Pablo Malo@pitiklinov
Las personas solemos juzgar las acciones inmorales o injustas de forma más indulgente cuando nos benefician personalmente. A este fenómeno se le conoce como sesgo de interés propio. Un equipo de investigadores polacos realizó tres estudios experimentales con más de 1.400 participantes para descubrir qué características de la personalidad hacen que algunas personas sean más propensas a este sesgo y otras menos.
En los experimentos, los participantes recibían una distribución de dinero que siempre era injusta. En unos casos la distribución les favorecía a ellos y en otros favorecía a otra persona. Después evaluaban si la decisión era moral y justa, y decidían si querían cambiar la forma en que se repartía el dinero.
Los resultados confirmaron que el sesgo es muy habitual: casi todos los participantes consideraban la misma decisión injusta como más moral y más justa cuando les beneficiaba personalmente.
Las personas con mayor nivel de codicia mostraban un sesgo más pronunciado. Perdonaban con más facilidad las decisiones que les beneficiaban y condenaban con mayor dureza las que les perjudicaban. Además, cuando tenían la oportunidad de redistribuir el dinero, tendían a quedarse con una parte mayor.
Quienes tenían una fuerte motivación de interés propio también exageraban el sesgo. Veían las decisiones que les favorecían como más morales y justas, y cuando ajustaban la distribución del dinero, solían asignarse más a sí mismos.
Por el contrario, las personas con alta motivación de interés por los demás mostraban un sesgo más débil. Juzgaban las decisiones injustas de forma más equilibrada y, al redistribuir el dinero, tendían a dar más a la otra persona.
Respecto a la identidad moral, los resultados fueron sorprendentes. Las personas que se veían a sí mismas como muy morales no eran más imparciales; al contrario, mostraban un sesgo más fuerte. Condenaban con mayor dureza las decisiones que les perjudicaban, pero no reducían su indulgencia cuando les beneficiaban. Además, cuando combinaban una alta imagen moral de sí mismos con un fuerte sentido de integridad moral, eran todavía más permisivos consigo mismos, lo que sugiere que usan su propia moralidad para justificar el beneficio personal.
En resumen, el juicio moral no es tan objetivo como solemos creer. Depende en gran medida de nuestros intereses personales y de ciertas características de personalidad. La codicia y el interés propio aumentan la tendencia a perdonarnos las injusticias que nos convienen, mientras que preocuparse por los demás ayuda a reducir ese sesgo. Tener una fuerte identidad moral no siempre protege contra estas distorsiones y en algunos casos incluso las facilita.