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CARTA ABIERTA
De: SAN ISIDRO
A: GERMÁN CODINA
Estimado Delegado Presidencial:
Reciba usted mis más sinceras disculpas.
Comprendo perfectamente la magnitud del daño que le ocasioné al hacer llover justo el día de la final del Mundial. Debí haber revisado antes el calendario deportivo, consultar la programación de la FIFA y, por supuesto, coordinar con la Delegación Presidencial antes de enviar el sistema frontal.
Fue una desprolijidad de mi parte.
Prometo que para la próxima emergencia climática enviaré una encuesta previa a todas las autoridades preguntando: ”¿Este día tienen algún evento deportivo de interés?”. Si la respuesta es afirmativa, pospondremos las lluvias, las crecidas de los ríos, los deslizamientos de tierra y las inundaciones para una fecha más conveniente.
No quisiera volver a arruinar una tarde de fútbol.
También lamento profundamente haberle obligado a cumplir con las funciones propias del cargo para el cual fue designado y por el cual recibe una remuneración financiada por todos los contribuyentes. Entiendo que debe ser una experiencia especialmente ingrata tener que trabajar exactamente cuando el país enfrenta una emergencia, y a la vez, sabiendo además con antelación que ese día los dos finalistas del magno evento se verían las caras.
Créame, no era mi intención.
Confieso que pensé, ingenuamente, que los delegados presidenciales existían precisamente para coordinar las respuestas del Estado durante catástrofes naturales. Ignoraba que la verdadera noticia era el sacrificio personal que implica ejercer las responsabilidades inherentes al cargo.
Error mío, e imperdonable.
A partir de ahora procuraré que los temporales ocurran preferentemente los días martes por la mañana, entre reuniones administrativas y conferencias de prensa menores. Evitaré cuidadosamente finales de mundiales, clásicos, conciertos, cumpleaños en fines de semana largos y cualquier otra actividad que pueda resultar más entretenida que enfrentar una emergencia nacional. Y por supuesto, dejar fuera los feriados de cualquier catástrofe mal programada.
Le ruego extienda también mis disculpas a los incendios forestales por ocurrir en verano, a los terremotos por no avisar con suficiente anticipación y a los aluviones por su pésimo sentido de la oportunidad. Claramente la naturaleza necesita una mejor oficina de programación. Siento haber fracasado en ese sentido y reitero una vez más mis sinceras disculpas.
Permítame, sin embargo, una humilde observación.
Cuando un médico trabaja durante una epidemia, un bombero combate un incendio, un piloto aterriza un avión con turbulencia o un rescatista pasa la noche buscando sobrevivientes, nadie espera que comparezca frente a las cámaras diciendo: “Me perdí la final por hacer mi trabajo.”
Porque justamente ese es su trabajo.
El mérito no consiste en cumplir con la obligación para la cual uno fue nombrado. El mérito está en hacerlo bien, con eficacia, discreción y sin convertir el deber en una hazaña autobiográfica.
Las emergencias no suspenden las responsabilidades; las justifican.
Por eso, estimado delegado, acepte usted nuevamente mis disculpas por esta inoportuna lluvia. Prometo intentar controlar mejor las nubes la próxima vez.
Aunque, entre nosotros, sospecho que lo verdaderamente inoportuno no fue el temporal.
Fue su declaración.
Con afecto meteorológico,
Atte.,
San Isidro.
Patrono de la lluvia, agricultor de oficio y, desde hoy, coordinador involuntario del calendario de actividades de entretención de las autoridades públicas.
@MisColumnas
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@Eneatipo7 Se podría generar por votación popular semanalmente y al ganador hacer el tan distinguido honor de este cantico, para la proxima semana propongo al Sr. Codina, se lo merece por su esfuerzo y sacrificio entregado a nuestro Chile🇨🇱.
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@Eneatipo7 Este cargo debió de haber sido eliminado hace muchos años, no se justifica gastar tanta plata por acomodar a un parásito más de las filas de turno. Por otra parte, el WOM tiene que cumplir con su pega y muy cagao de la risa por el monto que se mete al bolsillo todos los meses.
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ESTE GOBIERNO ES UNA CHACOTA.
Esta gente es realmente idiota.
Germán Codina señala que fue de los que se perdió la final del mundial por hacer la pega.
1º) Para eso te nombraron delegado presidencial.
2º) Para eso te pagan pelotudo.
3º) Sería bueno saber quienes fueron los que no se lo perdieron, y dejaron de hacer el trabajo, porque si Codina dice que fue de los que trabajaron, debe saber quienes son los que no lo hicieron. Partiendo por el guaripola N°1.
4º Esperará que le demos las gracias.
Que weones más ineptos por la cresta. No tienen noción de lo que hablan. #GobiernoInepto
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@DongervasioSS @mindefchile Le faltó agregar al final:
“Salgan de mi temporal”.
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Según el ministro Barros no hay personas desaparecidas por el temporal en el territorio nacional.
Señores @mindefchile digan al Ministro Barros que encienda la TV…quizá así se entere.
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@Eneatipo7 Gobierno de indolentes, queda demostrado que no estaban para nada preparados ... estaban más preocupados de su niño Frankenstein llamado "mega reforma".
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¡URGENTE!
Estado de Catástrofe en región de Coquimbo.
Esto se debió haber hecho hace un par de días. Hoy ya hay pérdidas de vidas que lamentar.
Los alcaldes de varias regiones lo han solicitado con urgencia, tenemos una administración reactiva, sólo ha decretado zona de catástrofe hoy a las 10:00 hrs., y sólo para una región hasta ahora.
Cinco días después del comienzo del fenómeno atmosférico y una semana después de los anuncios.
Vale la pena oír las declaraciones de la alcaldesa de La Serena @danynobor (Video 1 y 2)
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@Eneatipo7 @VinkaJackson @nonaossandon Que más podemos esperar de nuestros legisladores, para que tienen y le pagan a sus asesores ........ aahaa verdad que son parte de la familia y están ahí solo por las lukas nomás.
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No sé qué es peor, que se declare engañada por un correlegionario, o que como legisladora no haya leído lo que era su deber y obligación.
En ambos casos, Ossandón nos expone su precario perfil legislativo.
Esta gente es responsable del país que estamos encubando. Imposible pensar en algo mejor.
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Hay que señalar que diputada @nonaossandon, en CNN tb informó que había retirado su firma del PDL.
Y aunque se agradece la rectificación, nunca puede ser excusa para un legislador no leer bien un PDL, menos uno con el potencial de causar daño a miles de ciudadanas niñas/mujeres
CNN Chile@CNNChile
#CNNPrime | Ximena Ossandón, diputada RN, por proyecto que obliga a madre a escuchar los latidos del feto antes de abortar: "Reconozco el error de no haberlo leído cuando terminé de firmarlo" @tv_monica 💻CNNChile.com
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@pqtendencia_cl Ni un brillo, cero aporte y al parecer el único interés siempre fue llegar a ocupar un sillón en el senado. Se esperaba que tomara la bandera y encabezará la oposición, pero se quedó dentro del montón.
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@Eneatipo7 @FIFAcom Jajajajajajajajaja deberás que este muñeco aún existe y podría hacer un pitutito una vez que aclare su situacion o en su salida dominical.
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Señores @FIFAcom
Les quiero recomendar un abogado que seguro encaja con vuestras decisiones. Se llama Luis Hermosilla, responde al apodo de Lucho o Luchito.
Es lo único que les está faltando.
Out Of Context Football@nocontextfooty
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@Eneatipo7 Hasta aquí nomás llegó yo, déjenme con mi celular, mis audífonos, mi música y unas buenas películas.
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EL TRANSHUMANISMO
Durante miles de años la humanidad luchó contra los límites impuestos por la naturaleza. Inventó herramientas para multiplicar la fuerza, desarrolló la medicina para combatir enfermedades, creó la agricultura para vencer el hambre y construyó máquinas para superar las barreras del tiempo y la distancia.
El transhumanismo sostiene que el siguiente paso ya no consiste en modificar el entorno, sino en modificarnos a nosotros mismos.
Es una corriente filosófica, científica y tecnológica que propone utilizar la inteligencia artificial, la ingeniería genética, la nanotecnología, las neurociencias, la robótica y la biotecnología para ampliar las capacidades humanas. En otras palabras, dejar de aceptar a nuestra especie como un producto terminado.
La idea fue planteada por Julian Huxley en 1957 y adquirió fuerza con pensadores como Nick Bostrom. Su premisa es simple y disruptiva: la naturaleza humana no constituye un destino, sino una plataforma susceptible de ser mejorada, una escala en el viaje.
Los ejemplos ya existen. Prótesis neuronales que permiten recuperar movilidad, implantes cocleares que devuelven la audición, interfaces cerebro-computador capaces de traducir pensamientos en comandos digitales y herramientas como CRISPR, que prometen corregir enfermedades hereditarias. La frontera entre curar y mejorar comienza a desdibujarse.
Pero el transhumanismo no pretende únicamente sanar. Aspira a optimizar.
Imagina una memoria prácticamente perfecta, capacidades cognitivas potenciadas, órganos fabricados mediante bioingeniería, envejecimiento retrasado y una expectativa de vida muy superior a la actual. Algunos incluso plantean transferir la conciencia humana a soportes digitales —el mind uploading— para alcanzar una forma de inmortalidad informática.
Aquí surge la primera gran pregunta: ¿seguirá siendo humano quien reemplace progresivamente sus componentes biológicos por tecnología?
Desde una perspectiva ingenieril, el planteamiento parece lógico. Toda tecnología busca eliminar restricciones. Si podemos reemplazar un corazón, restaurar la visión o recuperar una médula dañada, ¿por qué detenernos allí? La ingeniería rara vez distingue entre reparar y optimizar; busca soluciones más eficientes.
Sin embargo, la sociología incorpora una variable que la tecnología suele subestimar: toda innovación altera las relaciones de poder.
La historia demuestra que las revoluciones tecnológicas nunca distribuyen sus beneficios de manera homogénea. Si mejorar la inteligencia, la salud o la longevidad depende del poder adquisitivo, el riesgo ya no será solo una desigualdad económica, sino una desigualdad biológica. Podrían coexistir seres humanos mejorados y no mejorados, separados por una brecha más profunda que cualquier diferencia social conocida.
La segunda interrogante resulta aún más inquietante. Muchas de nuestras virtudes nacen precisamente de nuestras limitaciones. La empatía surge porque conocemos el dolor; la solidaridad, porque somos vulnerables; la creatividad, por la escasez; y el sentido de urgencia, porque sabemos que la vida termina.
Paradójicamente, podríamos resolver problemas médicos extraordinarios mientras abrimos dilemas existenciales nuevos.
La discusión ya no consiste en determinar si esta transformación ocurrirá. Ya comenzó. La verdadera pregunta es quién establecerá sus límites: ¿los científicos, las empresas tecnológicas, los gobiernos, los mercados o la propia sociedad?
Porque toda capacidad tecnológica termina convirtiéndose, tarde o temprano, en una decisión política.
Quizá el error sea creer que el transhumanismo trata sólo de chips o genética. En realidad, nos obliga a responder una pregunta mucho más antigua que cualquier algoritmo: ¿qué significa ser humano?
Tal vez el mayor desafío del siglo XXI no sea construir una inteligencia artificial superior, sino conservar nuestra inteligencia moral mientras adquirimos poderes que ninguna generación anterior imaginó.
@MisColumnas

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@Eneatipo7 Parece que faltó la dedicatoria, a algún ministro en particular........jajajajaja.
Excelente columna, como siempre.
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GEOMETRÍA & POLÍTICA
La geometría posee una elegancia que la política rara vez alcanza. En ella, las cosas son lo que son. Un punto no necesita una comisión para existir, una recta no cambia su pendiente según las encuestas y un triángulo jamás promete tener cuatro lados para conquistar al electorado. Euclides construyó un universo donde la lógica era soberana. La política, en cambio, suele demostrar que incluso la lógica puede someterse a votación.
Los ángulos ofrecen una de las metáforas más sugerentes. El ángulo agudo es preciso, concentrado y penetrante. Su nombre trascendió la geometría para convertirse en sinónimo de inteligencia. Una observación aguda atraviesa las apariencias. Una persona aguda no necesita levantar la voz; simplemente ve más lejos.
El ángulo obtuso carga una condena etimológica imposible de ignorar. Proviene del latín obtusus: romo, despuntado, embotado. Es aquello que perdió el filo a fuerza de golpes. No corta. No penetra. Apenas empuja.
Resulta fascinante que la geometría y el lenguaje hayan coincidido con tanta precisión. Lo agudo ilumina; lo obtuso aplana. Lo primero distingue matices; lo segundo reduce la realidad a un bloque uniforme donde pensar parece un esfuerzo innecesario.
Quizás por eso la política contemporánea parece haberse convertido en una auténtica convención de ángulos obtusos.
El político obtuso jamás duda. La duda exige inteligencia suficiente para sospechar que uno puede estar equivocado. Él vive encerrado en la cómoda prisión de sus certezas. La realidad tiene la obligación de coincidir con sus prejuicios y, cuando no lo hace, tanto peor para la realidad.
Su razonamiento sigue una geometría singular: parte de una premisa falsa, recorre un camino impecablemente equivocado y con puntualidad admirable, llega a una conclusión absurda. Luego exige reconocimiento por la consistencia del recorrido.
La obtusidad tampoco depende del coeficiente intelectual. Hay personas brillantísimas que son profundamente obtusas. Acumulan títulos y posgrados, pero son incapaces de medir el ángulo que separa la convicción del fanatismo.
El obtuso no conversa; rebota. Todo argumento que llega hasta él experimenta el mismo fenómeno que la luz sobre una superficie opaca: no penetra. Regresa exactamente por donde vino. No escucha para comprender, sino para esperar el momento de repetir aquello que ya pensaba antes de iniciar la conversación.
En geometría, un ángulo obtuso es mayor que noventa grados, pero menor que ciento ochenta. Nunca alcanza a ser una línea recta. Vive permanentemente desviado.
Hay personas exactamente así. Conservan apenas suficiente lógica para parecer razonables y suficiente cerrazón para impedir cualquier aprendizaje. Habitan ese incómodo territorio donde la inteligencia deja de avanzar, pero el dogma continúa sonriendo.
Las redes sociales transformaron esa condición en un modelo de negocios. El algoritmo descubrió que la agudeza invita a reflexionar, mientras la obtusidad garantiza interacción. Pensar requiere tiempo; indignarse apenas necesita un pulgar.
El político agudo comprende que gobernar consiste en administrar complejidades. El obtuso necesita reducirlo todo hasta volverlo infantil. Divide el mundo entre buenos y malos, patriotas y traidores. Los matices le resultan insoportables porque obligan a pensar.
Tal vez el verdadero progreso de una sociedad no deba medirse por su crecimiento económico ni por su desarrollo tecnológico, sino por la proporción entre ciudadanos agudos y ciudadanos obtusos que es capaz de formar.
Porque una democracia no muere cuando escasean los inteligentes. Muere cuando abundan los obtusos convencidos de ser genios.
Existe una frase, probablemente apócrifa, que atribuye a Euclides haber inspirado los ángulos agudos en los filósofos y los obtusos en la política ateniense. Difícil saber si alguna vez la dijo.
Lo verdaderamente inquietante es que, más de dos mil años después, siga pareciendo perfectamente verosímil.
@MisColumnas

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MATERIALES AUXÉTICOS
Cuando estirar significa ensanchar.
El término auxético deriva de la palabra griega auxetikos que significa «aquello que tiende a aumentar».
En ingeniería estamos acostumbrados a asumir ciertas “verdades mecánicas”. Una de ellas parece intuitiva: si un material se estira, se adelgaza. Ocurre con una banda elástica, una cuerda e incluso con muchos metales. Sin embargo, existe una familia de materiales que desafía esta lógica de manera espectacular. Se llaman materiales auxéticos y, cuando se traccionan, hacen exactamente lo contrario: se expanden lateralmente.
La explicación está en una propiedad conocida como coeficiente de Poisson. En la mayoría de los materiales, este valor es positivo. Es decir, al alargar el material en una dirección, su sección transversal disminuye. Los auxéticos poseen un coeficiente de Poisson negativo. En términos simples: al estirarlos, también crecen hacia los lados.
A primera vista parece un truco de magia, pero en realidad es pura geometría estructural. El secreto no suele estar en la composición química, sino en la arquitectura interna del material. Muchas estructuras auxéticas funcionan como redes de pequeñas bisagras o celdas reentrantes que, al deformarse, se abren simultáneamente en varias direcciones.
Para entenderlo mejor, imaginemos una malla formada por rombos articulados. Cuando la malla se estira, las “bisagras” internas giran y toda la estructura se despliega. En vez de contraerse lateralmente, el entramado gana volumen. Este principio puede diseñarse en espumas, polímeros, textiles e incluso en metamateriales fabricados mediante impresión 3D.
Lo interesante es que esta rareza geométrica trae ventajas extraordinarias. Una de las más importantes es la absorción de impactos. Cuando un material auxético recibe un golpe, la estructura tiende a compactarse y endurecerse localmente, disipando energía de manera muy eficiente.
Por eso la industria de protección personal ha mostrado tanto interés en ellos. Cascos deportivos, chalecos antibalas y sistemas de amortiguación avanzada incorporan diseños auxéticos capaces de reducir la transmisión de energía durante un impacto.
En el ámbito biomédico, las aplicaciones son fascinantes. Los stents vasculares —estructuras que mantienen abiertas arterias obstruidas— pueden fabricarse con geometrías auxéticas para expandirse de manera uniforme y controlada dentro del cuerpo. También existen investigaciones en apósitos inteligentes y pieles artificiales que se adaptan a los movimientos sin despegarse.
La industria textil tampoco se ha quedado atrás. Los tejidos auxéticos permiten crear prendas que modifican su ventilación dependiendo del movimiento del usuario. Al flexionar una articulación, la estructura del tejido puede abrir microporos que aumentan el flujo de aire.
Otra característica notable es su capacidad de adaptarse a superficies curvas. Como la deformación ocurre de manera coordinada en múltiples direcciones, estos materiales pueden conformarse sobre geometrías complejas sin formar arrugas pronunciadas. Esto resulta útil en aplicaciones aeroespaciales, arquitectura ligera y dispositivos médicos flexibles.
Desde el punto de vista científico, los materiales auxéticos forman parte del campo de los metamateriales mecánicos. Son estructuras diseñadas para obtener propiedades que no aparecen naturalmente en la mayoría de los materiales tradicionales. En cierto modo, representan un cambio de paradigma: la ingeniería moderna ya no depende únicamente de “qué material usar”, sino también de “cómo organizarlo internamente”.
Durante décadas, la ingeniería de materiales se centró en modificar composiciones químicas. Hoy, gracias al diseño computacional y a la manufactura aditiva, podemos programar comportamientos mecánicos mediante geometría. Los materiales auxéticos demuestran que, a veces, cambiar la forma importa tanto como cambiar la sustancia.
Aún nos queda mucho por descubrir…
@MisColumnas

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@Eneatipo7 En este tema tienen responsabilidad Kast, Cerna y la Ex. Lo lógico sería acusarlos a los 3, pero que llegue hasta Cerna y de un paso al costado me conformo.
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OTRA DE STEINERT.
Contraloría concluye que exministra Trinidad Steinert actuó ilegalmente al solicitar datos a la PDI.
El organismo determinó que Steinert se extralimitó en sus funciones y podía afectar una investigación en curso al requerir datos innecesarios para su labor. Además, se señaló un posible conflicto de interés por su relación previa con los policías involucrados.
Detrás de su actuar, obviamente hay un interés turbio y que se debe investigar.
biobiochile.cl/noticias/nacio… vía @biobio
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@Eneatipo7 Cuando fue el casting para los 3 Chiflados........jajajajajajajajajaja
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@Eneatipo7 Es así como empieza el descontento y la rabia. Para que finalmente algún personaje salga y digan "No lo vimos venir".
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LOS HIJOS TONTOS DE LOS RICOS
Hay una aristocracia que nunca murió. Sólo cambió el caballo por un SUV alemán, la espada por un MBA de universidad boutique y el escudo familiar por una foto en LinkedIn con blazer azul marino y brazos cruzados. Son los herederos del poder. Los hijos tontos de los ricos. Una especie protegida por el ecosistema nacional, criada en parcelas, clubes de golf y colegios donde el mayor mérito académico consiste en no ahogarse con la colación.
Durante siglos la nobleza europea perfeccionó el arte de reproducirse entre primos. La genética hacía lo suyo: mandíbulas torcidas, delirios mesiánicos y una capacidad intelectual comparable a una puerta giratoria. Pero eran reyes. Si el príncipe babeaba sobre la armadura, el reino entero concluía que debía tratarse de “una señal divina”.
La colonia latinoamericana heredó esa tradición con entusiasmo. Los latifundistas no mezclaban sangre: la conservaban. Los mismos apellidos iban y venían como una playlist endogámica del poder. Los primos se casaban entre ellos, los parientes hacían negocios entre ellos y los nietos terminaban administrando ministerios, notarías o bancos aunque confundieran el PIB con una cerveza artesanal.
Y aquí estamos. Siglo XXI. Inteligencia artificial. Cohetes privados. Cirugías robóticas. Pero seguimos gobernados por el equivalente humano de un mueble mal armado.
El hijo tonto del rico tiene rasgos fáciles de detectar. Habla de “mérito” después de heredar tres departamentos. Cree que levantarse a las 9:30 es “mentalidad de tiburón”. Usa palabras como networking, mindset y disrupción porque jamás logró dominar sujeto y predicado. Estudia en universidades donde el examen de admisión consiste básicamente en llegar vivo al campus. Luego aparece mágicamente como gerente en la empresa del papá, aunque una vez intentó calentar agua en el microondas sin sacar la cuchara metálica.
Lo extraordinario no es que existan. Lo extraordinario es la devoción nacional hacia ellos. Cada cierto tiempo aparece uno corriendo un BMW a 264 km/h, destruyendo un grifo a peñascazos o insultando en un avión a un tripulante afroamericano. Y aun así, ahí siguen: directorios, gerencias, ministerios, campañas políticas y fundaciones “sin fines de lucro” con oficinas de lujo y asesorías pagadas por el Estado.
En política son especialmente fascinantes. Hijos de senadores convertidos en diputados. Nietos de alcaldes transformados en gobernadores. Hermanos instalados en empresas públicas y los peores como asesores en la Moneda. Una monarquía sin corona, pero con viáticos. La democracia latinoamericana terminó funcionando como un asado familiar donde los cargos públicos se reparten igual que los pedazos de carne y los choripanes.
El problema no es sólo el nepotismo. El problema es la mediocridad blindada. El hijo tonto del rico jamás enfrenta consecuencias reales. Si quiebra una empresa, “emprendió”. Si evade impuestos, “optimizó”. Si fracasa en política, lo mandan de embajador. Si destruye un país, lo invitan a dar charlas sobre liderazgo.
Mientras tanto, al ciudadano común se le exige excelencia olímpica para sobrevivir. Idiomas, posgrados, experiencia, manejo de software y sonreír mientras lo reemplazan por el sobrino inepto de alguien importante.
Porque el poder descubrió hace tiempo que la incompetencia hereditaria es funcional. El hijo brillante cuestiona. El hijo tonto obedece. Por eso las élites los reciclan como gerentes, parlamentarios o panelistas de televisión: adornos caros con capacidad limitada de pensamiento crítico. Golden retrievers con apellido compuesto.
Y así se perpetúa el sistema. El mediocre hereda al mediocre. El apellido pesa más que el talento. La cuna derrota al esfuerzo. El país avanza con el freno de mano puesto mientras una aristocracia de imbéciles administran las instituciones.
Los castillos desaparecieron, pero los idiotas hereditarios sobrevivieron. Ahora simplemente tienen oficina y acceso al presupuesto nacional. @MisColumnas

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@Eneatipo7 Y ahí se dió cuenta que es otra cosa con guitarra pues y por otra parte muy bueno lo de "expulsar migrantes por Bluetooth" .......fue genial.
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KAST vs KAST
Hay algo profundamente enternecedor en ver a José Antonio Kast enfrentarse al Estado como quien pasa años insultando a un piloto… hasta que un día le entregan el avión. Resultó que despegar no era lo mismo que gritar desde el aeropuerto.
Durante años, —Kast candidato— fue una mezcla entre comentarista de matinal, administrador furioso de WhatsApp y profeta del apocalipsis nacional. Todo era culpa de alguien más, del gobierno de turno. Si subía la bencina, era incompetencia criminal. Si aumentaba la delincuencia, había que sacar tanques. Si el crecimiento era mediocre, Chile estaba a minutos de convertirse en Venezuela. El país siempre parecía al borde del colapso y sólo él, armado de una cuenta de X y una indignación industrial, podía salvarlo.
Pero ocurrió la tragedia menos prevista por el kastismo: ganó.
Y ahí apareció —Kast presidente—. Un hombre que pasó años criticando cada decisión de gobierno y que, al llegar al poder, descubrió que administrar un país exige algo más complejo que escribir “INACEPTABLE” en mayúsculas.
“El problema de Kast nunca fue la falta de convicción. Fue el exceso de simplificación”.
Gobernó durante años un país imaginario donde los problemas se resolvían con voluntad, slogans y frases diseñadas para viralizar.
La seguridad, por ejemplo. En campaña parecía protagonista de serie de Netflix: “Plan Escudo”, “Operación Frontera Final”, “Tolerancia Cero”. Faltaba apenas un tráiler con explosiones y música épica. Pero una vez en La Moneda, el libreto chocó con un detalle incómodo: no había plan, ni suficientes carabineros, ni inteligencia, ni presupuesto mágico, ni botón rojo para expulsar migrantes por Bluetooth.
Entonces el hombre que pedía militares en cada esquina comenzó a hablar de “coordinación institucional”, “limitaciones jurídicas” y “evaluaciones técnicas”. Traducido: descubrió exactamente las mismas restricciones que ridiculizaba cuando gobernaban otros.
La hipérbole como programa.
Quizás el momento más honesto del kastismo fue cuando explicó que sus promesas de expulsiones masivas eran una “metáfora”. Qué maravilla conceptual. La cuenta regresiva no era literal. Las promesas eran simbólicas. El reloj era poético. El plan migratorio era realismo mágico.
Porque —Kast candidato— era un hombre de certezas absolutas, —Kast presidente—, en cambio, parece un alumno justificando un trabajo que no alcanzó a terminar.
El enemigo era el estado… hasta que conoció sus comodidades.
Durante años criticó el uso de recursos públicos con fervor franciscano. Y sin embargo, bastó cruzar la puerta de La Moneda, su nueva casa, para enamorarse rápidamente de las bondades del aparato estatal. Resultó que el Estado opresor también tiene comedor, chofer, residencia y vajilla fiscal y puede organizar almuerzos a sus amigos con cuenta al erario.
El mismo hombre que denunciaba nepotismos hoy sonríe orgulloso mientras celebra el ascenso político a diputado de su hijo y sobrinos como si gobernar Chile fuese una pyme familiar.
Y qué decir de los ministros. Kast exigía renuncias antes de los cien días cuando era oposición. Pero gobernar tiene esa extraña costumbre de convertir a los “ineptos” en “equipos que necesitan tiempo”. El desempleo no desapareció con discursos. La economía no reaccionó a hashtags patrióticos. Y el Estado no se administró como un live de TikTok.
Kast, el presidente que jamás habría votado por sí mismo.
Lo más irónico del gobierno de Kast es que su opositor más feroz sería el propio Kast de hace tres años. El candidato viviría destrozando al presidente en X desde las siete de la mañana. Lo acusaría de ineptitud, tibieza, improvisación y excusas.
Y tendría razón.
Porque el gran descubrimiento de este gobierno no es que Kast haya cambiado. Es que siempre supo que gobernar era infinitamente más difícil de lo que gritaba. Pero la indignación daba votos y la complejidad no cabe en un tuit.
Al final, la verdadera metáfora no eran las expulsiones.
Era él.
@MisColumnas

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@Eneatipo7 Es una no tan nueva variante ......... Nepotismo Político.
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NEPOTISMO
La palabra nepotismo proviene del italiano nepote o nipote, que a su vez deriva del latín (nepos, nepotis), cuyo significado literal es "sobrino" o "nieto".
Se le añade el sufijo -ismo, que indica “movimiento”, "doctrina" o "práctica".
Su etimología se remonta a la Edad Media y el Renacimiento, íntimamente ligada a la Iglesia Católica.
• El origen histórico: Muchos papas y obispos de la época designaban a sus familiares (generalmente sobrinos) para ocupar cargos importantes de poder y riqueza dentro de la jerarquía eclesiástica.
• El eufemismo: A menudo, los jóvenes beneficiados no eran sobrinos biológicos, sino hijos ilegítimos que los clérigos presentaban públicamente como "sobrinos" para eludir el voto de celibato.
Esta costumbre adquirió tal notoriedad que la palabra "sobrino" (nepote) pasó a ser sinónimo de privilegio injustificado, dando origen al concepto que hoy define la Real Academia Española: la desmedida preferencia por familiares para obtener empleos o favores, sin tomar en cuenta el mérito o la capacidad.

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@Eneatipo7 Josesito, sus amiguitos y títeres de la prensa ........ que más podemos esperar.
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EL GOBIERNO DEL LOBO IMAGINARIO
La Moneda volvió a incendiar el debate para terminar desmintiéndose sola.
El caso de los niños haitianos.
Hay gobiernos que fabrican crisis, las exageran y luego deben reconocer, con expresión compungida, que el incendio lo provocaron ellos mismos. El gobierno de Kast parece haberse especializado en eso: prender fuego al establo, convocar a la prensa para denunciar el humo, y terminar admitiendo que quizá alguien exageró.
El caso de los niños haitianos es probablemente el ejemplo más grotesco —y más torpe— de esa política de alarma permanente convertida en sello de esta administración. Durante días, Chile fue bombardeado con titulares sobre niños desaparecidos, redes de tráfico, vuelos sospechosos y mafias internacionales. El catálogo completo del terror contemporáneo servido en horario prime para una ciudadanía agotada de vivir entre amenazas imaginarias y conferencias apocalípticas.
Y entonces apareció un enemigo mortal para el relato: la realidad.
El preinforme reservado N° 541 de Contraloría —el mismo documento que desató la histeria— jamás habló de trata de menores. Nunca habló de mafias. Nunca habló de tráfico infantil. Ni una sola vez. Lo que describía era algo mucho menos cinematográfico y mucho más chileno: oficinas públicas que no se coordinan, bases de datos mal cruzadas, protocolos inexistentes y funcionarios que simplemente no hicieron la pega.
Pero esa verdad era demasiado aburrida para un gobierno adicto al dramatismo. Un “terrible desorden administrativo” no sirve para encender matinales ni justificar cruzadas morales. No produce titulares con música de suspenso. Y así, lo que era una demostración vergonzosa de incompetencia estatal terminó convertido, por obra y gracia de La Moneda, en una supuesta red internacional de tráfico infantil.
La operación fue grotesca incluso para los estándares de este gobierno.
Bastó que Contraloría dijera que 64 niños “no fueron ubicados” en una visita domiciliaria para que el oficialismo y buena parte de los medios tradujeran aquello como “niños desaparecidos”. Como si cualquier chileno que no abre la puerta un martes a las once de la mañana hubiese sido secuestrado por una organización criminal.
Después vino el ridículo inevitable. Los municipios comenzaron a encontrar a los niños en colegios, consultorios y viviendas familiares. Estaban matriculados, vacunados y viviendo con tutores. Pobres, muchas veces hacinados, pero presentes. Exactamente donde cualquier persona sensata habría supuesto que estaban desde el principio.
Y entonces llegó el momento más humillante: el propio gobierno desmintiendo el incendio que ayudó a provocar.
El ministro Fernando Barros terminó reconociendo que no existían antecedentes serios sobre tráfico infantil, prostitución, órganos ni desapariciones masivas. La frase quedará para la antología del bochorno administrativo chileno: “todo indica que se trata de un terrible desorden”.
Exactamente lo que el informe decía desde el inicio.
Pero el daño ya estaba hecho. La comunidad haitiana fue convertida durante semanas en sospechosa colectiva. Familias completas quedaron bajo una nube de insinuaciones miserables. Y todo para sostener la vieja obsesión política de este gobierno: demostrar que todo lo anterior fue caos y corrupción, aunque para ello deban inventar monstruos que luego ellos mismos terminan negando.
Ahí aparece inevitablemente Pedrito y el lobo.
El gobierno de Kast gobierna exactamente así: denunciando lobos imaginarios con la esperanza de que el miedo sustituya a la gestión. Cada error administrativo se transforma en conspiración. Cada descoordinación estatal en amenaza existencial. Y después, cuando la realidad destruye el montaje, llegan las rectificaciones tibias y los ministros pidiendo prudencia frente a la histeria que ellos mismos promovieron.
El problema es que el crédito de la mentira siempre se agota.
Y cuando aparezca un lobo verdadero, probablemente ya nadie les creerá.
@MisColumnas

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@Eneatipo7 Excelente como siempre, se agradece que comparta sus opiniones y espero que más personas las puedan leer.
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LA CRUEL DESIGUALDAD
La trampa intelectual o ignorancia de confundir desigualdad con diferencia.
Existe una frivolidad intelectual particularmente dañina en el debate público contemporáneo: reducir la desigualdad económica a una simple cuestión semántica. Con frecuencia aparecen voces que intentan relativizar uno de los problemas estructurales más graves de las democracias modernas argumentando que “todos somos desiguales” porque cada individuo es distinto o posee talentos y trayectorias personales únicas. La trampa es elemental: confundir diferencia humana con desigualdad económica.
No son lo mismo.
Las sociedades modernas se construyen sobre la diversidad. Las diferencias entre personas son inherentes a la condición humana y constituyen una riqueza cultural e intelectual invaluable. Diferimos en carácter, sensibilidad, vocación y experiencias. Pero la desigualdad económica no trata de identidades individuales; trata de la distribución del poder, de la riqueza y de las oportunidades dentro de una sociedad.
Cuando economistas como Joseph Stiglitz hablan de desigualdad, no se refieren a que unos prefieran la música clásica y otros el fútbol. Hablan de estructuras económicas donde el acceso a educación, salud, crédito, seguridad, justicia y movilidad social queda condicionado por el origen socioeconómico. Hablan de sistemas donde el mérito deja de ser el principal motor de ascenso y es reemplazado por la herencia y los privilegios.
La desigualdad económica aparece cuando las reglas del juego dejan de ser equidistantes.
Una sociedad profundamente desigual no es simplemente una sociedad “distinta”; es una sociedad asimétrica. Y la asimetría erosiona la cohesión social porque convierte las oportunidades en patrimonio exclusivo de ciertos grupos. El problema no es que existan ricos y pobres. El problema es que la distancia entre ambos destruye la posibilidad de una experiencia común de ciudadanía.
Allí es donde la meritocracia comienza a desmoronarse.
El mito liberal clásico supone que el esfuerzo individual permite progresar independientemente del punto de partida. Pero cuando la concentración de riqueza alcanza niveles excesivos, el punto de partida determina casi todo. El acceso desigual a capital cultural, redes de contacto y educación convierte la competencia social en una ficción.
La desigualdad severa no premia más mérito; premia más privilegio.
Y sus consecuencias van mucho más allá de lo económico. Las sociedades altamente desiguales generan fragmentación política y deterioro institucional. La segregación territorial crea ciudadanos que viven en países paralelos en un mismo territorio: unos acceden a servicios privados de excelencia mientras otros dependen de sistemas públicos deteriorados. Se rompe el sentido de comunidad.
La concentración extrema de riqueza también distorsiona la democracia. Quien concentra recursos concentra influencia política, capacidad de lobby y poder regulatorio. El mercado deja de ser competitivo y el Estado comienza a responder desproporcionadamente a quienes financian campañas o controlan industrias.
Las sociedades más desarrolladas entendieron hace décadas que la desigualdad excesiva no es solo un problema moral: es una amenaza económica. Reduce productividad, limita el consumo, desperdicia talento humano y deteriora la estabilidad institucional necesaria para crecer sostenidamente.
Por eso resulta intelectualmente miserable refugiarse en juegos gramaticales para negar el fenómeno. Decir que “todos somos desiguales porque todos somos distintos” es tan absurdo como afirmar que la pobreza no existe porque todos carecemos de algo. La discusión seria nunca ha sido sobre diferencias humanas; ha sido sobre estructuras económicas que producen exclusión persistente y movilidad social decreciente.
“La desigualdad no nos hace distintos. Nos hace distantes”.
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EL PICO EN EL OJO
Eufemística teoría chilena sobre el abuso político ejecutado a plena vista.
Hay expresiones populares que sobreviven porque contienen más verdad que muchos discursos oficiales. “Pico en el ojo”, parece apenas —un vulgarismo chileno— nacido entre sobremesas y rabias cotidianas. Pero detrás de la frase existe una precisión conceptual admirable.
En Chile, “pico” significa pene. Y ahí aparece la brutal claridad de la metáfora (figura literaria muy usada en estos días): una violación tan evidente que ocurre directamente sobre el órgano destinado a la visión. El abuso no sólo daña; también impide mirar. La víctima queda cegada mientras el atropello sucede frente a ella. Incómodo, sí. Pero extraordinariamente exacto para describir ciertas formas modernas de manipulación política.
Porque el verdadero “pico en el ojo” no consiste sólo en mentir. Eso sería demasiado básico. El nivel superior del engaño ocurre cuando la víctima presencia el abuso completo, lo justifica emocionalmente y después incluso lo defiende.
El gobierno de José Antonio Kast llegó prometiendo orden, seguridad, prosperidad y restauración moral, como si Chile fuera una teleserie decadente esperando el ingreso triunfal del héroe autoritario. Y muchos compraron el relato con candidez y un entusiasmo conmovedor.
La campaña fue impecable: enemigos claros, soluciones simples y una estética de firmeza paternal diseñada para seducir a una ciudadanía agotada. Porque el miedo, bien administrado, siempre ha sido más rentable que cualquier programa económico.
Y así ocurrió el milagro moderno: miles de personas terminaron apoyando medidas que los perjudicarían directamente. Hoy celebran restricciones, justifican abusos y defienden políticas donde el sacrificio recae sobre los mismos de siempre. Una hazaña comunicacional notable: convencer al pasajero de clase turista de que el problema del avión son quienes aún siguen en el aeropuerto.
Naturalmente, el “pico en el ojo” jamás se reconoce en tiempo real. Nadie despierta diciendo: “Hoy seré víctima de manipulación masiva”. No. Primero llega el relato heroico. Después la épica televisiva. Luego aparecen expertos explicando que el dolor social es necesario, patriótico y hasta moralmente saludable, y que por supuesto, toda responsabilidad recae sobre el gobierno anterior.
La víctima desarrolla una relación emocional con quien la perjudica. Algo similar a esas relaciones tóxicas donde alguien destruye tu autoestima mientras asegura hacerlo “por tu bien”, pero con banda presidencial y cadena nacional. Un símil al síndrome de Estocolmo.
Y cuando finalmente aparece la realidad —porque siempre aparece— comienza el festival de excusas: que no lo dejan gobernar, que la prensa exagera, que el desastre viene de antes. El chileno soporta muchas cosas, pero pocas veces admite rápido que le vieron la cara.
Entonces llega la revelación tardía: las promesas eran humo elegante, el discurso moral escondía intereses bastante terrenales y la seguridad prometida consistía básicamente en vivir con más miedo, pero televisado en alta definición.
Ahí el viejo dicho popular adquiere toda su profundidad sociológica. El “pico en el ojo” no era sólo vulgaridad gratuita. Era diagnóstico político resumido en cuatro palabras brutalmente honestas.
Chile tiene una relación histórica con los vendedores de salvación instantánea. Cambian los apellidos, los colores y los slogans, pero el mecanismo permanece intacto: alguien promete restaurar el paraíso perdido, una multitud suspende el pensamiento crítico y poco después la realidad reparte bofetadas.
Quizás por eso la expresión sigue tan vigente. Porque describe una época donde la manipulación ya no busca ocultarse, sino ejecutarse a plena vista, mientras la ciudadanía pierde lentamente la capacidad de distinguir entre liderazgo y simple abuso decorado con banderas.
Y cuando finalmente intenta abrir los ojos, descubre que el dicho popular llevaba razón desde el principio.
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