Nadie

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@LaReal76

Y yo le respondí al diablo “Yo soy la tormenta”

Donde perdí el poncho... Katılım Nisan 2021
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Nadie
Nadie@LaReal76·
Esa soy yo 😌
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Nadie
Nadie@LaReal76·
No como esos martes de pololeo fooomes 🤣
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Nadie
Nadie@LaReal76·
Aaawww
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Nadie
Nadie@LaReal76·
@________4rr3b0L Ese hace milagros, saca pestañas de donde no las hay 😅
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ReneX
ReneX@Eneatipo7·
QUIEN NADA SABE, NADA TEME Pocas frases describen con tanta precisión —y tan involuntaria ironía— el temple y arrojo exhibido por la ministra vocera de gobierno, Mara Sedini. Porque no se trata aquí de una valentía nacida del conocimiento, ni de esa serenidad que otorga el dominio de los hechos, sino de una audacia más rudimentaria: aquella que brota cuando la conciencia no alcanza a dimensionar la magnitud del error. Decir que el barril de petróleo en España cuesta dos euros no es simplemente un desliz. Es, en rigor, una afirmación que se desploma por su propio peso, una de esas frases que no requieren expertise técnico para ser refutadas, sino apenas un mínimo sentido de realidad. Pero lo verdaderamente inquietante no es el error en sí —todos pueden equivocarse—, sino la absoluta falta de alarma interna frente a lo que acababa de pronunciar. No hubo duda, no hubo corrección, no hubo siquiera un atisbo de sospecha. Y ese es el verdadero problema. Porque hay errores que se corrigen con datos, y otros que se desnudan con lógica. Este último pertenece a la segunda categoría. Bastaba una pausa, un segundo de reflexión, para advertir que algo no cuadraba. Pero no ocurrió. Y cuando el error no encuentra resistencia ni siquiera en quien lo emite, lo que queda al descubierto no es un lapsus, sino una precariedad más estructural. No es un episodio aislado. Ya le hemos escuchado frases que oscilan entre lo contradictorio y lo incomprensible: “razones felices” que producen “noticias tristes”, y compromisos de “cumplir promesas cumplidas”, entre otros muchos bizarros comentarios. A ello se suma una retórica vacilante, un léxico limitado y una construcción argumental que parece avanzar a tropiezos, como si cada idea llegara tarde a su propia formulación. Pero reducir esto a una crítica personal sería un error de diagnóstico. La vocería de gobierno no es un rol ornamental ni un ejercicio de improvisación verbal: es la traducción política del poder, la arquitectura discursiva de una administración. Es el lugar donde el gobierno se piensa en voz alta. Y cuando esa voz titubea, se contradice o simplemente se extravía, lo que se pone en cuestión no es sólo a quien habla, sino a aquello que representa. Lo que se observa no es únicamente una ministra errática, sino el síntoma visible de un gobierno tensionado, inexperto y, por momentos, desorientado. Un gobierno que parece confundir volumen con contenido, y que apuesta a que la abundancia de palabras catastrofistas pueda suplir la escasez de ideas. Sin embargo, la opinión pública tiene una tolerancia limitada a ese tipo de artificios. Puede perdonar errores, incluso torpezas, pero difícilmente perdona la sensación persistente de estar siendo subestimada. La vocería exige algo más que presencia mediática: exige densidad, precisión, criterio. Debe transmitir control cuando hay incertidumbre, claridad cuando hay ruido, y solvencia cuando todo lo demás tambalea. Es el termómetro emocional de un gobierno, el indicador más visible de su estado interno. Y hoy, ese termómetro marca fiebre. No sería extraño que, en los pasillos del poder, ya se evalúen alternativas. Cambiar a la vocera temprano puede parecer precipitado, pero sostenerla en medio de errores reiterados puede resultar más costoso aún. El dilema no es menor: corregir a tiempo o administrar un deterioro progresivo. Si esto fuera un partido de fútbol, apenas han transcurrido los primeros 48 segundos. Pero ya hay descoordinación, pases erráticos y jugadores que aún no tocan el balón. Y aunque los cambios siempre son posibles, hay algo que no se sustituye con facilidad: la credibilidad. Gobernar no es un panel de televisión donde la improvisación puede disfrazarse de estilo. Gobernar es, entre otras cosas, entender el peso de cada palabra. Porque cuando el lenguaje se vacía de sentido, el poder comienza a vaciarse de legitimidad. Y en ese terreno, la ignorancia no es sólo un defecto: es un riesgo político de proporciones. @MisColumnas
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Elo
Elo@ChilotaElo·
Solo paso a agradecer su preocupación y sus oraciones para que mi abuelito se fuera tranquilo Ya está descansando mi viejito✨
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marcelo orellana
marcelo orellana@xilenits2·
@LaReal76 Se aceCtan con mención en quedarse dormid@s (no escuchar alarmas para la levantada) ??? 😏😏😏😏😏😏😏
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Nadie
Nadie@LaReal76·
🥱😴🥴
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luis
luis@luisemiliofue10·
@LaReal76 Un buen día johanna
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patrick
patrick@cantor0521·
@LaReal76 Mi sonrisa se apaga, vacilante, y en mis labios fenece, agotado, por el recuerdo de tu mirar constante…🌄 Excelente Lunes.
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Nadie
Nadie@LaReal76·
Buen día para todos 🥰
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marcelo orellana
marcelo orellana@xilenits2·
@LaReal76 Es como quien dice "cuando Dios quiere dar, a la casa te lo va a dejar" 😇😇😇😇😇😇😇
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