Adolfo C. González retweetledi

TU HIJO ES ADICTO A LAS REDES SOCIALES. TÚ TAMBIÉN.
¿Sabes qué descubrió B.F. Skinner en los años 50 con sus ratas de laboratorio?
Que si les das comida de forma aleatoria, se vuelven locas apretando la palanca. No pueden parar. Refuerzo intermitente lo llamó. La base de todas las adicciones.
Ahora mira tu móvil.
Scroll. Scroll. Scroll. A ver si esta vez hay algo. Nada. Scroll. Ah, un like. Dopamina. Scroll. Nada. Scroll. Un comentario. Más dopamina.
Felicidades. Eres la rata de Skinner. Y tu hijo también.
Yo recuerdo entrar a Facebook en 2010. Tres notificaciones. Las leía. Cerraba. Me iba a estudiar. El móvil duraba tres días. La pantalla era pequeña. Pixelada. Aburrida casi.
Hoy mi móvil tiene una pantalla que da gusto mirarla. Colores imposibles. Batería infinita. Y sobre todo: scroll infinito.
Nunca terminas.
Porque el algoritmo aprendió de Skinner mejor que nosotros. Sabe exactamente cuándo darte el premio para que sigas ahí. Enganchado. Liberando dopamina como un grifo roto.
Y ahora queremos prohibírselo a los menores de 16. Pues vale. ¿Funcionó la Ley Seca? ¿Funcionó prohibir el cannabis? ¿Funcionó decirles a los adolescentes que no fumen?
La prohibición es lo fácil. Y sobre todo: permite echarle la culpa a otro cuando falla.
Pero el problema no es la edad. Es que todos estamos enganchados. Padres incluidos. Médicos incluidos. Traumatólogas que escriben posts incluidas.
¿La solución? Sentarnos a pensar qué demonios estamos haciendo con nuestros cerebros.
Porque prohibir las redes a los niños mientras los adultos seguimos hipnotizados por ellas es como prohibir el tabaco en colegios mientras fumamos en su cara.
Hipocresía dopamínica.
#LaTraumatologaGeek

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