
Mi misión y la causa más importante por la que llevo años luchando es la defensa de la vida del no nacido. Por eso, durante años apoyé al Partido Republicano, porque, aunque imperfecto, es el que ha tenido una postura más firme en la defensa del bebé por nacer; mucho más que la visión promovida por el Partido Demócrata. En gran parte, fue por eso que apoyé a @realDonaldTrump, porque en su visión provida, aunque no perfecta, se podían salvar más vidas que con la visión proaborto que tenían Hillary Clinton, Joe Biden y Kamala Harris. Para mí esto es esencial: defender el derecho fundamental más importante de todos, el derecho a nacer; porque si no se nace, no se puede gozar de ningún otro derecho. Pero también tengo que decir la verdad completa: el movimiento republicano, incluso bajo el liderazgo de Donald Trump, no es 100% provida. Y hoy quiero ser claro: no volveré a apoyar a ningún político que no defienda la vida en su totalidad, sin excepciones. Ofrezco una disculpa a Dios por las veces que, con la idea de apoyar “la causa”, terminé cediendo en algo tan fundamental. Porque, aunque nadie es perfecto, sí podemos ordenar nuestras prioridades… y la defensa de la vida del bebé por nacer es, para mí, la prioridad número uno. Otra de las causas por las que llevo luchando muchos años es la erradicación de la trata de niños con fines de explotación sexual. En gran parte, por eso también apoyé a Donald Trump, porque durante su campaña ese fue uno de los temas que respaldó con firmeza. Sin embargo, debo decirlo con claridad: estoy profundamente decepcionado por el posible encubrimiento de personas que aparecen en los archivos del caso de Jeffrey Epstein. En campaña se habló con firmeza sobre este tema y se prometió que lo primero que se haría sería revelar todos los documentos del caso Epstein. Pero hoy, a pesar de que ya se ha dado a conocer parte de los archivos, aún no se ha revelado toda la información… y hasta el momento no ha habido consecuencias: no hay responsables y no hay nadie en la cárcel. No es aceptable. La justicia no puede ser selectiva. Los niños merecen verdad, protección y justicia. Y también quiero decir algo más: el mensaje reciente del presidente sobre Irán es algo que, como católico, no puedo apoyar ni justificar. No se puede hablar con ligereza sobre la posible destrucción de una civilización completa. El presidente Donald Trump, como líder de una de las naciones más poderosas del mundo, con profundas raíces cristianas, tiene un impacto global, para bien o para mal, en lo que dice y hace. El liderazgo implica responsabilidad. Las palabras tienen peso. El respeto importa. La fe importa. La verdad importa. Recemos por su conversión… y por la paz en el mundo.

























