
Qué onda, está de moda hacerse el alcalde chorizo? Puro hueón Sebastián Sichel.
Isonauta
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@isonautico
Teoría Sistemas Sociales, Biología del Conocer, Comunicación Artificial. De IA y Humanos

Qué onda, está de moda hacerse el alcalde chorizo? Puro hueón Sebastián Sichel.

Contratan al exministro comunista Cataldo en la Universidad de Valparaíso. Si quiere hacer clases que vaya mejor a la ARCIS, perdón, verdad que el PC la quebró.

Subsecretario de #Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación visitó la @UCNorte !! ucn.cl/comunicaciones…

Extraordinario fallo unánime (5-0) Tricel en recurso @evopoli que rechaza disolución del partido. Enorme impulso a una derecha comprometida con la democracia, libertad, diversidad y Estado de Derecho. Continuaremos el legado del Pdte.Sebastián para darle gobernabilidad a Chile

Diputados UDI impulsan comisión para acortar carreras universitarias y reducir gasto en gratuidad biobiochile.cl/noticias/nacio…






AJUSTE DE CUENTAS Cuando el resentimiento gobierna la política exterior. Un "ajuste de cuentas" es un término polisémico que generalmente describe la resolución violenta de conflictos en contextos criminales o la venganza personal. En política, esa venganza se aplica al revanchismo histórico, a la sangre en el ojo, a la vendetta ideológica. Hay decisiones políticas que se explican por estrategia, otras por convicción, y las más incómodas por rencor y desquite. La negativa del gobierno de José Antonio Kast a respaldar la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU parece inscribirse, con notable precisión, en esta última categoría, la del resentimiento y la revancha, la tirria ideológica. Esto es simple y claro: no estamos frente a una candidata improvisada ni a un capricho personal. Bachelet es, objetivamente, una figura con un currículum que pocos pueden siquiera intentar igualar en el circuito multilateral. Dos veces presidenta, directora de ONU Mujeres y Alta Comisionada de Derechos Humanos. Si esto no califica como “carta competitiva”, entonces el estándar no es técnico, es ideológico. El 24 de marzo de 2026, el gobierno decidió retirar el apoyo oficial, calificando la candidatura como “inviable”. Una palabra elegante para disfrazar una decisión incómodamente política. Más aún cuando, en paralelo, Brasil y México optaron por respaldarla, evidenciando que la supuesta inviabilidad parece ser un diagnóstico exclusivamente chileno. Curiosa forma de evaluar la realidad internacional: Chile dice “no se puede”, el resto responde lo contrario. Pero el episodio no se detiene en el retiro del apoyo. La Cancillería, en un gesto que roza —la disciplina moral doctrinaria—, ordenó sumarios contra funcionarios diplomáticos que habrían seguido apoyando la candidatura. Correos, gestiones, reuniones: actos que, en otro contexto, serían simplemente parte del trabajo diplomático. Hoy, en cambio, parecen configurar una suerte de herejía burocrática. Aquí el problema deja de ser político y pasa a ser institucional. Porque castigar a funcionarios por sostener una candidatura chilena, más allá de las diferencias del gobierno de turno, instala una señal peligrosa: la política exterior deja de ser política de Estado para transformarse en extensión emocional del Ejecutivo. Y eso, en diplomacia, no es solo torpe; es caro. La comparación es inevitable. Cuando Andrés Allamand fue respaldado internacionalmente, el gobierno de Gabriel Boric no dudó en apoyarlo, pese a las diferencias ideológicas evidentes. No era un acto de simpatía personal, sino de comprensión estratégica. Cuando un chileno compite en el escenario global, el país entero está en juego. Hoy ocurre lo contrario. Chile no sólo se resta, sino que además parece incomodarse con su propia candidata. Es como si, en plena competencia internacional, un equipo decidiera sabotear a su propio jugador por no gustarle su estilo de juego. Y aquí emerge la pregunta incómoda: ¿Qué ocurre si Bachelet gana? El escenario no es imposible. De hecho, el respaldo de potencias regionales sugiere que su candidatura sigue viva. Si eso sucede, Chile habrá protagonizado una rareza diplomática: ver a una compatriota alcanzar uno de los cargos más relevantes del mundo… sin el apoyo de su propio país. El resultado sería más que un error; sería un bochorno. Un ridículo de escala global. No por la victoria de Bachelet, sino por la pequeñez previa. Porque en política internacional, las señales importan. Y la señal que hoy emite Chile no es de firmeza ni de convicción, sino de resentimiento. Al final, esta historia no trata sobre Bachelet. Trata sobre la incapacidad de separar Estado de gobierno, interés nacional de animadversión personal. Trata sobre una diplomacia que, en lugar de proyectar al país, parece empeñada en ajustar cuentas. Y eso, más que una estrategia, es una renuncia. Una renuncia a la altura, a la inteligencia política y, sobre todo, al sentido de Estado. @MisColumnas


Es brutal el maltrato que está recibiendo la ministra @marasedini. Lo grave no es solo el caso: es el clima. Cuando el insulto reemplaza al argumento y el show se impone sobre la razón, el debate público se degrada. La política “Sin Filtro” no construye: empobrece.









Primera expulsión masiva del Presidente Kast EN VIVO 📺#T13Central » T13.cl/en-vivo


Periodista: El Estrecho de Magallanes es chileno? Mara Sedini: 🤷🏻♂️


Pérez Mackenna y la candidatura de Bachelet a la ONU: “Si se da la situación de que ella gane, vamos a trabajar con ella como lo haríamos con cualquier secretario general” theclinic.cl/2026/04/12/per…