se acomodo el paquete, sentí que me palpito mi * y se me hizo agua la boca, dijo que iba al baño, justo antes de entrar al baño se detuvo y desde la sala de juntas se alcanzaba a ver la entrada al baño, se detuvo y se quedó mirándome mientras se acariciaba bulto, pero me ...
el día de hoy tuve una auditoria en mi trabajo, el auditor externo era un hombre mayor robusto, tipo oso sus brazos peludos y quiero pensar que todo lo.demas también. Todo el dia sentí su mirada, yo solo sentía una atracción. Cuando terminamos y se maro me miró fijamente y ...
Catorce años. Esa es la cifra brutal que define este caso. Catorce años para que un actor mexicano, con recursos, con representación legal, con visibilidad pública, lograra que la Corte le dijera lo obvio: que su rostro no es mercancía sin precio, que su hijo pequeño en una carriola no era utilería de campaña, y que una transnacional del whisky no puede descontarle "los costos de la botella" a la dignidad de una familia. Si esto le tomó catorce años a Diego Luna, piensen un segundo cuánto le tomaría a cualquiera de nosotros.
La sentencia del Pleno en el ADR 6448/2025 es importante por lo que dice, pero todavía más por lo que confiesa entre líneas. Tres juicios de amparo directo, dos apelaciones, una declaración del IMPI desde 2013 que ya había probado todo, y aún así el sistema permitió que el caso rebotara una y otra vez hasta llegar al máximo tribunal en 2026. Y ojo: cuando la Corte por fin fija que el 40% del artículo 216 Bis se calcula sobre el precio bruto sin deducciones, lo que en realidad está corrigiendo es una práctica judicial que durante años sirvió de incentivo perverso para que las empresas usaran imágenes ajenas calculando, fríamente, que litigar saldría más barato que contratar.
Ahí está el verdadero rostro de la impunidad mexicana, y no se mide en sentencias absolutorias, se mide en calendarios. Cuando reparar un derecho cuesta catorce años, cuando el menor de edad cuya imagen fue explotada hoy ya es mayor y la Corte tuvo que meterlo "por la ventana" de la suplencia de la queja porque ni siquiera era parte formal del juicio, cuando el caso paralelo de Gael García Bernal terminó pagándose en pesos lo que peritos calcularon en millones de dólares, lo que estamos viendo no es justicia tardía: es un mensaje al capital de que en este país violar derechos sigue siendo negocio. La sentencia es un avance, sí, pero también un espejo incómodo de un sistema donde la reparación integral todavía depende de tener el aguante, el dinero y los años que la inmensa mayoría jamás tendrá.
Aquí te dejo el link, para que puedas consultar la sentencia del caso: www2.scjn.gob.mx/Juridica/Engro…
Este sobrino aparte de tener un pitote para suedad parece q no habia cogido en cuanto tiempo gay se ve cuando estas chavo y verlos mame panocha con mocos y hemos cogido como perros locos todo el dia de hoy domingo