
El mundo está atravesando lo que puede ser la mayor revolución industrial de su historia, en medio de fuertes tensiones geopolíticas que la aceleran. Esto está llevando a los países a tener que invertir cantidades crecientes y enormes en IA, robótica, defensa, energía, infraestructura espacial e infraestructura estratégica. El costo de quedarse rezagado será mayor que en revoluciones industriales previas. La determinación de largo plazo de Argentina —que se pondrá a prueba el año próximo— de seguir achicando el Estado, bajando impuestos, abriendo la economía, atrayendo capital y talento, alineándose geopolíticamente con USA y Occidente, e invirtiendo en defensa, pasa a ser una cuestión existencial y de seguridad nacional. Argentina está en el juego global: tiene todo lo que esta revolución requiere. Energía (GNL, petróleo y nuclear), minerales estratégicos (cobre, litio y uranio), alimentos con suministro estable, talento humano (fábrica de unicornios), proyección sobre el Atlántico Sur (si invertimos en defensa de forma sistemática) y distancia de los principales focos de conflicto.



















