jesusda retweetledi

El último trimestre desplegué Microsoft Copilot para 4.000 colaboradores.
30 dólares por licencia por mes.
1,4 millones de dólares anuales.
Lo bauticé “transformación digital”.
Al directorio le encantó el concepto.
Lo aprobaron en once minutos.
Nadie preguntó qué iba a hacer en la práctica.
Incluido yo.
Le comuniqué a toda la organización que íbamos a “potenciar la productividad por 10”.
No es un número real.
Pero suena perfectamente defendible.
Desde RR. HH. preguntaron cómo íbamos a medir ese 10x.
Respondí que íbamos a “articular un marco de métricas apoyado en dashboards de performance”.
No hubo más preguntas.
Tres meses después revisé los reportes de adopción.
47 personas lo habían abierto.
12 lo habían usado más de una vez.
Una de ellas era yo.
Lo usé para resumir un mail que podía haber leído en 30 segundos.
Tardó 45.
Más el tiempo de corregir las alucinaciones.
Pero lo declaré un “piloto exitoso”.
Éxito significa que el piloto no fracasó de manera evidente.
El CFO pidió claridad sobre el retorno de la inversión.
Le mostré un gráfico.
El gráfico iba hacia arriba y a la derecha.
Medía “nivel de madurez en capacidades de IA”.
La métrica no existe.
La definí yo.
Asintió satisfecho.
Hoy somos una organización “AI-ready”.
No sé exactamente qué implica.
Pero figura en la presentación para inversores.
Un desarrollador senior preguntó por qué no evaluamos Claude o ChatGPT.
Le expliqué que necesitábamos “estándares de seguridad enterprise”.
Preguntó qué estándares.
Respondí “cumplimiento normativo”.
Preguntó de cuál normativa.
Dije “transversal”.
Me miró con escepticismo.
Le agendé una “conversación de alineamiento de carrera”.
No volvió a preguntar.
Microsoft envió un equipo para desarrollar un caso de éxito.
Querían posicionarnos como referencia.
Les dije que “liberamos 40.000 horas de capacidad productiva”.
Ese número salió de multiplicar la dotación por un supuesto razonable.
No lo auditaron.
Nunca lo hacen.
Ahora aparecemos en la web de Microsoft.
“Empresa global acelera su productividad en 40.000 horas gracias a Copilot”.
El CEO lo compartió en LinkedIn.
Sumó 3.000 likes.
Jamás usó Copilot.
Ningún miembro del C-level lo hizo.
Tenemos una excepción formal.
“El foco estratégico requiere minimizar fricciones digitales”.
Esa política la redacté yo.
Las licencias se renuevan el mes próximo.
Estoy solicitando una ampliación.
5.000 licencias adicionales.
Todavía no usamos las primeras 4.000.
Pero esta vez vamos a “impulsar la adopción organizacional”.
Adopción significa capacitación obligatoria.
Capacitación significa un webinar de 45 minutos que nadie va a mirar.
Pero la finalización va a quedar registrada.
La finalización es un KPI.
Los KPIs viven en dashboards.
Los dashboards viven en presentaciones al directorio.
Las presentaciones al directorio aceleran carreras.
Voy a ser SVP en Q3.
Todavía no sé bien qué hace Copilot.
Pero tengo claro para qué sirve.
Sirve para demostrar que estamos “invirtiendo estratégicamente en IA”.
Invertir es gastar.
Gastar es compromiso.
Compromiso es visión de futuro.
El futuro es lo que yo diga que es.
Mientras el gráfico siga subiendo hacia la derecha.
Créditos: texto original de @gothburz
Español
























