Alan Daitch@AlanDaitch
Si alguna vez sentiste que tu teléfono te estaba escuchando porque te apareció una publicidad demasiado precisa… quizás no estabas tan loco.
Durante años nos dijeron que era coincidencia, que era el algoritmo mágico, que éramos paranoicos, pero resulta que Google acaba de aceptar pagar 68 millones de dólares por una demanda que dice exactamente lo que siempre sospechamos: que el asistente grababa conversaciones sin que nadie dijera "hey Google".
En 2019 se filtraron audios reales de usuarios de Google Assistant, conversaciones privadas que terminaron siendo escuchadas por contratistas humanos que trabajaban para la empresa, y cuando salió el escándalo Google lo admitió, dijo que eran "falsas activaciones" del sistema, no que escuchaban todo el tiempo, y aseguró que cambió el sistema.
Lo que nunca admitieron es que esos audios se usaran para publicidad, eso lo niegan, pero aun así decidieron pagar para cerrar el juicio en lugar de que avance la investigación.
Pero más allá de lo que Google haya hecho o dejado de hacer, el problema estructural sigue intacto: para que un asistente de voz funcione, el micrófono tiene que estar siempre escuchando, lo cual significa que siempre existe la posibilidad de que se active cuando no debe.
Y por eso la solución no puede ser confiar en que las empresas no cometan errores, sino un botón físico en el celular que nos permita apagar el micrófono y la cámara de verdad, que nos garantice nuestro derecho a la privacidad.
Porque mientras no exista ese botón, cada vez que hablás cerca de tu teléfono, estás confiando en que hoy no sea el día del próximo "error".