Nuria Esparch

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@nesparch

Mamá orgullosa, abogada renegada, exministra de Defensa/❤️🕊️@miguelondiablo /🇵🇪, playa, @FCBarcelona @chayannemusic @StarWars @lawandordertv @pucp @maxwellSU

Lima - Perú Katılım Mart 2010
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Sabitlenmiş Tweet
Nuria Esparch
Nuria Esparch@nesparch·
Muy entusiasmada por la invitación de #MBAPeru a la Universidad de @Columbia para conversar sobre cómo tender puentes para el diálogo que requerimos en el Perú. Compartir la mesa con #LuisMiguelCastilla y #VerónicaSifuentes será un honor. Nos vemos en Nueva York! 🗽
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Nuria Esparch
Nuria Esparch@nesparch·
"Hay que achicar el estado", "el estado es muy grande"... ah sí? Dirán lo mismo los ciudadanos del Purús? Los de Laraos? Los de Huacllán? Y los de Puerto Mori? Insisto: el problema no es tamaño, es la asimetría en el acceso. Dejen las generalidades y hagan propuestas serias.
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Nuria Esparch
Nuria Esparch@nesparch·
Varios candidatos necesitan una clase de organización del Estado 101 para ver si entienden qué hace y qué no puede hacer. El problema no es si el Estado es grande o chico: el problema es la asimetría en el acceso. Cuando entiendan eso, van a poder proponer cosas con sentido.
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Nuria Esparch
Nuria Esparch@nesparch·
Álvarez no puede ser presidente: lo necesitamos de vuelta en El Especial del Humor
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Gastón Gaviola
Gastón Gaviola@gastongaviola·
@nesparch Es la completa falta del respeto al ciudadano. Dar por supuesto que "no se merecen más/ con esto me basta".
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Nuria Esparch
Nuria Esparch@nesparch·
Cuánta ignorancia demuestran algunos candidatos.
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Nuria Esparch
Nuria Esparch@nesparch·
Qué vergüenza dan algun@s candidat@s en cuyos anuncios se les ve haciendo bailes ridículos o apelando a ser hijos de alguien cuyos méritos no tiene. Propuestas, cero. A ver si esta vez elegimos a personas con algo en la cabeza.
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Fernando Tuesta Soldevilla
Este buen texto se resume en “Qué época más triste: la estupidez ya no se disimula; se vota, se aplaude y se comparte”. Vale la pena leerlo.
ReneX@Eneatipo7

CULTO A LA FANFARRONERÍA Cómo la pobreza verbal de ciertos líderes terminó convirtiéndose en un estilo político, y en un síntoma de degradación intelectual. Hay épocas que producen estadistas y otras que producen vociferantes. La nuestra, por desgracia, parece fascinada con el fanfarrón: ese personaje que confunde volumen con inteligencia, grosería con autenticidad y exabrupto con valentía. Ya no se exige a ciertos líderes que piensen bien, sino que peguen fuerte; no que argumenten, sino que humillen; no que eleven la conversación pública, sino que la arrastren al barro con la soltura de quien se siente cómodo en él. Javier Milei ha hecho del insulto una identidad verbal. Donald Trump convirtió la pobreza expresiva en una marca registrada. Jair Bolsonaro hizo de la vulgaridad una forma de presencia. Santiago Abascal recurre a una retórica bronca, primaria y binaria, donde el matiz es una amenaza. Y José Antonio Kast, con una cadencia más seca y menos histriónica, exhibe también una precariedad retórica que delata estrechez conceptual: frases planas, ritmo pobre, escasa densidad argumental y una alarmante dificultad para llevar el lenguaje más allá del eslogan. Todos, cada uno a su modo, representan una misma miseria: la del pensamiento reducido a consigna y la política rebajada a arrebato. Schopenhauer desconfiaba de la grandilocuencia hueca y del ruido disfrazado de profundidad. Hannah Arendt insistió en que pensar es indispensable para no abdicar del juicio. Y Jürgen Habermas sostuvo que una democracia sana depende de la fuerza del mejor argumento, no de la fuerza del grito. Esa idea hoy parece arqueología: hemos pasado del argumento mejor al energúmeno más viral. El problema no es estético. No se trata de pedir mandatarios con dicción de actor shakesperiano. Se trata de algo más grave: “hablar mal, de manera persistente, suele evidenciar pensar mal”. El lenguaje no es un adorno del pensamiento; es su arquitectura. Cuando el vocabulario se achica, también se encoge la capacidad de matizar, distinguir, comparar, inferir y comprender. Y cuando eso ocurre en el poder, la sociedad entera degrada sus estándares. El líder tosco no sólo exhibe su pobreza: la vuelve aspiracional. Por eso sus adherentes imitan el método. En redes sociales se ve a diario. Frente a una crítica, no aparece una refutación, sino una jauría. No se discute el contenido: se lanza el agravio. No se rebate una idea: se ensaya una descalificación. El troll es el hijo perfecto de esta época: no argumenta porque no puede; insulta porque le basta. Y como la banalidad digital premia la frase breve, la mueca agresiva y el clip instantáneo, las plataformas terminan siendo menos un espacio de deliberación que una pedagogía de la simplificación. El contraste con los grandes líderes es brutal. Lincoln podía condensar en pocas palabras una visión moral y política del destino común. Churchill comprendía que el idioma también era resistencia, y Mandela no necesitaba rebajarse para convencer, porque su autoridad no provenía del exabrupto, sino de la estatura intelectual. Había en ellos una convicción elemental: gobernar exige pensar, y pensar exige lenguaje. Hoy, en cambio, hemos normalizado al rústico gritón, al bravucón de léxico mínimo, al caudillo que insulta porque no puede elaborar una frase inteligente, que simplifica porque no puede comprender y que atropella porque no puede persuadir. Y una parte del público, agotada o intelectualmente desentrenada, celebra esa indigencia como si fuera franqueza. Qué época más triste: la estupidez ya no se disimula; se vota, se aplaude y se comparte. Sin pensamiento no hay deliberación. Sin deliberación no hay comunidad política. Y sin lenguaje digno, lo que queda no es autenticidad, sino retroceso. La fanfarronería no es una anécdota del estilo: es una enfermedad del espíritu público. Al final, el problema no es que les falte inteligencia, el problema es que les sobra estupidez. @MisColumnas

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Alexis R. | METODOLOGICA_CL 🛰️
Alexis R. | METODOLOGICA_CL 🛰️@metodologica_cl·
⚰️ El duelo por la pérdida del cónyuge impacta de manera distinta en hombres y mujeres mayores. Un estudio longitudinal encontró que los hombres enfrentan un mayor riesgo de mortalidad y depresión, mientras que las mujeres tienden a reportar mayor felicidad y satisfacción con la vida con el tiempo tras la pérdida. Paper: doi.org/10.1016/j.jad.… | Nota: bu.edu/sph/news/artic…
Alexis R. | METODOLOGICA_CL 🛰️ tweet media
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Nuria Esparch
Nuria Esparch@nesparch·
Cuando se comete un error, es hidalgo dar marcha atrás. Muy bien por la reapertura de las escuelas.
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Nuria Esparch
Nuria Esparch@nesparch·
Cuánto lamento la partida de Alfredo Bryce Echenique. Su narrativa, su humor fino, su prolífica obra, quedarán para siempre. Sus libros marcaron una época de mi vida. Además de su eterno “Un mundo para Julius”, me quedo con “La última mudanza de Felipe Carrillo” y “Tantas veces Pedro”.
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Nuria Esparch
Nuria Esparch@nesparch·
Se publica norma legal diciendo que las clases serán remotas mientras dure la crisis del gas, pero luego el ministro de Educación sale en TV diciendo que la medida es “optativa”. ¿En qué quedamos? 🤔 Se necesita coherencia. La educación no puede seguir pagando los platos rotos de la improvisación. Mientras tanto, otros servicios no esenciales —restaurantes, centros comerciales, etc.— siguen abiertos, consumiendo electricidad y gas, y funcionando con normalidad. ¿Por qué los colegios no?
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Nuria Esparch
Nuria Esparch@nesparch·
La vía fácil es mandar a los chicos a sus casas mientras los malls siguen abiertos de par en par. La situación del gas es grave y amerita servicios esenciales. Pero la educación lo es.
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