Hvygens@Hvygens
Absolutamente nefasto. Casi dos años ya de un constante fantasear con golpes de Estado. Golpes constitucionales, sí, pero golpes. Si LLA no tiene una elección fuerte en octubre, o más bien en el caso que el kirchnerismo sí, no creo que haya ninguna duda de que el peronismo y sus aliados van a tratar de derrocar al gobierno.
Han estado pidiendo juicio político de Milei desde el primer día, cuestionando la aptitud mental del presidente, haciendo paros contra el gobierno, prediciendo un gobierno "breve", e invocando constantemente el fantasma del 2001. Una estrategia política de desgaste. El objetivo es deslegitimar al presidente, crear una sensación de crisis inminente, y finalmente debilitar al gobierno hasta el punto de la parálisis o el colapso. El instantante que tienen la capacidad, actuarán para destituir a Milei de su cargo.
Los intereses creados en Argentina — la "casta", si queremos— harán todo lo que esté en su poder para impedir un cambio en el modelo corporativista-clientelar del que se benefician y que ha sumido al país en el estancamiento. Cuando el poder y la riqueza dependen de estas estructuras, la posibilidad de reformalas representa una amenaza a toda la red de beneficiarios.
No sé si realmente creen en este modelo demostrable fallido, o si es puramente maquiavélico. En general, es más fácil convencer a otros si te convencés a vos mismo.
Además, para ser claro, muchos de los beneficiarios son votantes argentinos comunes, que paguen el precio de los desastres económicos que el modelo provoca, pero que también reciben beneficios y asistencia concretos. Esta es una razón fundamental por la cual el modelo es tan políticamente efectivo y ha perdurado tanto tiempo, incluso frente a esfuerzos para reformarlo. Un equilibrio político-económico que atrapa una porción importante del electorado en un sistema que le proporciona beneficios a corto plazo a cambio de una decadencia a largo plazo.
El peronismo no solo ganó elecciones, sino que construyó sistemáticamente un ecosistema político-económico —con sustitución de importaciones y las consecuentes rentas, sindicatos políticamente alineados y clientelismo provincial— diseñado para perpetuar su poder. Hay una razón por la que, desde que Perón emergió en la década de 1940, ningún gobierno no peronista, a excepción del de Macri, ha logrado siquiera terminar su mandato.
Es más, ningún gobierno no peronista ha logrado reformular este modelo, ya sea por falta de voluntad —los incentivos de la estructura político-económica lo respaldan poderosamente, y la mayor parte de la élite política argentina ha compartido y sigue compartiendo la misma filosofía de base— o por falta de capacidad.
El gobierno de Menem representó tal intento, si bien fue una reforma desde dentro del peronismo fundada en una alianza entre Menem y tecnócratas del Consenso de Washington como Cavallo. Aunque venía tras las crisis de los 80 y la caída del Muro de Berlín, el tipo de contexto que probablemente nunca se repita, el esfuerzo fue incompleto. Entonces, tan pronto como el sistema enfrentó la crisis económica de 2001, las élites políticas y económicas se aseguraron de que el viejo orden fuera restaurado. Es decir, el modelo es tan poderoso que incluso la reforma más significativa del último medio siglo fue finalmente digerida y revertida. Menem, Cavallo y el "neoliberalismo" de los años 90 se convertirían entonces en los villanos de la historia, el chivo expiatorio, durante las siguientes dos décadas.
De hecho, argumentaría que este es un claro ejemplo de la capacidad homeostática del sistema: puede tolerar o incluso generar reformas en momentos de crisis extrema, pero su tendencia natural es volver a su estado original, purgando a los agentes que intentan cambiarlo.
Si ganan, entonces, volverán a los déficits, la maquinita y la inflación, los controles de precios, los cepos y los defaults. Los aranceles subirán para "defender la industria nacional". Las transferencias discrecionales a las provincias para favorecer o castigar. Presión sobre el poder judicial. La corrupción no disimulada: "chorrean pero hacen". Tal vez no de inmediato, pero va a venir.
El miedo en los inversores no se debe a lo que el gobierno ha dicho al respecto de esta posibilidad. Es inherente. Ver las PASO de 2019. Un buen ejemplo de expectativas racionales, considerando lo que siguió.
Pero el problema va más allá de expectativas de mercado o ciclos electorales. Hay que examinar los supuestos subyacentes de la competencia democrática. El enfoque democrático tradicional asume un sistema pluralista donde la oposición, incluso después de una derrota, sigue siendo un "gobierno en espera". Las estructuras del estado se ven como arenas neutras para la competencia. Pero en la Argentina, las estructuras del estado no son neutras. Han sido capturadas y diseñadas para perpetuar el poder de un grupo específico y los intereses a los que sirve.
Si pensás que esto es beneficioso, perfecto. Pero si no, el objectivo político final no puede ser solo ocupar el gobierno, sino usar esa posición para rehacer el Estado mismo y crear una nueva realidad política. Un estado capturado solo puede ser liberado a través de una acción decisiva y vertical que primero quiebre el espinazo del sistema atrincherado, con un nuevo consenso a ser construido después de la victoria, no antes. El peronismo entiende muy bien esta lógica, desde la perspectiva opuesta.
Por lo tanto, la idea de llegar a algún tipo de consenso con esta gente es, al menos en mi opinión, ridícula. Sería como pedirle a la enfermedad que colabore en su propia cura. Hay que derrotarlos electoralmente, eliminar sus rentas y prebendas y destruir la estructura subyacente de su modelo y su base de poder.
Hay que ser pragmáticos, sí. Hay que corregir errores, sí. Hay que hacer política y trabajar mejor con aliados, sí. Pero en última instancia, Carthago delenda est.