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@LalyBelloOl
Creo en Dios. Leo, luego existo. Amo a Colo Colo y al fútbol. Silviófila. Farmacéutica UdeC. Valiente, fuerte y grande.
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LA PEDAGOGÍA DEL GRITO
Cuando el lenguaje se degrada, la violencia deja de ser sorpresa y pasa a ser consecuencia.
En la solemne inauguración del año académico de la Universidad Austral de Chile, ese ritual donde la academia pretende recordar que aún existen ideas por encima de los eslóganes, la realidad irrumpió con la elegancia de un portazo. La ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, no salió investida de reflexión ni de debate, sino de empujones, gritos y la torpe coreografía de la turba. Una escena que, en cualquier sociedad que se tome en serio a sí misma, sería unánimemente condenada. Y lo ha sido, al menos en la superficie, donde la indignación suele ser más performática que sincera.
El gobierno, con prontitud casi protocolar, anunció querellas. La justicia, se nos dice, hará su trabajo. Las sanciones serán ejemplares. El libreto es conocido: condena, persecución y castigo. Todo en orden, todo en regla. Pero lo verdaderamente interesante no está en lo que se dice, sino en lo que cuidadosamente se omite.
Porque la violencia —esa palabra que se pronuncia con gravedad impostada— no comienza con el golpe. El golpe es apenas su epílogo. Antes de la mano alzada, está la palabra envilecida. Antes del empujón, la descalificación. Antes de la turba, el coro.
Y en ese coro, conviene no hacerse los sordos.
Durante años, buena parte de quienes hoy ocupan cargos de poder se ejercitaron en una retórica que no distinguía entre adversario y enemigo. El insulto se volvió argumento; la burla, método; la caricatura, sustituto del pensamiento. Desde tribunas mediáticas hasta el propio hemiciclo, la política descendió a un lodazal donde el ingenio fue reemplazado por la grosería y la discrepancia por el desprecio.
Basta recordar a la actual vocera, Mara Sedini, en su paso por Sin Filtros, donde la palabra no era puente sino proyectil. O al diputado Francisco Orrego, quien ha trasladado sin mayor adaptación ese mismo tono a la solemnidad del Congreso. Y como olvidar a los diputados Rivas y Jiles y sus insultos contra A. Luksic y S. Piñera respectivamente.
El problema no es la pasión, sino la degradación del lenguaje. Cuando el verbo se envilece, la acción no tarda en seguirlo.
Pero aquí aparece la más fina de las hipocresías: la violencia física es condenada con energía; la verbal, en cambio, se relativiza, se justifica o, en el mejor de los casos, se olvida. Como si las palabras no incubaran conductas. Como si el desprecio sistemático no fuera el fertilizante perfecto para la agresión.
No es un fenómeno nuevo. La memoria, siempre selectiva, guarda en algún rincón el episodio en que la entonces ministra Mónica Jiménez fue agredida por la estudiante María Música. En aquel entonces, las condenas no tuvieron el mismo volumen ni la misma pureza moral. La indignación, al parecer, también vota.
Así, el doble estándar se instala no como excepción, sino como doctrina. Se condena la violencia cuando conviene y se la minimiza cuando incomoda. Se exige respeto mientras se practica el insulto. Se invoca la democracia con la misma ligereza con que se la erosiona.
Tal vez el problema no sea la violencia episódica de un grupo de estudiantes —grave, sin duda—, sino la pedagogía silenciosa que la precede. Esa que enseña, día tras día, que el adversario no merece ser escuchado, sino derrotado; no merece ser refutado, sino ridiculizado.
Y entonces, cuando finalmente alguien empuja, golpea o agrede, fingimos sorpresa. Como si el árbol no tuviera nada que ver con la semilla.
La política chilena, en su versión más contemporánea, parece haber olvidado que el lenguaje no es inocuo. Que las palabras son actos en potencia. Que quien siembra desprecio no puede pretender cosechar respeto.
Al final, lo ocurrido en Valdivia no es un accidente. Es un síntoma. Y como todo síntoma, no se corrige con querellas, sino con una cirugía más incómoda: la de mirarse al espejo. Aunque, por ahora, el reflejo siga siendo cuidadosamente evitado.
@MisColumnas

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@jlaracastro @rafa_cavada Me encanta! Tengo una foto con él, saliendo de un concierto de Iron Maiden. Es encantador! 😍
La foto la tomó mi pareja. 🤣
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Esta mañana me encontré con @rafa_cavada no diré donde, solo que abogada pué.
Muéranse de envidia…!!!
❤️
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LA VERDADERA EMERGENCIA
ES EL LENGUAJE
Gobernar en gerundio, pensar en borrador. Cuando el poder conjuga mal los verbos, la realidad termina mal escrita.
Hay gobiernos que tropiezan en la gestión, otros en la estrategia, algunos en la ética. Este, en cambio, tropieza —y con estrépito— en algo más primario: el lenguaje. Y cuando la palabra falla, no solo se erosiona la forma; se desnuda el fondo.
Desde la irrupción de José Antonio Kast y su cohorte ministerial, hemos asistido a un fenómeno curioso: la progresiva degradación del discurso público. No se trata de una cuestión estética ni de elitismo retórico, como apresuradamente podrían caricaturizar algunos, sino de un problema funcional. Gobernar es, en esencia, comunicar. Y aquí, la comunicación no alcanza siquiera el umbral de lo aceptable.
Lo que en un inicio pudo interpretarse como inexperiencia, hoy se revela como una constante estructural. Ministros con posgrados —al menos en el papel— que balbucean ideas inconexas; subsecretarios que convierten el exordio en un campo minado de muletillas; vocerías que parecen improvisaciones de sobremesa mal iluminada. La pobreza léxica es apenas la superficie de un problema más profundo: la incapacidad de articular pensamiento con claridad.
Porque el lenguaje no es un adorno: es pensamiento en voz alta. Y cuando la sintaxis se desmorona, lo que cae no es sólo la frase, sino la idea misma. Escuchar a ciertas autoridades es asistir a una suerte de naufragio semántico, donde las palabras flotan sin dirección, sin ritmo, sin jerarquía. No hay cadencia, no hay intención, no hay estructura. Sólo ruido.
En columnas anteriores —pienso particularmente en aquella dedicada a la vocera Mara Sedini— ya advertíamos esta tendencia: una retórica que abdica de toda aspiración a la precisión y se refugia en una falsa cercanía, como si la informalidad fuese sinónimo de autenticidad. Pero no lo es. Es, más bien, la coartada de la mediocridad.
El caso del propio presidente Kast no es mejor, un exordio plano, simplón, facilista, un discurso poco elaborado y pobre en su contenido y técnica, en las antípodas de un estadista de verdad. No hay profundidad, no hay precisión ni conocimiento, menos agudeza ni exactitud.
El caso del hoy diputado Orrego es patético, verbaliza mal, no modula y lo peor, no logra salir del mismo lugar común cada vez que habla. Hasta para insultar se requiere cierta lucidez diría el gran Schopenhauer.
El problema no es que hablen “como la gente”. Es que hablan peor que la gente cuando la gente intenta hablar bien. Hay en ello una paradoja inquietante: quienes detentan el poder parecen haber renunciado a la responsabilidad de elevar el estándar del discurso público, optando en cambio por mimetizarse con su versión más precaria.
Se dirá —y con algo de razón— que la gestión importa más que la elocuencia. Pero esta es una falsa dicotomía. La buena gestión necesita ser explicada, defendida, persuadida. Sin lenguaje, no hay política, hay administración muda. Y un gobierno que no sabe decir lo que hace, termina no sabiendo qué hacer.
Lo más preocupante, sin embargo, no es el diagnóstico, sino el pronóstico. No hay señales de corrección. No hay autoconciencia. No hay, siquiera, incomodidad. Se habla mal con la tranquilidad de quien no percibe el error, de quien ha vivido siempre en un ecosistema donde la precariedad lingüística es norma y no excepción.
Así, el problema deja de ser individual y se vuelve cultural. No estamos ante ministros que hablan mal, sino ante una élite que ha naturalizado hablar mal. Y cuando eso ocurre, la política pierde una de sus herramientas más nobles: la palabra como instrumento de construcción común.
En definitiva, este gobierno no solo desafina: ha olvidado que existe una partitura. Y en ese olvido, cada intervención pública se convierte en una disonancia, en un ejercicio involuntario de descomposición. Porque cuando el lenguaje se empobrece, la política no tarda en seguirle el paso.
@MisColumnas
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😍😍
Universidad de Concepción@udeconcepcion
#EleccionesRectoríaUdeC: Dra. Jacqueline Sepúlveda Carreño se convierte en primera Rectora de la Universidad de Concepción en 107 años de historia. Rectora 2026-2030 es Química-Farmacéutica UdeC y doctora por la Universidad Karl-Franzens de Graz, Austria noticias.udec.cl/dra-jacqueline…
ART
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Recibieron a balazos a @izkia, a la ministra Mónica Jiménez la empapó María Música, a Piñera le hicieron lo mismo, nadie armó este escándalo ni se hizo cadena nacional como @PresidenteKast con la supuesta víctima ilesa,por qué? Por qué ningún gobierno lo necesitaba más que este
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🔴INFORMES DE AUDITORÍAS | Hospital de Los Ángeles: Luego de dos auditorías, Contraloría formula reparos por más de 1.500 millones por irregularidades en gestión.
Revisa la nota acá 👉tr.ee/ZtqWvR

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@GranJediLoco @PresidenteKast Ahhh pero con las cuatro misas semanales expía los pecados el tipo éste. Dios no está con él ni lo ha estado jamás. Un buen cristiano tiene como ejemplo a Cristo y está claro que él no lo sigue.
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La falta de empatía de @PresidenteKast demuestra el show que hizo ayer en cadena nacional con una ministra ILESA, hoy se desmaya una gendarme y le da lo mismo, no ayuda en el momento. Ayer fue aprovechamiento político, nada más! Pase y vea👇
#GobiernoDeInútiles
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@RodRettig @tormenta20121 @conectadosagri @merbi2 @AgriculturaFM Cuándo la ultra derecha entenderá que la violencia ejercida desde una testera o un punto de prensa no tiene respuesta inmediata, lo más probable es que la tenga de distintas formas cuando se encuentren con los afectados o victimas.

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Chico Buarque volvió a Cuba después de 34 años y se encontró con Silvio Rodriguez para grabar una nueva versión de "Sueño con Serpientes".
El músico brasileño donó medicamentos al Ministerio de Salud cubano.
Fts: @FranciscoProner


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Cuándo la ultra derecha entenderá que la violencia ejercida desde una testera o un punto de prensa no tiene respuesta inmediata, lo más probable es que la tenga de distintas formas cuando se encuentren con los afectados o victimas.

Gobierno de Chile@GobiernodeChile
Gobierno condena agresión a ministra de Ciencias y delegada presidencial, y anuncia acciones legales. x.com/i/broadcasts/1…
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@Camiloparada @Piureman ¿Manuel Rojas tu bisabuelo? Es el escritor de mi infancia. Qué gran familia!
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