FINBI รีทวีตแล้ว

“Si cierro esto, no sé de qué voy a vivir. Pero si sigo así, no sé cuánto tiempo más aguante”.
Esa frase la escuchamos cada vez más en @RoraimaCapital cuando hablamos con emprendedores en Venezuela.
En un país donde demasiadas personas han empezado negocios por necesidad (despidos, pérdida de poder adquisitivo, falta de empleo formal) muchos emprendimientos nacen no de un plan, sino de una urgencia: “tengo que generar ingresos ya”. El problema es que, sin herramientas financieras mínimas, ese esfuerzo termina convirtiéndose en una trampa silenciosa.
Hace unos meses, comenzamos a acompañar a una emprendedora que representa a muchos.
Había montado un pequeño negocio de alimentos preparados desde su casa. El relato era el típico: al principio vendía solo a conocidos, luego empezó a enviar por delivery, abrió una cuenta de Instagram, las ventas crecían y, desde afuera, todo parecía una historia de éxito. Pero cuando se sentaba a revisar el mes, siempre sentía lo mismo: “Trabajo todos los días, pero no sé dónde está el dinero”.
No era un tema de ganas ni de talento. Cocinaba bien, tenía clientes fieles, se movía en redes. Su problema era otro: nunca nadie le había enseñado a leer su propio negocio.
En las primeras sesiones, vimos tres vacíos que se repiten una y otra vez en los emprendimientos por necesidad:
1) No separar dinero del negocio y dinero personal: Todo entraba a la misma cuenta, todo se pagaba con la misma tarjeta. En la práctica, era imposible saber si el negocio ganaba o perdía. Cada urgencia familiar se resolvía con “lo que entró de las ventas”.
2) No saber cuánto cuesta realmente lo que vende: Tenía una idea de los precios de los ingredientes, pero nunca había calculado costos completos: gas, electricidad, envases, transporte, tiempo de trabajo. Muchos de sus productos estrella se vendían “bien”, pero en realidad dejaban centavos o incluso pérdidas.
3) Confundir flujo de caja con ganancia: Cuando entraba un buen pedido pensaba que “le estaba yendo bien”, pero nadie le había explicado que cobrar hoy algo que debes entregar durante 30 días no es ganancia, es responsabilidad. El dinero se iba antes de terminar el compromiso.
El punto de inflexión vino cuando le propusimos algo que, sobre el papel, sonaba casi ofensivo para quien lleva meses luchando:
“Antes de pensar en crecer, vamos a aprender a mirar tus números”.
Durante varias semanas, trabajamos en tres cosas muy simples, pero profundas:
A) Separar cuentas: una para el negocio, otra para lo personal, aunque fuera con montos pequeños.
B) Hacer un costeo básico por producto: ingredientes, insumos, tiempo estimado de trabajo.
C) Armar un registro semanal de ingresos y gastos, sin sofisticación, pero con disciplina.
Lo interesante es que, cuando empezamos a poner números sobre la mesa, aparecieron "verdades" incómodas:
-Sus productos más “famosos” eran los menos rentables.
-Algunas “promociones” para atraer clientes la dejaban prácticamente en cero.
-El negocio le consumía todo el día, pero le dejaba menos que un empleo básico.
En ese momento, la conversación cambió.
Dejó de ser “¿cómo hago para vender más?” y pasó a ser “¿qué debo vender, a quién y a cuánto para que esto tenga sentido?”. No fue fácil. Tuvimos que eliminar productos, subir precios, decir que no a pedidos que parecían atractivos pero destruían su tiempo y su margen.
Meses después, el negocio no se había convertido en una multinacional ni en un caso de revista. Pero pasó algo mucho más importante: por primera vez, sabía cuánto ganaba realmente, cuánto podía sacar para su casa sin matar al negocio y qué tenía que hacer cada semana para no volver al punto de partida.
Esa es, para nosotros, la verdadera frontera del emprendimiento en la Venezuela de hoy.
No es solo tener una idea, abrir un Instagram o imprimir un logo. Es entender que, sin herramientas financieras básicas, el emprendimiento por necesidad puede convertirse en autoexplotación: mucho esfuerzo, cero colchón, ningún futuro.
En Roraima lo vemos claro: si queremos que los emprendimientos que nacen por necesidad se conviertan en negocios que den estabilidad, tenemos que ayudar a sus dueños a dar este salto:
-De confundir movimiento con progreso, a medir resultados.
-De ver los números como una amenaza, a usarlos como brújula.
-De sobrevivir semana a semana, a construir algo que tenga posibilidades de durar.
Por eso, cuando alguien nos dice “yo no soy bueno con los números”, solemos responder lo mismo: no se trata de ser contador, se trata de no ser ciego.
Porque en la Venezuela de 2026, emprender por necesidad es una realidad. Pero seguir gestionando a ciegas no puede seguir siéndolo.
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