JuanCarlosChávezFdez retweetledi

El tráfico de fentanilo ya no es la principal motivación del Presidente Trump para actuar en contra de la narco-política mexicana y los cárteles.
La CIA le presentó un informe que le dejó helado: México podría verse envuelto en una narco-guerra civil tan mortífera y violenta que haría palidecer a los más sangrientos conflictos de este tipo en el África subsahariana. No sería una simple disputa territorial como la que hoy se vive. Estados Unidos tendría de vecino a un Sierra Leona gigantesco.
Sí. Entre varios posibles escenarios, la inteligencia estadounidense concluyó que -de continuar la simbiosis entre el poder político obradorista y el crimen organizado-, en un plazo no mayor a 10 años, el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación alcanzarán tal poderío armamentístico y económico, que en vastas extensiones de México habrán reemplazado en su totalidad al Estado Mexicano, convirtiéndose en entes tan peligrosos como el Estado Islámico.
El peligro radica en que MORENA capturó el poder negociando con cárteles antagónicos. Quien sirve a dos amos, con uno queda mal. Tal escenario al resultaría extremadamente peligroso de suscitarse un hecho que rompa el tenso equilibrio entre pseudo-Estados delictivos y cárteles menores, desatando una conflagración armada al interior de México que derive en la mayor crisis humanitaria, geopolítica y económica que el mundo haya visto desde la Guerra de los Balcanes.
Homeland Security estimó que el conflicto llevaría a una severa crisis de refugiados movilizando a mínimo 45 millones de mexicanos intentando ingresar a Estados Unidos. Además, al menos otros 18 millones huirían a España, Colombia, Argentina, El Salvador, Panamá, Chile, Australia y numerosos países que no exijan visa a los mexicanos.
Por si fuera poco, los 40 millones de mexicanos que residen en Estados Unidos, apoyados por sectores políticos y sociales americanos y extranjeros, exigirían abrir la frontera a los refugiados, envolviendo a la Unión America en una delicada coyuntura, acepten o no a los susodichos.
Los estragos económicos no serían menores. La doceava economía global y principal socio comercial del Tío Sam sumido en un infierno de guerrillas paramilitares narco-terroristas comprometería severamente a la economía estadounidense. El efecto Tequila se extendería sobre Canadá, América Latina, importantes países de la Unión Europea e incluso afectaría a la región de Asia-Pacífico.
La respuesta del Gobierno de Claudia Sheinbaum al escándalo de Rocha Moya terminó de despejar las pocas dudas que había: México es un Narco-Estado con todas las de la ley.
De presentarse el escenario descrito, el Estado Mexicano sería totalmente incapaz de controlar la situación. El Ejército Mexicano estaría corrompido a tal nivel que actuaría como un simple brazo armado de los cárteles. Difícilmente ejecutaría un golpe de Estado que revierta la situación.
A Naciones Unidas no le quedaría más remedio que autorizar una intervención militar en México mediante una coalición internacional liderada por Estados Unidos. Trump, bajo ninguna circunstancia, quiere una guerra total con el vecino del sur; en cuyo caso tendría que hacerse cargo, contexto que aprovecharían China, Rusia, Irán o Corea del Norte para intentar algún golpe estratégico a los intereses estadounidenses.
En resumidas cuentas, si los Estados Unidos permiten que los cárteles continúen expandiendo su poderío a niveles insospechados, alentados por la impunidad que les garantiza el régimen narco-populista mexicano, las consecuencias podrían ser catastróficos.
De momento, Irán puede esperar. Trump necesita atar ese enorme cabo suelto al sur del Río Bravo.

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