In Your Face
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Es que se nota que Rafael Poveda es manipulador y usa su posición de poder con las mujeres. El tipo casi que intimidó a las periodistas en esa llamada.







El cierre de Propal es el más doloroso ejemplo de varios de los flagelos que sufren los industriales en Colombia: 1. Un Gobierno, un Estado que se empeñó en atacar a los productores colombianos y a hacerle la vida cada vez más imposible. Un Gobierno inconsciente de la responsabilidad que tiene con el sector productivo y trabajadores. 2, Condiciones macroeconómicas derivadas de decisiones de política pública que le quitan competitividad a toda la industria colombiana, como los costos de producción, la inflación creada por decisiones populistas, que llevaron a a la necesidad de tener tasa de interés alta para contrarrestar la inflación alimentada por el gobierno. La mala gestión de la política energética que nos creó riesgos y costos inmanejables. Tasas impositivas impagables que le quitan la viabilidad a cualquiera. 3. Las prácticas desleales de comercio, que conducen a realidades depredatorias por parte de grandes productores y comercializadores de de la segunda economía del mundo que no tiene ningún miramiento con los productores de economías como la nuestra. Alerta que hemos venido levantando desde hace varios años. 4. La falta de medidas protectoras por parte de Colombia, medidas que han debido tomarse contra el comercio desleal propiciado especialmente por productores Chinos que ante los aranceles de otros países acuden a desviación de comercio, aplicación de subsisdios y otras prácticas que lesionan gravemente a los industriales latinoamericanos . 5. Todo esto fue advertido al Gobierno pero la ideología de que “las empresas aguantan todo” primó sobre todas las otras decisiones Este doloroso ejemplo debe al menos servirnos de lección sobre lo que le puede pasar a toda la industria nacional ante todas estas amenazas y actitudes anti producción que han sido la regla estos años, Se pierden empleos, trabajo, patrimonio, esfuerzos de décadas. Ojalá Colombia y el mundo se den cuenta de esta dura realidad y entiendan la importancia de poder contar con un sector productivo competitivo y vigoroso




Esto estaba dicho. En las universidades públicas no se puede ser abiertamente de derecha, porque te mandan a matar.


Acaban de condenar al menor que asesinó a Miguel Uribe Turbay. Tenía 15 años. La pena: 84 meses. La máxima que permite la ley para un adolescente. Siete años por un magnicidio. Y no será cárcel, será “resocialización”. Sé que me van a caer rayos y centellas, pero lo digo y me reafirmo: esto tiene que cambiar. Yo no estoy aquí para agradar. Estoy para decir lo que es. Los adolescentes de hoy no son los de hace 30 años. Con 14 o 15 años muchos ya han probado drogas, armas, violencia. Algunos incluso ya se sienten hastiados de la vida porque lo han probado todo. No son niños. No son preadolescentes. Son jóvenes con plena conciencia de sus actos. Si reclaman derechos, si exigen voz política, si quieren ser tratados como adultos en todo, también deben ser tratados como adultos cuando cometen delitos atroces. Derechos y deberes van juntos. La ley no puede infantilizarlos al momento de juzgarlos. Hoy los grupos criminales saben que el sistema los protege y por eso usan menores como carne de cañón. El mensaje es devastador: matar a un senador y precandidato presidencial cuesta apenas 84 meses. Ni la vida de Miguel Uribe Turbay ni el dolor de su familia se equiparan con semejante sanción simbólica. El mundo cambió, la sociedad cambió. Nuestra ley de menores se quedó en el siglo pasado. Entre los 14 y los 18 años no estamos hablando de niños: estamos hablando de jóvenes que deben responder como adultos porque lo son. Es más: ellos quieren serlo y quieren ser tratados como tales. Entonces, que asuman las consecuencias.

Rafael Poveda publicó un video hace pocos minutos sobre el caso que empaña su imagen y la de su labor como periodista.


















