo, elige vínculos donde revive esa experiencia. También ocurre con el dinero, el éxito, la enfermedad o incluso la forma de expresar emociones.
La psique intenta ser leal a lo conocido.
Y aquí está la paradoja:
muchas veces, ser fiel a la familia implica ser infiel a uno mismo.
Entonces, ¿cómo se rompe el ciclo?
Primero, haciéndolo visible.
Lo que no se ve, se repite.
Lo que se hace consciente, empieza a transformarse.
Preguntarse con honestidad:
¿qué se repite en mi historia familiar?
¿qué patrones veo en mis padres o abuelos que también están en mí?
¿qué emociones o roles he heredado?
El segundo paso no es rechazar, sino comprender.
Romper la lealtad no significa negar la familia ni juzgarla. Significa reconocer que esa historia existe… pero no tiene que definir tu destino.
Aquí aparece una clave importante:
no se transforma desde la lucha, sino desde la diferenciación.
Es decir, poder decir internamente:
“esto viene de mi historia… pero yo puedo vivirlo de otra manera”.
Luego viene la parte más difícil: actuar distinto.
Elegir una relación diferente.
Poner un límite donde antes había sumisión.
Permitirte algo que en tu sistema no estaba permitido: descansar, disfrutar, expresarte, elegirte.
Al principio, esto puede generar culpa.
Porque romper una lealtad inconsciente se siente, en lo profundo, como traicionar. Pero en realidad no es traición. Es evolución.
También ayuda mucho reconocer algo:
puedes honrar a tu familia… sin repetir su historia.
Puedes agradecer lo que fue… y al mismo tiempo elegir otro camino.
Y poco a poco, algo cambia.
El ciclo no se rompe de golpe.
Se debilita cada vez que eliges distinto.
Hasta que un día, lo que antes parecía destino…
se convierte en historia.

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❤️El momento más bonito del mundo…
Después de nacer, sus ojitos estuvieron tapaditos… y hoy, por primera vez, pudo abrirlos y ver de verdad, a su mamá.
En esa mirada tan pura, tan nueva, tan llena de sorpresa y amor… se encontró con la cara que ya conocía con el corazón: la de su mamá.
La que le cantaba, la que lo arrullaba, la que olía a hogar y a amor incondicional.
Y en ese instante, el mundo entero se iluminó.
Porque no hay nada más mágico que un bebé descubriendo que esa voz dulce, ese calor y esa ternura… tienen un rostro: el de su mamá.
El primer “hola” de sus ojitos al amor de su vida. Gracias por este milagro de ternura.
🥹🥹🥹❤️
#PrimerVistazo
#AmorDeMadre
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@Mr_Husky1 Llama la atención que después de 1 año, los animales crecieron, pero los helechos se mantienen iguales, y hasta en la misma posición...
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They thought the gorilla was carrying its own baby, until the footage revealed it was actually a leopard cub.
Wildlife staff checking trail cameras expected an ordinary update on a gorilla returning to the wild, but instead they found footage of the animal carrying a baby leopard against its chest. What made the clip even more unbelievable was that the relationship did not end there.
A year later, the cameras were still showing the two together, making people question whether they were witnessing one of the rarest animal bonds ever caught on camera.

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En una oficina de California, un grupo de veteranos de la NASA rompe en llanto frente a una pantalla de fósforo verde.
A 24,000 millones de kilómetros de la Tierra, en el vacío más absoluto y helado, una máquina ha vuelto a la vida.
No es tecnología de punta.
Son circuitos diseñados cuando aún no existía el internet.
Es la Voyager 1, el objeto que lleva nuestra voz a las estrellas, y se niega a decir adiós.
Para quienes vivieron el año 1977, el lanzamiento de las sondas Voyager no fue solo un evento científico; fue un mensaje de optimismo en un mundo dividido.
Eran los días de la música disco, de la llegada de Star Wars a los cines y de la convicción de que el espacio era nuestra próxima frontera.
La Voyager 1 partió con una misión clara: fotografiar Júpiter y Saturno.
Pero llevaba algo más: el Disco de Oro, una cápsula del tiempo con sonidos de la Tierra, saludos en 55 idiomas y la música de Bach y Chuck Berry.
La Voyager fue diseñada para durar cinco años.
Nadie, ni los ingenieros más optimistas de la época, imaginó que en pleno 2026 seguiríamos escuchando sus señales.
Cruzó la heliosfera en 2012, convirtiéndose en el primer objeto humano en entrar en el espacio interestelar.
Se convirtió en nuestros ojos en la oscuridad.
A finales de 2025 y principios de 2026, la tragedia golpeó al equipo de la misión.
La Voyager 1 empezó a enviar "basura binaria".
En lugar de datos sobre el polvo interestelar o el campo magnético, la sonda emitía una repetición sin sentido de unos y ceros.
Era como si un anciano sabio, después de décadas de contar historias, de pronto empezara a balbucear sílabas inconexas.
Los expertos diagnosticaron un fallo en el FDS (Sistema de Datos de Vuelo), una de las tres computadoras a bordo.
El problema era crítico, el chip de memoria que contenía el código esencial de comunicación se había degradado por la radiación cósmica y el paso de casi medio siglo.
La Voyager estaba viva, sus propulsores funcionaban, pero estaba "atrapada" dentro de su propia mente digital, incapaz de decirnos lo que estaba viendo.
Aquí es donde la historia se vuelve un acto increíble de humanidad y genialidad.
Los ingenieros actuales de la NASA, muchos de los cuales ni siquiera habían nacido cuando la Voyager despegó, tuvieron que recurrir a los "ancianos".
Tuvieron que desempolvar manuales de papel, escritos a máquina en los años 70, para entender una arquitectura de computación que hoy parece prehistórica.
Pero lo que ocurrió después cambió todo.
No podían simplemente "reiniciar" la sonda.
Una señal tarda 22.5 horas en llegar a la Voyager y otras 22.5 horas en regresar.
Cada intento de reparación requería casi dos días de espera agónica.
El equipo decidió realizar una cirugía cerebral a distancia: mover el código dañado a una parte diferente de la memoria de la computadora.
El problema era que no había espacio suficiente.
Tuvieron que despedazar el código, optimizarlo y "esconderlo" en diferentes rincones de la memoria, como quien intenta acomodar una enciclopedia en los huecos de una estantería llena.
En marzo de 2026, después de semanas de simulaciones, se envió el comando definitivo.
El equipo de la Red del Espacio Profundo apuntó sus gigantescas antenas hacia la constelación de Ofiuco.
El comando viajó a la velocidad de la luz, cruzando la órbita de Plutón, atravesando el cinturón de Kuiper, hasta alcanzar al pequeño viajero en la negrura absoluta.
Entonces sucedió algo inesperado.
Pasaron 45 horas de silencio total en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL). Algunos temían que el comando hubiera borrado definitivamente la memoria de la sonda.
De repente, la señal llegó.
En las pantallas, los unos y ceros sin sentido desaparecieron.
En su lugar, aparecieron datos de telemetría perfectos.
La Voyager 1 estaba reportando su estado de salud.
"Estoy aquí", decía el código. "Sigo viajando.
Sigo mirando"
Por primera vez en meses, la Voyager volvía a ser ella misma.
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