
¡En medio del incansable esfuerzo de los héroes que día y noche rescatan vidas en las zonas más afectadas de Venezuela, ocurrió un momento que llenó de lágrimas y esperanza el corazón de todos! Un pequeño niño, recién salvado, miró a los rescatistas con ojitos brillantes y, con pura inocencia, les hizo el pedido más tierno: “Quiero una chupeta”. En ese instante sencillo, esa vocecita llena de vida recordó al mundo que, incluso en los momentos más duros, la esperanza nunca se apaga. La sonrisa de un niño rescatado es la mayor victoria y la prueba más hermosa de que siempre hay razones para seguir luchando.






















