merce lerma

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@LermaMerce

no se puede ser feliz en soledad Peronista fiel a Cristina y a Axel

Sumali Nisan 2019
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merce lerma@LermaMerce·
Javier Smaldone@mis2centavos

Excelentísimo Señor Presidente de la Nación Argentina, Lic. @JMilei: Esta no es una crítica política. Es un registro de hechos y una advertencia sobre sus consecuencias. Desde sus primeras apariciones públicas, usted recurre al agravio personal como herramienta política. Por eso no resulta novedoso que descalifique, insulte o ridiculice a quienes piensan distinto. Pero precisamente por eso, lo que hoy resulta inaceptable no es solo el hecho en sí, sino la persistencia deliberada en una conducta que deshonra, día a día, la función que usted juró ejercer. La investidura presidencial no es un atributo ornamental. No es un premio ni un micrófono más potente para amplificar impulsos personales. Es una responsabilidad institucional que exige templanza, autocontrol y, sobre todo, conciencia del lugar que se ocupa. Usted no habla ya como un ciudadano más ni como un panelista de televisión: cada palabra suya —pronunciada en un discurso, vertida en una entrevista o publicada en redes sociales, no importa la hora— compromete al Estado que representa. Usted lo sabe. Y lo hace igual. Cuando un Presidente insulta, no se rebaja únicamente a sí mismo: arrastra consigo a la institución. La arrastra, deliberadamente, hacia el barro de la confrontación más baja —con evidente satisfacción— hasta un punto en que la razón cede ante el exabrupto y el debate público deja de ser tal y se convierte en un chiquero. Y lo hace, además, desde una posición de poder asimétrica frente a ciudadanos que no tienen ni su exposición ni su capacidad de respuesta. Ese modo de ejercer la palabra tiene consecuencias concretas sobre personas reales. Cuando usted señala, insulta o ridiculiza a un ciudadano común desde la investidura presidencial, no solo lo expone: lo convierte en blanco. Habilita y promueve una reacción en cadena de ataques, hostigamientos y agresiones por parte de quienes encuentran en su palabra una legitimación. Lo que para usted puede ser un exabrupto pasajero, para quien lo recibe suele traducirse en una avalancha de violencia que no eligió ni puede controlar. No es una hipótesis: ya ha ocurrido. Ciudadanos señalados por usted en redes sociales han recibido, en cuestión de horas, cientos de mensajes de odio, amenazas e insultos de sus seguidores. Y usted no detiene el proceso: lo observa, y a veces lo amplifica con una nueva publicación. Eso no es impericia. Es decisión. Pero en su caso hay un agravante adicional. Usted no se limita a insultar: deshumaniza. Reduce a quienes disienten a "ratas", "cucarachas", "parásitos", "degenerados fiscales" o simplemente "zurdos de mierda" —un vocabulario de exterminio simbólico, no de debate político. Y sobre esa degradación, añade un repertorio insistente de groserías de pésimo gusto y vulgaridades que apelan a la humillación —muchas veces de carácter sexual— como forma de celebración política. No es un desliz. Es un lenguaje elegido, repetido, cultivado y celebrado ante las cámaras con una sonrisa. Ese lenguaje no es inocuo, y usted, que se precia de conocer la historia, debería saberlo mejor que nadie. Todas las sociedades que normalizaron la deshumanización del adversario creyeron, en su momento, que se trataba solo de palabras. Ninguna pudo después deshacer lo que esas palabras construyeron. Usted está construyendo ahora. Y si esto es grave cuando se dirige a cualquier ciudadano, lo es aún más cuando apunta contra el periodismo. Su reiterada declaración de que "no odiamos lo suficiente a los periodistas" —pronunciada con la familiaridad de quien repite un chiste conocido— no es una provocación inocente ni una hipérbole retórica. Es la formulación explícita de un clima de hostilidad hacia una actividad esencial para la vida democrática. No solo deslegitima la tarea periodística: invita a intensificar el rechazo, el desprecio y, potencialmente, la agresión hacia quienes la ejercen. En ese contexto, cada señalamiento suyo contra un periodista no es un hecho aislado: es un acto que amplifica riesgos reales. Quienes reciben ese mensaje no lo interpretan como una metáfora sofisticada, sino como una habilitación. Y esa habilitación se traduce, con demasiada frecuencia, en campañas de hostigamiento, amenazas y violencia que exceden por completo cualquier marco aceptable de debate público. A todo esto se suma un fenómeno igualmente preocupante: la claque que lo celebra. Un coro de aplaudidores que replica, amplifica y legitima cada exceso, muchas veces desde posiciones sostenidas con recursos del Estado. No solo no hay freno: hay estímulo. No solo no hay corrección: hay recompensa. Así, lo que debería ser motivo de rectificación se convierte en espectáculo y en método de gobierno. El insulto presidencial tiene estructura, organización y presupuesto. Es política de Estado. No se trata aquí de formas superficiales ni de modales aristocráticos. Se trata de algo mucho más profundo: del respeto mínimo que exige la convivencia democrática. El disenso no solo es legítimo: es indispensable. Pero cuando desde la cúspide del poder se lo responde con insultos, deshumanización y groserías, se envía un mensaje claro y peligroso: que la diferencia es un agravio, que el otro es un enemigo, que la agresión puede reemplazar a la palabra. La tradición republicana argentina —con todas sus fragilidades— ha sabido distinguir entre la aspereza del debate político y la degradación deliberada del adversario. Usted elige, conscientemente, borrar esa distinción. No por ignorancia: por conveniencia. Quienes confunden poder con licencia para el agravio pagan un precio inevitable. No se recuerda con indulgencia a quienes, pudiendo elevar el debate, eligieron rebajarlo, ni a quienes optaron por degradar la institución que encarnaban. Pero el juicio es especialmente cruel con quienes gobernaron en el momento en que su país más los necesitaba y eligieron, en cambio, alimentar sus propios rencores. Usted podrá invocar autenticidad, espontaneidad o incluso convicción. Ninguna de esas razones justifica lo que hace. Gobernar no es desahogarse. Liderar no es humillar. Y representar a una Nación es, antes que nada, estar a la altura de ella. No lo está. La historia registrará que usted tuvo la oportunidad de gobernar la Argentina en un momento crítico. Registrará también cómo decidió usarla. Atentamente. Javier Smaldone (@mis2centavos)

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Javier Smaldone
Javier Smaldone@mis2centavos·
Excelentísimo Señor Presidente de la Nación Argentina, Lic. @JMilei: Esta no es una crítica política. Es un registro de hechos y una advertencia sobre sus consecuencias. Desde sus primeras apariciones públicas, usted recurre al agravio personal como herramienta política. Por eso no resulta novedoso que descalifique, insulte o ridiculice a quienes piensan distinto. Pero precisamente por eso, lo que hoy resulta inaceptable no es solo el hecho en sí, sino la persistencia deliberada en una conducta que deshonra, día a día, la función que usted juró ejercer. La investidura presidencial no es un atributo ornamental. No es un premio ni un micrófono más potente para amplificar impulsos personales. Es una responsabilidad institucional que exige templanza, autocontrol y, sobre todo, conciencia del lugar que se ocupa. Usted no habla ya como un ciudadano más ni como un panelista de televisión: cada palabra suya —pronunciada en un discurso, vertida en una entrevista o publicada en redes sociales, no importa la hora— compromete al Estado que representa. Usted lo sabe. Y lo hace igual. Cuando un Presidente insulta, no se rebaja únicamente a sí mismo: arrastra consigo a la institución. La arrastra, deliberadamente, hacia el barro de la confrontación más baja —con evidente satisfacción— hasta un punto en que la razón cede ante el exabrupto y el debate público deja de ser tal y se convierte en un chiquero. Y lo hace, además, desde una posición de poder asimétrica frente a ciudadanos que no tienen ni su exposición ni su capacidad de respuesta. Ese modo de ejercer la palabra tiene consecuencias concretas sobre personas reales. Cuando usted señala, insulta o ridiculiza a un ciudadano común desde la investidura presidencial, no solo lo expone: lo convierte en blanco. Habilita y promueve una reacción en cadena de ataques, hostigamientos y agresiones por parte de quienes encuentran en su palabra una legitimación. Lo que para usted puede ser un exabrupto pasajero, para quien lo recibe suele traducirse en una avalancha de violencia que no eligió ni puede controlar. No es una hipótesis: ya ha ocurrido. Ciudadanos señalados por usted en redes sociales han recibido, en cuestión de horas, cientos de mensajes de odio, amenazas e insultos de sus seguidores. Y usted no detiene el proceso: lo observa, y a veces lo amplifica con una nueva publicación. Eso no es impericia. Es decisión. Pero en su caso hay un agravante adicional. Usted no se limita a insultar: deshumaniza. Reduce a quienes disienten a "ratas", "cucarachas", "parásitos", "degenerados fiscales" o simplemente "zurdos de mierda" —un vocabulario de exterminio simbólico, no de debate político. Y sobre esa degradación, añade un repertorio insistente de groserías de pésimo gusto y vulgaridades que apelan a la humillación —muchas veces de carácter sexual— como forma de celebración política. No es un desliz. Es un lenguaje elegido, repetido, cultivado y celebrado ante las cámaras con una sonrisa. Ese lenguaje no es inocuo, y usted, que se precia de conocer la historia, debería saberlo mejor que nadie. Todas las sociedades que normalizaron la deshumanización del adversario creyeron, en su momento, que se trataba solo de palabras. Ninguna pudo después deshacer lo que esas palabras construyeron. Usted está construyendo ahora. Y si esto es grave cuando se dirige a cualquier ciudadano, lo es aún más cuando apunta contra el periodismo. Su reiterada declaración de que "no odiamos lo suficiente a los periodistas" —pronunciada con la familiaridad de quien repite un chiste conocido— no es una provocación inocente ni una hipérbole retórica. Es la formulación explícita de un clima de hostilidad hacia una actividad esencial para la vida democrática. No solo deslegitima la tarea periodística: invita a intensificar el rechazo, el desprecio y, potencialmente, la agresión hacia quienes la ejercen. En ese contexto, cada señalamiento suyo contra un periodista no es un hecho aislado: es un acto que amplifica riesgos reales. Quienes reciben ese mensaje no lo interpretan como una metáfora sofisticada, sino como una habilitación. Y esa habilitación se traduce, con demasiada frecuencia, en campañas de hostigamiento, amenazas y violencia que exceden por completo cualquier marco aceptable de debate público. A todo esto se suma un fenómeno igualmente preocupante: la claque que lo celebra. Un coro de aplaudidores que replica, amplifica y legitima cada exceso, muchas veces desde posiciones sostenidas con recursos del Estado. No solo no hay freno: hay estímulo. No solo no hay corrección: hay recompensa. Así, lo que debería ser motivo de rectificación se convierte en espectáculo y en método de gobierno. El insulto presidencial tiene estructura, organización y presupuesto. Es política de Estado. No se trata aquí de formas superficiales ni de modales aristocráticos. Se trata de algo mucho más profundo: del respeto mínimo que exige la convivencia democrática. El disenso no solo es legítimo: es indispensable. Pero cuando desde la cúspide del poder se lo responde con insultos, deshumanización y groserías, se envía un mensaje claro y peligroso: que la diferencia es un agravio, que el otro es un enemigo, que la agresión puede reemplazar a la palabra. La tradición republicana argentina —con todas sus fragilidades— ha sabido distinguir entre la aspereza del debate político y la degradación deliberada del adversario. Usted elige, conscientemente, borrar esa distinción. No por ignorancia: por conveniencia. Quienes confunden poder con licencia para el agravio pagan un precio inevitable. No se recuerda con indulgencia a quienes, pudiendo elevar el debate, eligieron rebajarlo, ni a quienes optaron por degradar la institución que encarnaban. Pero el juicio es especialmente cruel con quienes gobernaron en el momento en que su país más los necesitaba y eligieron, en cambio, alimentar sus propios rencores. Usted podrá invocar autenticidad, espontaneidad o incluso convicción. Ninguna de esas razones justifica lo que hace. Gobernar no es desahogarse. Liderar no es humillar. Y representar a una Nación es, antes que nada, estar a la altura de ella. No lo está. La historia registrará que usted tuvo la oportunidad de gobernar la Argentina en un momento crítico. Registrará también cómo decidió usarla. Atentamente. Javier Smaldone (@mis2centavos)
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merce lerma
merce lerma@LermaMerce·
@JMilei Saben que censuras medios en casa rosada y diputados?? Esa es democracia??
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Antonio Aracre
Antonio Aracre@tonyaracre·
La mejor versión de @JMilei Explica con lenguaje fácil, sereno y sobre todo se muestra empático con la gente que la pasa mal. A mí fue la parte que más me gustó porque pocos lograron mostrar al ser humano y al líder. Ayer en #Economistas por @TV_Publica También agradezco todas las críticas (constructivas y bien intencionadas la mayoría) porque me ayudan a mejorar en un oficio que recién apenas estoy aprendiendo.
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Andy Crush
Andy Crush@Andy_TToledo·
Este es fiscal federal Nicolás Czizik. Compartan la imagen. Hay que empezar a ponerle cara a estos soretes. Czizik se niega a permitir la prisión domiciliaria para Julio De Vido, de 76 años y con severos problemas de salud. Volvió a la cárcel por causas prescriptas. Sus traslados fueron delirantes, encadenado en el piso de una ambulancia. Su médico de cabecera pidió el traslado a un centro de alta complejidad,el cual se hizo después de muchas horas. En esas horas pudo haber muerto. Es eso lo que están buscando. Nadie lo acompaña en sus noches si necesita ayuda. Se han hecho varios Hábeas Corpus. Nadie estaría preso por las causas que se le adjudican. Este país está a merced de un manojo de psicopatas que está arremetiendo contra todos los nuestros, para cobrarles a ellos la valentía de regalarle a este pueblo sus mejores años de vida. Cada día, a cada instante, se comprueba hasta el cansancio lo bien que todos vivíamos cuando “vivíamos mal”. El horror que ellos son engrandece a los gobiernos de los que DeVido fue parte. Por eso buscan matarlo -como hicieron ya con Timerman- para que nadie más se atreva a proponer otra década ganada. Depende de nosotros insistir en tenerla.
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David Correa
David Correa@davidcorreatv·
La "Mona" Jiménez le explica a Pampita qué es el peronismo y cuánto le cambió la vida. "Nunca más de cuclillas".
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merce lerma
merce lerma@LermaMerce·
@JMilei Che gorda, te estás mirando al espejo? por la descripción digo
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El Destape
El Destape@eldestapeweb·
“Cuando te basás en el pensamiento de los griegos, el derecho romano, la rectitud de los estoicos y los valores judeocristianos, no hay conflicto” 🗣️ ❗ Javier Milei aseguró que no le costó tomar decisiones en su mandato y sostuvo que su gestión puso “el eje en la moral como política de Estado”.
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merce lerma
merce lerma@LermaMerce·
@TOPOarg Y mientras tanto se deshizo de los periodistas que más lo incomodaban
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TOPO Rodríguez
TOPO Rodríguez@TOPOarg·
POR QUÉ MILEI USA LA NOVELA RUSA Por cinco razones: 1. Porque en los próximos días se anunciará que la economía argentina llevá 10 meses consecutivos de aumento de la inflación, bajo un gobierno cuyo eje legitimador era -precisamente- el combate de la inflación. 2. Porque el Presidente sabe que hay elementos contundentes que demuestran su participación directa en la estafa con la Cripto #LIBRA; y que, tarde o temprano, la Justicia le llegará, tanto a él como a sus cómplices. 3. Porque su participación también fue decisiva en los delitos cometidos en los procesos de compras de medicamentos y en la ejecución de los fondos de ANDIS. A través de 5 DNU, Milei infló las partidas presupuestarias para esos fines en 2.000 millones de dólares. De eso, nadie habla. 4. Por el inocultable e interminable desastre que hizo y sigue haciendo Adorni. 5. Por la voracidad de los funcionarios y legisladores libertarios por manotear créditos de la banca estatal. No discutamos la novela rusa; sigamos evaluando las políticas y los comportamientos del gobierno libertario.
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merce lerma
merce lerma@LermaMerce·
@JMilei GORDA también con el correo curra ADORNI??? TODOS LOS DÍAS UN "NEGOCIO" NUEVO LE APARECE???????
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merce lerma
merce lerma@LermaMerce·
@JMilei Che GORDA queremos saber de todos los afanos de ADORNI y las compras de Karina de alimentos para la quinta de olivos. Que hacen unas ollas populares vip ahí, por la calidad de los alimentos digo. Pregúntale a ADORNI a cuántas jubiladas más le va a pedir hipotecas?
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merce lerma
merce lerma@LermaMerce·
@ArrepentidosLLA ya había dejado expuesto a Caputo cuando le preguntó cuando iba a traer SU plata a la Argentina
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Arrepentidos de Milei
Arrepentidos de Milei@ArrepentidosLLA·
El gobierno de Javier Milei le PROHIBIÓ la entrada a Casa Rosada a Jon Heguier por dejar totalmente EXPUESTO a Manuel Adorni en su última conferencia. La semana pasada suspendió su conferencia, ahora expulsaron a los que preguntan sobre la corrupción del gobierno
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Gimena Fuertes 💚
Gimena Fuertes 💚@gimenafuertes·
Un saludo al no periodista Santiago O Donnell operador yanki que logró la exclusión de las y los acreditados en Casa Rosada a pedido de Manuel Adorni.
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Julia Strada
Julia Strada@Juli_Strada·
No te pongas nervioso Edu, que te va a dar algo. Solo tenés que pedirles que te muestren los papeles. Vos mismo dijiste que el tema era si había o no ventanilla VIP. Pediles. No te achiques. Tenés espaldas para bancar!!!
Eduardo Feinmann@edufeiok

Ud Diputada @Juli_Strada es una cínica como todo kirchnerista. Nadie me manda a decir nada. NADIE! Hago periodismo, busco información. Me tienen sin cuidado los nenazos de Caputo o los meneos como vos de Cristina. Saludos. Aplaudo que haya sacado tu crédito Hipotecario.

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Santiago O'Donnell
Santiago O'Donnell@santiodonnell·
La quita selectiva de acreditaciones sin explicación en la Rosada y el Congreso es un acto cínico y peligroso de censura que el periodismo debería repudiar y combatir sin grieta. Señor presidente Milei, devuelva las acreditaciones.
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