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Un agricultor japonés contrató a un ingeniero para su finca de 100 hectáreas.
No come, no duerme, no cobra. Se llama Codex.
Hiroki Tomiyasu cultiva brócoli en Hokkaido. No heredó tierra, no estudió agricultura, empezó de funcionario. De noche, después de la jornada, construye la infraestructura de su finca con ChatGPT y Codex.
Lo que armó él solo:
→ Control remoto del motor del invernadero desde LINE, con ESP32, driver BTS7960 y Cloudflare Workers
→ Un bot en el chat del equipo que revisa la temperatura de cada invernadero y opera la ventilación
→ Monitoreo satelital con índices NDVI superpuestos en su propio mapa
→ Una base en Airtable que conecta parcelas, tareas, materiales y sensores
→ Diagramas técnicos de sus tableros eléctricos, generados desde una foto
Él lo resume así: es como tener un ingeniero brillante siempre al lado.
Durante años, automatizar una finca significó maquinaria propietaria carísima e ingenieros que solo las grandes operaciones agrícolas podían pagar. Esa gente vendía una barrera, no una solución.
Un tipo que aprendió a manejar tractores solo acaba de cruzar esa barrera con un teléfono.