Rafael Espana Amador, CFA
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Rafael Espana Amador, CFA
@rafaespana
EQ Bank | Scotiabank | Former Research Director at Corficolombiana | Startup CFO | Research analyst at 2 InvBanks | Portfolio manager | Economist 🇨🇴🇨🇦

En Colombia, las predicciones de mercado de @Polymarket ponen al comunista Iván Cepeda en empate técnico con Abelardo de la Espriella; en Colombia será imprescindible la unión de toda la oposición para derrotar a los aliado de Petro, Maduro y Diosdado en el país.














No voy a nombrar un candidato en particular, pero en medio de toda esta vorágine de odio que consume a Colombia, hoy más que nunca, soy un convencido de que el país necesita urgentemente un punto medio. Y pese a que esto incomodará a muchos, no me moveré de ahí. Tenemos que entender que hay momentos en la historia de un país en los que los gritos de los extremos dejan de ser una expresión política y se convierten en ruido. Y Colombia, lamentablemente, está atrapada en ese ruido. De hecho, lleva atrapada en ese ruido muchos años. De un lado, tenemos a los mesías del cambio que prometieron la redención social y lo único que lograron es dejar al país al borde de un abismo y a sus ciudadanos más divididos y más inseguros. Del otro, los nostálgicos del pasado que creen que todo se resuelve con mano dura y discursos de orden. Pero mientras tanto, la gente —la de a pie, la que madruga y produce, la que realmente le importa tres cominos los políticos— sigue intentando sobrevivir en medio del caos que los extremos están acrecentando. Hoy lo que necesita Colombia no es más polarización. Es sensatez. Un polo a tierra. Alguien que entienda que gobernar no es incendiar al país desde un atril ni convertir cada decisión en un ring de boxeo ideológico. Necesitamos un presidente que no hable para su tribuna, sino para todos. Que no mida su éxito en likes o aplausos, sino en resultados y tranquilidad. Un presidente que gobierne lejos de las redes sociales. Porque Colombia está cansada. Cansada de la violencia que vuelve a apoderarse de los territorios. Cansada de la política del odio, del insulto fácil, del gobierno que se cree Robin Hood y de la oposición que se comporta como villano de novela. Cansada de que cada elección sea una guerra santa entre “pueblo” y “oligarquía”, entre “buenos” y “malos”. Ya es hora de entender que la gente no quiere héroes ni mártires. Quiere soluciones. Los extremos son cómodos: le dicen a la gente qué pensar, a quién odiar y a quién culpar. El centro, en cambio, exige algo más difícil: pensar. Y pensar, en un país donde la rabia se volvió combustible electoral, es casi un acto de rebeldía. Por eso el centro —o mejor, la centro derecha moderna, responsable, que cree en la empresa privada— no es tibieza. Es valentía. Es entender que no podemos progresar si seguimos destruyendo al que piensa distinto. Pero claro, pensar se volvió en un ejercicio tedioso y out-of-fashion. Colombia necesita calma. Necesita un liderazgo que no viva de la indignación ni de la venganza. Uno que hable de orden, sí, pero también de oportunidades; y claro, de autoridad, sí. Uno que entienda que la seguridad no se construye solo con soldados, sino también con educación, empleo y confianza. Porque el país está al borde de la histeria colectiva: el gobierno amenaza con asambleas constituyentes, la oposición con venganzas judiciales, y en medio de todo, la ciudadanía siente que no tiene a quién creerle. El gran desafío del próximo presidente será devolvernos algo que suena pequeño, pero que lo cambia todo: la serenidad. Así que sí, lo digo sin ambages: Colombia necesita un candidato de centro derecha. Alguien que crea en la libertad, en el mérito y en la autoridad, pero que también entienda que hay millones de colombianos jodidos y mamados y que a ellos hay que darles herramientas para que progresen. No subsidios. Herramientas. No necesitamos más “revoluciones” ni “refundaciones de la patria”. Necesitamos gobernar bien, con decencia, con sensatez y con resultados. Porque en medio de tanto ruido, el verdadero acto revolucionario será devolverle al país el silencio de la calma. Y aún más revolucionario será el devolverle al pueblo la capacidad de pensar. Diego A. Santos







Sorry DOGE, there's no stopping this train


#Pasaportes Tras más de siete horas de reunión en la Casa de Nariño entre el Gobierno nacional y una delegación de Portugal, no se ha firmado ningún contrato entre la Imprenta y la Casa de la Moneda de ese país para la elaboración de pasaportes. En el encuentro se estableció la ruta y estrategia y hay un borrador de convenio en el que la Cancillería y la Imprenta trabajarán durante la noche de este martes.













