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Juan Arias, el entrenador, Juan Arias el amigo!
Esperamos hasta estar seguros, de lo que realmente queríamos expresar, sobre este maravilloso personaje.
La historia de Juan Arias es una de esas que retratan perfectamente la grandeza y al mismo tiempo, la dureza del mundo hípico venezolano, lo separamos asi, de la realidad en otras latitudes, por no conocerlas, como si conocemos la nuestra.
Su nombre quedó ligado para siempre al Derby de Kentucky, una de las carreras más importantes del planeta, un escenario donde solamente llegan unos pocos privilegiados. Sin embargo, más allá de aquel momento histórico, quienes realmente conocimos a Juan, siempre hablamos primero de su humildad, su natural simpatía y jococidad.
Nunca fue hombre de arrogancia ni de sentirse superior por haber alcanzado la cima. Seguía siendo el mismo trabajador sencillo, respetuoso y agradecido con la vida y con la gente del hipódromo. De esos hombres que prefieren el bajo perfil y el esfuerzo diario antes que los reflectores.
Pero el tiempo, que suele ser cruel con muchos protagonistas del deporte, de cualquier deporte, en Venezuela, terminó alejándolo de los grandes escenarios.
Y resulta doloroso pensar que alguien que alguna vez vivió la emoción del Derby de Kentucky terminara sus días prácticamente en la pobreza, lejos del reconocimiento y de las comodidades que si merecía, por todo lo que entregó al hipismo.
Su historia deja una reflexión profunda: La fama deportiva, muchas veces es pasajera y no siempre garantiza tranquilidad ni bienestar en los años finales.
Aun así, Juan dejó algo más importante que el dinero o la celebridad: el respeto de quienes lo conocimos y la imagen de un hombre noble, sencillo y apasionado por los caballos hasta el último día de su vida y al que se extraña en las caballerizas, donde se le recuerda saliendo a pie desde ellas, rumbo a su casa, tantas veces.
Vives entre nosotros, Juan, negro querido, para siempre!