Jorge Andrés Richards
12K posts


CHILE PEDAZO DE PAÍS
Chile no se cae a pedazos, lo que se cae es el relato.
“Chile se cae a pedazos” es una frase notable. No por su profundidad, sino por su utilidad. Es una consigna hueca, diseñada no para describir la realidad sino para suplantarla. No busca explicar el país, sino erosionarlo simbólicamente. Es el mantra de una derecha que, incapaz de ofrecer un proyecto convincente, optó por instalar un estado de ánimo: el derrumbe permanente.
¿Pero qué significa, en términos reales, que un país “se caiga a pedazos”? Nada. No es un concepto económico, no es una categoría social, no es un diagnóstico institucional. Es una imagen emocional, deliberadamente apocalíptica, pensada para circular sin fricción por un ecosistema donde la repetición vale más que los hechos. Se repite, se comparte, se cree. Porque toda mentira necesita insistencia, y todo creyente necesita fe.
Decir que Chile se cae a pedazos no es torpeza: es estrategia. Es poner la ambición política por encima de la realidad objetiva. Porque si el país estuviera efectivamente en ruinas, alguien tendría que explicar por qué no se desplomó tras un déficit fiscal postpandemia de 7,7% durante el último gobierno de derecha, pero sí lo haría ahora, con un déficit del 2,8%. Misterios de la aritmética ideológica.
El problema del relato es que choca, una y otra vez, con los datos. Datos incómodos, obstinados, crueles con la fantasía del colapso: inflación reducida del 14% al 3%; inversión creciendo al 7%; exportaciones aumentando un histórico 7,9%; productividad al alza tras una década estancada; deuda pública finalmente contenida después de 18 años de expansión; 700 mil empleos creados; 30 meses consecutivos de alza de salarios reales; 600 mil personas menos en pobreza; sueldo mínimo en $539.000; pensiones básicas elevadas de 0,1 a 2,5 UF. Un país en pedazos bastante eficiente, por cierto.
Sólo a modo de referencia, la inflación interanual de Chile es menos que la inflación mensual de Argentina, un vecino que la derecha insiste en obligarnos a mirar, no porque sea un referente, sino porque gobierna con sus mismos y pálidos colores. Mientras en Chile se crearon más de 200.000 empresas el 2025, en Argentina cierran 30 por día, unas 20.000 empresas cerradas en los 22 meses del gobierno libertario, y 30 multinacionales ya han abandonado el país transandino.
Obviamente en las 200.000 empresas creadas hay de todo tamaño, y podemos discutir la validez de las estrategias por temas impositivos y de control financiero, pero suponga usted estimado lector que sólo el 20% sea creación de empresas en forma y fondo tradicional con activos propios y patrimonio comprobado, ya estamos hablando de 40.000 empresas, lo que en la media de contrataciones por pyme generaría casi medio millón de empleos en un año. Por cierto es un tema que amerita un análisis más detallado, pero la diferencia es brutal, y sin despedazar el país.
No hubo tsunami, ni terremoto institucional, ni avalancha moral. Chile sigue avanzando por una inercia de 36 años que la derecha detesta profundamente, porque en ese período sólo condujo ocho, y siempre con el mismo chofer. El resto del trayecto lo recorrieron esos gobiernos que desprecian, pero cuyos resultados disfrutan cuando conviene. Chile no se cayó mientras gobernaban otros. Y eso es, precisamente, lo intolerable.
La semana pasada, incluso Nayib Bukele —símbolo global del orden por decreto— reconocía que El Salvador quisiera parecerse a Chile en salud, educación, transporte y civilidad. Desde afuera no se ven los pedazos. Porque no existen. Los únicos fragmentos están en el relato: trozos de exageración, astillas de mala fe, escombros discursivos reciclados hasta el cansancio.
“Chile se cae a pedazos” no describe un país: describe una impotencia. Es el consuelo de quienes no soportan que Chile avance sin ellos. Y mientras insisten en mostrarnos un espejo roto, el país —tozudo, imperfecto, pero entero— sigue caminando. De una sola pieza. @MisColumnas

Español
Jorge Andrés Richards retweetledi
Jorge Andrés Richards retweetledi
Jorge Andrés Richards retweetledi












