Carlos Paez

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@CarlosPaezS

Escritor, emprendedor, etc. Autor de Carmona inc, Kuroi jukai, Neo tokio, Megavalpo, Black condor y mas locuras. Tambien hablo de geopolitica en Youtube.

Santiago, Chile Katılım Temmuz 2009
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Carlos Paez
Carlos Paez@CarlosPaezS·
@LatrincheraCL @FACh_Chile Los f5 deben salir de primera linea (mientras antes mejor, asi quedan como entrenadores por un rato) Y chile necesita un caza de superioridad para mantener ventaja regional. El diagnostico es claro. Lo que hay que ver es el tratamiento. Typhoon usado? F35? Viper?
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LaTrincheraCHILE®
LaTrincheraCHILE®@LatrincheraCL·
🇨🇱 Interesantes declaraciones del Ministro de Defensa, Fernando Barros Tocornal, sobre la modernización a mediano/corto plazo de los F-5E Tigre III de la @Fach_Chile. Un paso incipiente que abrirá el apetito de oferentes internacionales, pero donde hay que mantener la perspectiva. El eventual programa de reemplazo deja dudas: ¿Se busca igualar capacidades regionales con el F-16 Block 70? ¿Se planea un salto mayor? Si se aceptan opciones de segunda mano, las alternativas europeas entrarán en juego. Para gustos, colores. Por mediano a corto plazo, ¿a qué se refieren? 3 años, 5 años o 10 años. Lo importante es dejar trabajar a la FACh. Históricamente, con una fracción del presupuesto de países europeos, han entregado una fuerza en calidad humana y material que la convierte, según cómo se mida, en la 1° o 2° de Sudamérica. Confianza en su criterio. 🛡️✈️ (Fotografía: @FACh_Chile)
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Carlos Paez
Carlos Paez@CarlosPaezS·
@CuchitaAmigo En chile el sector inmobiliario esta estructurado en torno a un cartel monopolico aun mas sucio que la opep, una colusión "legal" que les permite a las inmobiliarias tener el sarten por el mando, se llama camara chilena de la construcción.
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Harrison Ford
Harrison Ford@HarrisonFordLA·
May the fourth be with you
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Agarra la Pala
Agarra la Pala@agarra_pala·
🚨🇺🇸 LLEGÓ EL DÍA GORDOS: MILEI SE VA A SUBIR AL PORTAAVIONES USS NIMITZ, UNA ADVERTENCIA FUERTÍSIMA CONTRA REINO UNIDO 🦁 Pasará por las Islas Malvinas, directamente NO TIENEN FORMA DE CRÍTICARLO. GORDOS, CON MILEI NOS TRAEMOS LAS MALVINAS A CASA @JMilei
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Carlos Paez
Carlos Paez@CarlosPaezS·
@Lautaro_Chile Dificil que los europeos compren coreano considerando las ventajas tributarias de la ue por comprar europeo. Pero nos conviene mucho que participen y se vean los precios que los coreanos pueden ofrecer. En el concurso tailandes corea ofrece al 4000 a 450 mills dls
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Lautaro
Lautaro@Lautaro_Chile·
Los coreanos ofreciendo a los daneses hasta 4 Fragatas HDF-6000 para 2031 y un 20-30% más baratos... va a estar interesante ver cómo responden Babcock y los demás europeos.
Navy Lookout@NavyLookout

Competition for 🇩🇰Danish Frigate project (Which includes Babcock Arrowhead 140) intensifies. 🇰🇷South Korean HD Hyundai Heavy Industries (HHI) claims it can deliver up to four HDF-6000 frigates by 2031 and is 20-30% cheaper than European options. dr.dk/nyheder/indlan… H/T @HthHans

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Carlos Paez
Carlos Paez@CarlosPaezS·
@CoraxBzh Argentina podía eventualmente enfrentar a un enemigo en un lado, pero nunca sera posible un conflicto a dos o tres frentes. Y a mediano plazo, para chile la cercanía con uk es infinitamente mas conveniente y solida, a la constante improvisación y esquizofrenia diplomatica argenta
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Carlos Paez
Carlos Paez@CarlosPaezS·
@CoraxBzh Solo le falto atacar a brasil durante los 70s para asegurar su total indefeccion. La junta rompió básicamente la via legal y diplomatica por malvinas. Pero tambien condiciono la real politik futura al enemistarse con chile a perpetuidad y favoreciendo una alianza chile uk
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Corvus Corax Britannicus 🇪🇺🇦🇷🌿
Tu análisis es serio y plantea un punto importante: la guerra de 1982 modificó profundamente el equilibrio político y jurídico. Coincido en que, desde entonces, el Reino Unido consolidó hechos que fortalecieron su posición, especialmente el control efectivo, la continuidad administrativa y el peso creciente de la voluntad de los isleños dentro del discurso occidental. Sin embargo, introduciría un matiz importante. El gran error argentino de 1982 no fue necesariamente intentar recuperar las islas. El error decisivo fue haber aceptado que la caída de Puerto Argentino equivalía al final absoluto del conflicto. Allí aparece una diferencia histórica interesante. Cuando Francia firmó el armisticio de 1940, el general de Gaulle afirmó: “hemos perdido una batalla, no hemos perdido la guerra”. Cuesta imaginar a Galtieri pronunciando algo semejante. La Junta interpretó la derrota táctica como clausura estratégica. ambién coincido contigo en que la cuestión difícilmente podría resolverse en La Haya. Precisamente porque no estamos ante un desacuerdo técnico menor, sino ante un litigio de soberanía donde ambas partes consideran poseer títulos equivalentes. Los arbitrajes internacionales suelen intervenir cuando existe voluntad previa de aceptar un límite o precisar una interpretación. Nunca hubo mediación internacional sobre el corazón del conflicto entre Chile y Argentina por la Patagonia oriental, porque las soberanías profundas rara vez se someten voluntariamente a un tercero. Respecto a los kelpers, la cuestión merece precisión jurídica. Naciones Unidas no los considera una población autóctona en el sentido clásico de los procesos de descolonización. Eso no implica negarles derechos. Los tienen, y plenamente. Argentina, si alguna vez aspira a una solución realista, debería ofrecer garantías amplias sobre identidad, autogobierno, lengua y modo de vida. Pero otra cosa distinta es convertir a esa población en árbitro exclusivo de una soberanía disputada desde antes de su propia constitución histórica. En el fondo, creo que llegamos al mismo punto. El derecho existe, los argumentos también. Pero el árbitro último, en este tipo de cuestiones, nunca ha sido exclusivamente jurídico. Ha sido la fuerza. Hoy Argentina no posee los medios suficientes para alterar el equilibrio. Eso es evidente. Pero la historia rara vez permanece inmóvil. Las soberanías marítimas cambian lentamente, a veces cuando nadie lo espera.
Carlos Paez@CarlosPaezS

@CoraxBzh Es una cantidad de posibilidades tan poco probables y/o a tan largo plazo que estadísticamente rozan la imposibilidad. Y la realidad actual es una sola, las falklands han sido, son y serán al menos por las siguientes decadas, británicas.

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Carlos Paez
Carlos Paez@CarlosPaezS·
@CoraxBzh Es una cantidad de posibilidades tan poco probables y/o a tan largo plazo que estadísticamente rozan la imposibilidad. Y la realidad actual es una sola, las falklands han sido, son y serán al menos por las siguientes decadas, británicas.
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Carlos Paez
Carlos Paez@CarlosPaezS·
@CoraxBzh Un conflicto bélico donde argentina sea superior a uk, la commonwealth y eventualmente la OTAN. Que usa ponga a argentina por encima que su mas antiguo aliado Que haya un cambio geopolitico mayor mundial y continental justo en la dirección adecuada Etc...
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Corvus Corax Britannicus 🇪🇺🇦🇷🌿
Una lectura chilena de Malvinas, y lo que esa mirada no alcanza a ver El artículo chileno posee una virtud que conviene reconocer desde el inicio: rehúye el sentimentalismo y se esfuerza por pensar la cuestión Malvinas dentro de una lógica de poder, equilibrios y dependencias internacionales. En tiempos donde la discusión suele reducirse a consignas patrióticas o a reflejos ideológicos, esa voluntad de análisis merece ser tomada en serio. Sin embargo, leído desde una sensibilidad argentina, el texto también revela algo más profundo. No sólo cuestiona la política exterior actual de Buenos Aires. También deja entrever una convicción más amplia, casi silenciosa, según la cual la soberanía británica sobre las islas habría alcanzado una estabilidad irreversible y cualquier expectativa argentina pertenecería más al terreno del deseo que al de la estrategia. Es precisamente allí donde conviene detenerse. Porque el problema no reside únicamente en si Milei exagera el alcance de una filtración del Pentágono o si parte de la prensa argentina proyectó sobre un documento ambiguo deseos largamente acumulados. El problema es más profundo y tiene que ver con la manera misma en que se concibe la cuestión Malvinas dentro de cierta mirada estratégica regional. El análisis chileno parece asumir, quizá sin decirlo explícitamente, que la soberanía británica alcanzó un grado de estabilidad irreversible. Como si el tiempo hubiese terminado por convertir una ocupación discutida en una realidad definitiva. Como si el simple transcurso de los años hubiera borrado progresivamente el conflicto. Y es precisamente esa idea la que merece ser interrogada. Porque la historia internacional no funciona como una sedimentación automática. Ningún territorio permanece inmutable sólo porque haya permanecido suficiente tiempo bajo una administración determinada. Las soberanías marítimas, más que ninguna otra forma de posesión política, dependen de equilibrios variables, de capacidades militares, de alianzas y de transformaciones globales que rara vez permanecen inmóviles. La ilusión de la estabilidad permanente El texto parte de una premisa razonable: un correo interno del Pentágono no modifica por sí mismo la política exterior de Estados Unidos. Tiene razón. Washington no va a transferir las islas a Buenos Aires ni existe una negociación secreta en marcha. Nadie serio podría sostener semejante idea. Pero el error aparece cuando se concluye que, porque el episodio no constituye un cambio inmediato, carece de importancia estratégica. En política internacional, los cambios decisivos rara vez comienzan como decisiones formales. Antes de convertirse en doctrina, aparecen como señales, insinuaciones, fisuras, cambios de tono. Las grandes mutaciones geopolíticas suelen anunciarse primero mediante gestos ambiguos. El correo filtrado importa menos por lo que dice explícitamente que por lo que revela implícitamente: por primera vez en decenios, en ciertos sectores del aparato norteamericano aparece la idea de utilizar las «posesiones imperiales» europeas como herramienta de presión. Esas posesiones no se limitan a las Malvinas, incluyen por ejemplo Groenlandia o la Guyana francesa. Eso no significa que Washington vaya a apoyar inmediatamente la posición argentina. Significa algo más interesante: que la cuestión deja de estar completamente congelada. El artículo chileno insiste en que Argentina interpretó demasiado. Tal vez. Pero también podría decirse que el autor chileno interpreta demasiado poco. La doctrina multilateral: una estrategia honorable, pero insuficiente Uno de los argumentos centrales del texto chileno sostiene que el gobierno argentino habría abandonado una tradición diplomática cuidadosamente construida durante decenios. Según esa lectura, Buenos Aires habría sustituido la presión multilateral por una apuesta más incierta, dependiente de afinidades ideológicas y coyunturas políticas. Existe allí una parte de verdad. Durante largo tiempo, la política argentina respecto de Malvinas se sostuvo sobre una arquitectura paciente y metódica. Naciones Unidas, la Resolución 2065, el Comité de Descolonización, la OEA, el Mercosur, la CELAC y otros organismos internacionales permitieron mantener abierta la discusión. Argentina logró impedir que la cuestión fuera absorbida por la normalidad diplomática británica. Esa persistencia no fue menor. Sin ella, el Reino Unido habría conseguido instalar la idea de que el litigio pertenecía al pasado. La diplomacia argentina consiguió algo esencial: preservar la existencia jurídica del conflicto. Sin embargo, también conviene observar el reverso de esa estrategia. Durante más de cuatro decenios, Londres no modificó su posición. No aceptó discutir soberanía. No redujo la presencia militar. No abandonó la explotación económica de las aguas circundantes. No suspendió proyectos energéticos ni alteró la estructura institucional del archipiélago. Las declaraciones multilaterales produjeron legitimidad simbólica, pero no alteraron el equilibrio material. El artículo chileno parece asumir que la vieja doctrina representaba una estrategia eficaz que fue reemplazada por una improvisación coyuntural. Desde una mirada argentina, la cuestión puede formularse de otra manera. El multilateralismo mantuvo viva la causa, pero nunca consiguió desplazar el eje real del poder. No alcanzó para modificar la relación de fuerzas. Conservó el conflicto, pero no lo acercó necesariamente a una solución. El problema de pensar la historia como algo terminado Uno de los pasajes más reveladores del artículo chileno aparece cuando describe la evolución futura de las islas como si se tratara de un proceso lineal y prácticamente irreversible. Las Malvinas serían, según esa lógica, una comunidad cada vez más próspera, integrada de manera definitiva a la órbita británica, fortalecida por los recursos pesqueros, por los posibles hidrocarburos y por una identidad kelper consolidada. La argumentación posee coherencia. Resulta razonable imaginar que un territorio pequeño, estable y económicamente favorecido tienda a reforzar su continuidad institucional. Sin embargo, existe un riesgo cuando se observa la historia desde la comodidad del presente: el de suponer que aquello que parece sólido hoy permanecerá inalterado mañana. La prosperidad económica no garantiza por sí sola permanencia política. Los territorios insulares han cambiado de soberanía muchas veces, incluso después de largos períodos de estabilidad. Hong Kong permaneció británica durante más de un siglo antes de regresar a China. Macao continuó bajo administración portuguesa hasta tiempos relativamente recientes. El Canal de Panamá dejó de pertenecer al universo estratégico norteamericano. Goa fue portuguesa durante siglos antes de integrarse a India. Nada de ello parecía probable hasta que cambió el equilibrio general. El artículo chileno interpreta la continuidad actual como si equivaliera a eternidad. Pero la historia rara vez funciona así. Las soberanías marítimas dependen de algo más frágil que la mera administración cotidiana. Dependen de la fuerza que las sostiene, de la voluntad política que las financia, de la percepción internacional que las legitima y de la persistencia de un orden geopolítico que nunca permanece intacto para siempre. Las Malvinas poseen estabilidad. Eso es cierto. Lo que no poseen es clausura histórica. La asimetría material: una verdad incompleta El autor afirma que Argentina no posee capacidad militar para alterar el statu quo. En el corto plazo, probablemente tenga razón. Las Fuerzas Armadas argentinas están lejos de contar con medios comparables a los británicos y sería irresponsable sugerir otra cosa. Sin embargo, la cuestión no puede reducirse únicamente a una fotografía del presente. La relación de fuerzas entre Estados no permanece fija. Evoluciona. Se modifica con los recursos disponibles, con la voluntad política, con el desgaste económico y con la transformación de las prioridades estratégicas. Porque la pregunta central no consiste únicamente en saber qué puede hacer Argentina hoy. La verdadera pregunta es qué podrá hacer dentro de veinte años. Y, del mismo modo, qué podrá sostener el Reino Unido dentro de veinte años. El texto chileno describe la superioridad británica como si se tratara de una constante histórica inalterable. Pero el poder naval también envejece. Las capacidades logísticas se erosionan. Las prioridades presupuestarias cambian. Los imperios marítimos rara vez desaparecen de golpe; suelen reducir lentamente su radio de acción hasta que ciertas posiciones dejan de ser sostenibles. La Royal Navy conserva prestigio histórico, pero atraviesa limitaciones estructurales visibles. La reducción de efectivos, la escasez de unidades operativas y la creciente dificultad para sostener despliegues prolongados plantean dudas que ya forman parte del debate estratégico británico. Defender un archipiélago situado a miles de kilómetros exige algo más que símbolos históricos. Exige capacidad logística continua, voluntad política, recursos permanentes y una opinión pública dispuesta a asumir costos durante largos períodos. Nada de eso puede darse por garantizado eternamente. La cuestión kelper y el problema del derecho internacional El artículo chileno adopta un razonamiento que remite menos a una neutralidad jurídica que a una vieja lógica británica, aquella que históricamente transformó situaciones de hecho en argumentos de legitimidad. El referéndum de 2013 aparece presentado como una prueba casi definitiva, como si la voluntad de los habitantes actuales bastara por sí sola para cerrar un litigio cuya raíz es muy anterior. Desde una perspectiva argentina, la cuestión exige mayor complejidad. Los isleños poseen derechos. Nadie sensato podría negarlo. Tienen derecho a conservar su lengua, sus instituciones locales, sus costumbres, su forma particular de vida y el equilibrio social construido durante generaciones. Sería absurdo imaginar una solución que ignorara esa realidad humana. Sin embargo, reconocer derechos civiles no implica necesariamente aceptar que una población implantada por la potencia administrante pueda decidir de manera exclusiva el destino soberano de un territorio cuya disputa antecede ampliamente a esa misma población. Allí reside una de las diferencias centrales entre la interpretación británica y la doctrina argentina. El Reino Unido ha procurado durante decenios trasladar el conflicto hacia el terreno de la autodeterminación. Es una estrategia comprensible. Resulta más fácil defender un principio moralmente atractivo que justificar una ocupación heredada del siglo XIX. Pero Naciones Unidas nunca interpretó Malvinas como un caso clásico de descolonización. No habla de un pueblo colonizado enfrentado a una metrópoli. Habla de una controversia entre dos Estados. La diferencia es decisiva. Porque el problema jurídico no consiste únicamente en saber qué desean los habitantes actuales, sino también en determinar cómo se originó la situación histórica que hizo posible esa población. Desde la visión argentina, los kelpers no constituyen un pueblo originario separado de la controversia, sino una comunidad surgida dentro de una administración colonial posterior a 1833. El artículo chileno pasa rápidamente sobre este punto, quizá porque la política británica logró imponer durante años una narrativa más simple, más fácil de comprender y más eficaz desde el punto de vista mediático. Sin embargo, las cuestiones territoriales rara vez se resuelven mediante simplificaciones morales. Suelen descansar sobre capas superpuestas de derecho, continuidad histórica, fuerza y reconocimiento internacional. El error de pensar que la historia ya terminó El artículo chileno concluye que la estrategia argentina actual sería, en el fondo, una espera. Una espera sostenida por expectativas externas, dependiente de ciclos políticos y de hipotéticos cambios internacionales. La formulación es elegante y posee cierta fuerza analítica. Pero también encierra una simplificación. Porque toda política territorial de largo plazo implica necesariamente una dimensión de espera. España continúa esperando respecto de Gibraltar. China espera respecto de Taiwán. Serbia espera respecto de Kosovo. Marruecos mantiene una espera paciente sobre Ceuta y Melilla. Los conflictos históricos rara vez se resuelven mediante decisiones rápidas. Suelen desplazarse lentamente, como capas geológicas que apenas parecen moverse mientras acumulan tensión bajo la superficie. La espera no constituye necesariamente una debilidad. Lo que sí representa un problema es la ausencia de preparación. La diferencia fundamental no reside entre quienes esperan y quienes actúan, sino entre quienes utilizan el tiempo para reconstruir capacidades y quienes simplemente aceptan la inmovilidad. El artículo chileno observa con precisión las limitaciones argentinas actuales, pero tiende a considerar esas limitaciones como si fueran permanentes. Allí aparece nuevamente la tentación de confundir presente con destino. Nada garantiza que la correlación estratégica de hoy permanezca idéntica dentro de treinta años. Los Estados cambian, las economías se transforman, las alianzas se reconfiguran y las prioridades globales mutan. La historia de los territorios disputados está llena de períodos prolongados de aparente inmovilidad que terminaron alterándose cuando cambiaron las circunstancias generales. Lo que una mirada argentina podría responder Desde una perspectiva argentina, la respuesta al análisis chileno no debería consistir en negar las dificultades ni en refugiarse en consignas fáciles. El problema de Malvinas exige una mirada más paciente y menos emocional. Argentina no debe depender exclusivamente de Donald Trump ni de una eventual fractura entre Washington y Londres. Sería ingenuo reducir una cuestión de dos siglos a la simpatía ocasional entre dirigentes. Tampoco conviene abandonar el trabajo diplomático acumulado durante decenios. Las resoluciones internacionales siguen siendo importantes porque mantienen abierto el reconocimiento de una disputa. Pero quizá el error más profundo sería aceptar que la historia ya terminó. El análisis chileno observa correctamente las limitaciones argentinas presentes. Sin embargo, presta menos atención a las vulnerabilidades británicas, al desgaste gradual de ciertas capacidades imperiales y a la transformación del orden internacional. Subestima, sobre todo, el hecho de que la estabilidad nunca es definitiva. Las Malvinas no volverán por una filtración del Pentágono. Tampoco regresarán únicamente por una resolución de Naciones Unidas. Ningún documento aislado modifica una realidad construida durante generaciones. Si algún día cambia la situación, será porque converjan lentamente varios factores: una Argentina más fuerte, un Reino Unido menos capaz de sostener costos crecientes, un entorno internacional distinto y una propuesta política suficientemente inteligente para integrar a los isleños sin destruir aquello que consideran propio. Allí reside quizá la cuestión más delicada. Argentina no podrá limitarse a reclamar. Deberá también imaginar. Porque ningún proceso serio será posible mientras los habitantes de las islas crean que el retorno argentino significaría la desaparición de su identidad. La verdadera inteligencia estratégica consistirá en ofrecerles algo que Londres difícilmente pueda garantizar eternamente: una pertenencia nueva sin pérdida de singularidad. La historia rara vez devuelve territorios por insistencia retórica. Los devuelve cuando cambian las condiciones que parecían inmutables. @MarceloLlambia2 @pabloquirno @JMilei @Cancilleria_Ar @MalvinasOficial @FAArgentinas @AldoAdolfoLeiva @laderechadiario @RosendoFraga1 @VickyVillarruel @HoplitaPluma
LaTrincheraCHILE®@LatrincheraCL

Por qué el entusiasmo de medios y personeros argentinos sobre la actitud estadounidense en relación a Falkland/Malvinas es una exageración que convendría moderar. Sale columna de opinión. latrinchera.cl/el-sueno-argen…

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Carlos Paez
Carlos Paez@CarlosPaezS·
@d_foubert Chilean territory, argentina have nothing to do there, let them try to block, chilean military power is far above our broke neighbours
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Carlos Paez
Carlos Paez@CarlosPaezS·
@amuse That is bullshit, the Nimitz is now un Chile, and have no business in falklands. Argentina is now broke again, the economy is falling to the deep, and a severe crisis is on the way, so they play the "malvinas" card as usual in every pathetic argentinian regime.
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Carlos Paez
Carlos Paez@CarlosPaezS·
@delurens Tres veces hemos tomado Lima y se la regalamos de nuevo. Porque carajo se te ocurre que queriamos arequipa?? Hace 150 años que somos un país sin guerras, literalmente top 5 mas pacifico del mundo, mientras Perú se ha peleado y perdido con todos sus vecinos hasta hace pocos años.
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𝙻𝚞𝚒𝚜 𝙼𝚊𝚝𝚊𝚖𝚘𝚛𝚘𝚜®
No sabes nada de geopolítica, te cuento: Ecuador quiere, Tumbes, Jaen y Maynas. Colombia hasta Leticia. Brasil ser bioceanico. Bolivia salida al mar. Chile hasta Arequipa. Con la estabilidad de la moneda y la potencia comercial que tenemos con el puerto de Chancay ya empiezan los tambores de guerra. Prepárate para la guerra si quieres la paz.
𝙻𝚞𝚒𝚜 𝙼𝚊𝚝𝚊𝚖𝚘𝚛𝚘𝚜® tweet media
La Treintañera +6@acuariana_25

Y para qué chucha son los aviones de guerra en estos momentos!!!! Con quién nos vamos a mechar???? El Perú necesita camillas para hospitales, carpetas para los colegios y un sin fin de necesidades de mayor importancia, pero NO hay que comprar aviones de mierda.

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Carlos Paez
Carlos Paez@CarlosPaezS·
@PortalANTARTIDA @jpberlinger Facil vayan a la haya, a ver el portazo que les dan, especialmente con el historial diplomatico nefasto de argentina. Si creen en la fantasia de "malvinas" vayan a pelearla a la cij, o van a "retromarchar" ahi tambien?
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Portal Antártida 🇦🇶
Portal Antártida 🇦🇶@PortalANTARTIDA·
@jpberlinger Que curioso… La ONU, OEA, MERCOSUR, G77+ China (entre otros) y la Cancillería Chilena dicen otra cosa. Nos puede comentar que países reconocen la soberanía británica sobre las islas? Y cuales sostienen su misma “teoría “ respecto de esta disputa? Para saber nomas 😉
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Juan Pablo Berlinger
Juan Pablo Berlinger@jpberlinger·
Una excelente reflexión, con una omisión importante: el tema de las Falklands. Desde el primer conflicto Chile-Argentino han estados presentes. La Patagonia se colonizó desde las Falklands y hasta Ushuaia fue fundado por falklanders. Estamos ante un conflicto trilateral🇨🇱🇫🇰🇦🇷
Juan Pablo Berlinger tweet mediaJuan Pablo Berlinger tweet mediaJuan Pablo Berlinger tweet mediaJuan Pablo Berlinger tweet media
Corvus Corax Britannicus 🇪🇺🇦🇷🌿@CoraxBzh

Hay algo casi cíclico, y por momentos inquietante, en esa tentación de algunos exaltados de ambos lados de los Andes que imaginan que los desacuerdos entre Chile y la Argentina podrían resolverse por la vía de las armas. No es un desvarío reciente, ni tampoco una extravagancia limitada a la crisis de 1978, cuando sectores del gobierno militar argentino acariciaron la fantasía de un ataque. Esa pulsión viene de mucho más atrás. A fines del siglo XIX, cuando la superioridad naval chilena comenzaba a erosionarse rápidamente, el clima era igualmente febril. En Chile, no pocos creyeron que era el momento de zanjar definitivamente la cuestión con la Argentina por la fuerza, antes de que el equilibrio se inclinara del otro lado. Y entre los más vehementes no se encontraba un militar, sino el propio embajador de Chile en Buenos Aires, Joaquín Walker Martínez. Como recuerda el historiador estadounidense George von Rauch, Walker Martínez, en su correspondencia privada con el canciller La Torre y el subsecretario Phillips, dejaba traslucir una impaciencia casi febril. Se indignaba ante lo que percibía como maniobras dilatorias de la diplomacia argentina, pero también se desesperaba frente a un gobierno chileno que consideraba débil y excesivamente prudente. El tiempo, para él, corría en contra. En pocas semanas, advertía, la llegada de nuevos buques argentinos alteraría de manera irreversible la relación de fuerzas en el mar. Y entonces, ¿qué sería de Chile? Su conclusión era tajante, casi brutal en su simplicidad: sólo una guerra inmediata podía evitar ese desenlace. «Una campaña marítima terminaría la contienda», escribía. «En tres meses más, las posibilidades en el mar nos serán contrarias». En cierto modo, no se equivocaba en el diagnóstico. Entre 1896 y 1898, la incorporación por parte de la Argentina de cuatro cruceros acorazados puso fin a la supremacía naval chilena. Cuando Santiago intentó reaccionar, buscando créditos en Londres para recomponer su flota, se encontró con una realidad implacable: el financiamiento estaba cerrado. La carrera armamentista había llegado a su límite. Y fue precisamente esa imposibilidad de seguir escalando lo que empujó finalmente a ambos países hacia un entendimiento, completando y consolidando los acuerdos vigentes. Décadas más tarde, en los años 70 del siglo XX, la tentación volvió a aparecer, esta vez del lado argentino. También entonces hubo quienes creyeron en la ilusión de una guerra rápida, decisiva, casi quirúrgica. Sabemos cómo terminó esa historia: no en combate, sino en una mediación que evitó una tragedia. Por eso sorprende, o tal vez no tanto, escuchar hoy a algunos que, con liviandad alarmante, evocan escenarios de confrontación como si se tratara de una partida de ajedrez. Cualquiera con un mínimo de sentido común entiende que una guerra entre Chile y la Argentina no sería un episodio breve ni controlado. Sería el comienzo de una cadena de conflictos, de pérdidas irreparables, de generaciones marcadas por el duelo. Nuestros países ya han recorrido ese camino de tensiones, de recelos y de equilibrios inestables. Y también han sabido encontrar, no sin esfuerzo, la senda del acuerdo. Esa es la verdadera enseñanza de la historia. La única vía razonable es la del entendimiento, la cooperación y, por qué no decirlo, una cierta fraternidad rioplatense y andina. No es casual que en Santiago se haya erigido un monumento para honrar a quienes defendieron la patria frente a las invasiones inglesas de comienzos del siglo XIX. Ese recuerdo remite a un tiempo en que, antes de las fracturas, existía una comunidad más amplia, un destino compartido en el extremo austral del mundo. Conviene no olvidarlo. Porque, más allá de las fronteras actuales, hay hilos históricos y culturales que vuelven a tensarse en los momentos decisivos. Y porque, frente a la tentación siempre renovada del conflicto, la verdadera inteligencia política consiste en preservar la paz entre naciones que, en el fondo, nunca han dejado de ser vecinas, y en cierto modo, hermanas. @HoplitaPluma @glafferriere @jpberlinger

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Jose Javier
Jose Javier@JoseJavierGo·
@LatrincheraCL La compra de los F-16 en el Perú sigue sin cerrarse, no hay contrato firmado ni desembolsos, solo un cronograma heredado que no es inamovible. José María Balcázar reconoce en @exitosape que es una decisión de gran magnitud por el endeudamiento que implica y al tratarse de un gobierno transitorio, plantea que lo más adecuado sería dejarla en manos del próximo gobierno con legitimidad electoral. Mientras tanto, evaluará el tema con su gabinete e incluso considera recoger la opinión de los candidatos, reforzando la idea de que una decisión de este peso debe ser asumida por una administración estable y respaldada por el voto popular
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