
Dongervasio
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Dongervasio
@DongervasioSS
Amante del jazz, bossa blues. Incredulo, desecho lo superficial. Se escuchar.








Hablando de @mbachelet : aqui , en Cumbre de APEC 2014, Beijing. Una foto vale mas que mil palabras ! @sebastian_gray









Si yo fuese gerente de una empresa, la dejo con 0 liquidez al final del año contable, de hecho pateo facturas para el siguiente año y antes de entregar la gerencia tomo un crédito para simular solvencia económica, me buscarian con la policía. Pero si lo hace Grau está perfecto... Dime @grok : que pasaría en Chile si un gerente hiciese lo antes descrito?







QUINCE DÍAS BASTARON PARA CAER AL VACÍO Manual exprés de cómo dinamitar la confianza, encarecer la vida y llamar “orden” al caos. Hay quienes prometen “poner orden” y terminan ordenando el desastre con una eficiencia admirable, sin embargo, el debut del gobierno de José Antonio Kast ha tenido una rara virtud, en quince días logró convertir la expectativa en parodia y el programa en una colección de impulsos mal coordinados. Partamos por la joya conceptual, declarar a Chile “en quiebra”. No sólo es falso; es, además, un acto de pirotecnia verbal que detona la confianza, tensiona expectativas y le hace un guiño a la inestabilidad. Una especie de autosabotaje con vocación pedagógica: primero asustamos al paciente, después le explicamos que era por su bien. El bolsillo, mientras tanto, agradece la fineza: diésel +580 pesos, gasolinas +370. Un ajuste quirúrgico, pero con guillotina. La inflación, siempre atenta a los gestos políticos, recoge la invitación y se prepara para bailar. Y cuando alguien pregunta por la coherencia, aparece la propuesta de bajar impuestos a los más acomodados. Porque si algo enseña la teoría económica versión Fruna. es que la desigualdad se corrige… ampliándola con convicción. La disciplina fiscal entra en escena con un hallazgo digno de museo: recortar 3% a todo, sin distinguir funciones, impactos ni prioridades. Salud, educación, seguridad: todo cabe en el mismo cajón. Es la ingeniería pública reducida a regla de tres simple. Y, para mantener el suspenso, se recortan recursos en seguridad y a Carabineros por decenas de miles de millones, en paralelo a una retórica que declara la delincuencia como enemigo existencial. Es como apagar incendios retirando agua por razones de austeridad. En política exterior, la innovación es geológica: una zanja. No resuelve, pero simboliza. Y vaya que simboliza: aislamiento, torpeza y una relación bilateral tratada como trámite doméstico. La frontera convertida en obra conceptual de la improvisación. El menú sigue: suspensión de la expropiación de Colonia Dignidad —tema que exige delicadeza y memoria—, paralización de la ciclovía de la Alameda que usarán miles, reactivación de una ley de pesca con aroma a pasado incómodo. Todo en nombre de una épica que confunde convicción con porfía. La seguridad institucional, por su parte, entra en modo centrifugado: remoción de inspectores, descabezamiento en la PDI, y la perla mayor —declarar que no hay Estado de derecho— desde el propio Estado. Una innovación interesante: deslegitimar el tablero mientras se juega la partida. En el plano simbólico, el gobierno decide inaugurar un Walmart como acto de Estado. La liturgia republicana, ahora con cinta de embalaje. Y, para cerrar, un rodeo elevado a ceremonia de unidad nacional, con performance de la primera dama incluida. El poder confundiendo cercanía con caricatura, tradición con distractor, política con espectáculo. Entre tanto, la delincuencia —según los propios datos que circulan— no espera discursos: avanza. Pero no hay problema; siempre queda una cuña, una zanja o un corte lineal de presupuesto para explicar lo inexplicable. ¿Ignorancia, perversión o estupidez? Tal vez la taxonomía queda corta. Aquí hay algo más sofisticado: la convicción de que la realidad es maleable a punta de eslogan, que la técnica es un estorbo y que el relato puede reemplazar a la gestión. Un experimento en tiempo real donde el costo lo paga, como siempre, el ciudadano que creyó que “orden” significaba otra cosa. Quince días bastaron para erosionar confianzas, encarecer la vida y trivializar decisiones complejas. Quince días para demostrar que gobernar no es gritar más fuerte ni cortar parejo, sino discriminar, priorizar y entender consecuencias. Lo inquietante no es el error —inevitable en cualquier administración—, sino su elevación a método. Cuando la torpeza se institucionaliza, el desastre deja de ser una hipótesis y se vuelve cronograma con fecha de autodestrucción. @MisColumnas


























