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Nico Bustamante
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Nico Bustamante
@El_NicoB
Soy diseñador gráfico... y eso, no soy tan interesante 😁. Tambien me gusta leer cómics, series y cine, basket, las pizzas y asados.
chile Katılım Ağustos 2009
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@El_NicoB @LuigiWrestling ¿acaso no se han incrementado los seguidores este último año?
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Sami Zayn dijo en 2024 que llevaba tiempo presionando a WWE para que haga un PLE en Santiago, Chile, señalando que es una de las bases de fans más auténticas del mundo.
Stephanie Vaquer, chilena, ha sido campeona mundial por bastantes meses y es un nombre más que establecido en RAW.
Y ahora, una cola de más de 40.000 personas para comprar entradas para un house show. No para un RAW o SmackDown, para un house show. Y ya no hay entradas.
Tarda, y mucho, WWE en hacer en Chile algo grande.

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@kais__91 @LuigiWrestling Es literal lo que dices, atribuyes este fenómeno al impacto de Stephanie Vaquer, y yo refuto que no es así… el “fenómeno fan” que mencionas siempre ha estado y ya llenaba el Movistar desde 2008.

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@kais__91 @LuigiWrestling Y un tema más, el cariño de Sami con Chile y su petición de un evento grande acá viene de mucho antes de que siquiera sonara el nombre de Stephanie en WWE.
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@kais__91 @LuigiWrestling La base de fans que agota entradas en minutos ha existido desde el primer show de WWE en Chile, realizado en 2008. Es cierto decir que Vaquer en WWE ha ayudado a aumentar los seguidores, pero a la vez es desconocer que en Chile siempre ha habido una base de fans sólida.
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AJUSTE FISCAL O AJUSTE DEL RELATO.
La reciente circular del Ministerio de Hacienda (ver adjunto), emitida bajo la administración de Jorge Quiroz, pretende instalar con inusual dramatismo la idea de una crisis fiscal inminente.
El documento, prolijo en cifras pero selectivo en contexto, construye un relato donde el desorden y la irresponsabilidad parecen haber sido la norma, y donde el ajuste propuesto se presenta como una suerte de acto heroico de salvataje. Sin embargo, un análisis mínimamente riguroso permite advertir que estamos ante algo más sofisticado que un simple programa de austeridad: estamos frente a una narrativa cuidadosamente diseñada.
Se nos dice que la deuda bruta ha alcanzado un 42% del PIB, como si aquello constituyera un umbral alarmante. Lo curioso es que se omite deliberadamente que, en términos comparados, Chile sigue exhibiendo una de las posiciones fiscales más sólidas de la OCDE. Países desarrollados operan con niveles de deuda que duplican —o incluso quintuplican— esa cifra, sin que ello implique el colapso de sus economías. Más aún, se pasa por alto que este incremento responde, en gran medida, a shocks extraordinarios como la pandemia y procesos de reconstrucción tras desastres naturales. Convertir esa trayectoria en evidencia de descontrol es, en el mejor de los casos, una simplificación; en el peor, una manipulación.
Pero donde la inconsistencia se vuelve evidente es en la arquitectura misma del ajuste. Una rebaja transversal del gasto del 3% —independiente de la naturaleza o sensibilidad del sector— revela una comprensión rudimentaria del rol del Estado. No es lo mismo recortar en áreas críticas como salud o educación que en sectores de menor impacto social. La neutralidad porcentual, lejos de ser técnica, es profundamente regresiva. Se castiga con la misma vara lo que es esencial y lo que es accesorio, como si la política pública fuese un ejercicio contable y no una herramienta de bienestar.
A ello se suma una contradicción difícil de soslayar: mientras se invoca urgencia fiscal para justificar recortes inmediatos y permanentes, el mismo gobierno anuncia rebajas tributarias a las grandes corporaciones. La reducción del impuesto de primera categoría del 27% al 23% se presenta como un alineamiento con estándares OCDE, pero omite un detalle crucial: la recaudación efectiva. En Chile, las grandes empresas terminan pagando en torno al 4,5% de sus utilidades, muy por debajo del promedio OCDE cercano al 6,4%. Comparar tasas nominales sin considerar la carga efectiva es, sencillamente, un ejercicio engañoso.
La pregunta, entonces, es inevitable: si el problema es la sostenibilidad fiscal, ¿por qué debilitar simultáneamente la principal fuente de ingresos? La respuesta parece menos técnica que política. El ajuste no busca exclusivamente ordenar las cuentas, sino reconfigurar prioridades. Bajo el manto de la austeridad, se desplaza el peso del equilibrio hacia el gasto social, mientras se aliviana la carga sobre quienes tienen mayor capacidad contributiva.
El tono del documento refuerza esta tesis. Se habla de “abusos”, “malas prácticas” y “daño a la institucionalidad” con una generalidad que roza la insinuación más que la evidencia. Se instala la sospecha como criterio de gestión, preparando el terreno para recortes que, de otro modo, serían políticamente difíciles de justificar.
En definitiva, más que un ajuste fiscal, estamos ante un ajuste del relato. Se exagera la fragilidad, se omite el contexto y se diseñan medidas que, bajo apariencia técnica, responden a una lógica ideológica clara. El problema no es la necesidad de responsabilidad fiscal —nadie sensato la cuestiona—, sino el uso de esa bandera para impulsar una agenda que, lejos de equilibrar, redistribuye en sentido inverso.
Porque cuando la austeridad se aplica con bisturí sobre lo público y con guante de seda sobre lo privado, ya no estamos frente a una política económica: estamos frente a una decisión de poder.
@MisColumnas



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LA FALACIA FISCAL DE LA REBAJA TRIBUTARIA
1ª Parte
A pocos días de asumir, el nuevo gobierno anunció su intención de reducir la tasa del impuesto corporativo desde el 27% hacia el promedio de la OCDE, cercano al 23%. La justificación parece simple: Chile tendría una carga tributaria superior a la de las economías desarrolladas, lo que —según el relato oficial— estaría frenando la inversión y el crecimiento.
El argumento, sin embargo, se derrumba cuando se examinan los datos con rigor económico.
La 1ª falacia es comparativa. Los países de la OCDE poseen economías estructuralmente distintas a la chilena. Su PIB per cápita es, en muchos casos, el triple o el cuádruple del de Chile o incluso más. Comparar tasas nominales de impuesto corporativo entre economías con bases productivas tan dispares es conceptualmente incorrecto y tramposo.
Un país con ingresos significativamente mayores puede aplicar una tasa menor y aun así recaudar mucho más.
La analogía es simple: una persona que gana diez veces más puede pagar una tasa menor y contribuir con un monto muy superior. Lo relevante no es la tasa nominal aislada, sino la base imponible sobre la cual se aplica. Presentar la rebaja al 23% como una “equiparación” con la OCDE es, en rigor, una entelequia.
La 2ª falacia se refiere a la carga tributaria efectiva. Aunque Chile tiene una tasa nominal del 27% para grandes empresas bajo el sistema parcialmente integrado, la base imponible está fuertemente erosionada por mecanismos legales de reducción tributaria. En 2023, la renta líquida imponible representó apenas el 38% de las utilidades financieras agregadas, producto de depreciaciones aceleradas, arrastre de pérdidas y diversos beneficios tributarios.
El resultado es evidente: la recaudación efectiva proveniente del impuesto corporativo alcanza alrededor del 4,5% del PIB. El promedio ajustado de la OCDE —considerando el tamaño relativo del sector corporativo— se aproxima al 6,4%. Es decir, Chile ya recauda menos que las economías desarrolladas a pesar de tener una tasa nominal mayor. Reducirla ampliaría esa brecha.
3º, el argumento de que la rebaja tributaria se autofinanciará mediante mayor crecimiento carece de respaldo empírico. Esta hipótesis, ha sido refutada reiteradamente. Las reducciones impositivas impulsadas por Reagan en EE.UU., o Thatcher en el Reino Unido no generaron aumentos de recaudación equivalentes al recorte inicial; por el contrario, el resultado fue un incremento persistente del déficit fiscal.
La razón es conocida: las elasticidades de inversión frente a los impuestos corporativos son mucho menores de lo que supone el discurso. La cadena prometida —rebaja tributaria, boom inversor, mayor crecimiento y aumento neto de recaudación— simplemente no ocurre a la escala necesaria para compensar la pérdida fiscal.
En Latam., además, la comparación regional contradice el diagnóstico oficial. México y Costa Rica —los miembros de la OCDE más comparables geográficamente— mantienen tasas corporativas del 30%. Chile, con 27%, se ubica en una posición intermedia.
A ello se suma una característica estructural de la economía chilena: su elevada concentración empresarial. Sectores estratégicos como el retail, la banca, los supermercados o la salud privada están controlados por un número reducido de conglomerados. Reducir el impuesto corporativo en este contexto no equivale a un estímulo general a la actividad productiva. En la práctica, es una transferencia directa hacia un grupo limitado de grandes empresas.
La consecuencia fiscal es clara. Menores ingresos tributarios implican menor espacio para financiar políticas públicas o, alternativamente, mayor déficit fiscal. En ambos casos, el ajuste termina trasladándose hacia el gasto público: programas sociales, inversión estatal o servicios esenciales.
La evidencia es clara: la rebaja tributaria no constituye una estrategia de crecimiento. Es una decisión de redistribución fiscal. Y sus beneficiarios son evidentes. @MisColumnas
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@belutips @entel @entel_ayuda Yo también en Maipú desde las 10am aprox sin fibra… llamé a servicio técnico y me dijeron que era falla masiva 😑
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Alguien más con falla de entel hogar ? @entel @entel_ayuda ? Todo el día sin señal
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@entel @entel_ayuda que pasa con la internet fibra óptica en Maipú? Todo el día sin conexión… llamo, me dicen que es falla masiva y ahora me llega un SMS diciendo que se normalizó el servicio y no es así…
Vuelvo a llamar y me dicen que la falla sigue
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